He tomado un lápiz y he arrancado una hoja de aquel viejo cuaderno[sí! otra vez], para escribir unas líneas...
To: Haru

Es curioso que a estas alturas vuelva a recurrir al portaminas y la hoja de papel, es curioso que cuando en realidad tengo la necesidad de escribir algo que va más allá de lo fantasioso que puedan tener las cosas que escribo me aleje casi por instinto de la máquina y prefiera dibujar líneas, unas detrás de otras, a tener que presionar las teclas negras en frente del monitor. Me pregunto la razón, puesto que siempre me quejo de tener que dar exámenes y prácticas sobre papel cuando ya no estoy acostumbrado a eso; y sin embargo, en él me refugio cuando comienzo a sentir que el teclado es frío y el monitor es opaco.

Hace un buen tiempo que estoy escribiendo sobre ti, pero quizás esta es la primera vez que lo escribo sin pensar en colocarlo en ese espacio que unas cuantas personas que no conozco visitan, sin pensar en poner las cosas perfectas, como yo las pienso, como quiero que sean; quizás por ello las palabras e imágenes que se me vienen a la mente mientras escribo ésto me dejan por momentos la mente en blanco, como si el tiempo se congelara.

Siempre he sido una persona que en muchos aspectos ha tenido mucha suerte, siempre las oportunidades me buscan sin que yo las haya buscado. Muchas veces me han dicho que es por capacidad aunque yo no creo eso, y es que siempre esas oportunidades son un proyecto, un trabajo o algo similar... sin embargo hace casi un año apareció la mejor oportunidad de todas... conocerte. Es cierto que al principio nunca hablábamos y siempre estábamos distantes, yo no soy una persona fácil para acercase... siempre distante... esa es la forma que estoy acostumbrado a hacer las cosas. Sin embargo, y en realidad sin saber bien el cómo, comenzamos a hablar, a conocernos... me di cuenta que tenías algunos gustos parecidos a los míos, además me di cuenta que eres una chica estudiosa, que se esfuerza... eso me encanta de ti.

Pasaban lo días y llegó una época que nos levantábamos muy temprano, creo que esos fueron los días en que comencé a enamorarme de ti, hablar antes de cumplir con mis deberes siempre me daba ánimo y hacía que los días pasaran tranquilos a pesar de lo cargado de mi horario. De un momento a otro, las pláticas de madrugada se convirtieron en caminatas de varios de noche... hablábamos menos, pero me seguía divirtiendo, sonriendo... cosa que muchos no creerían. Así fueron pasando los días hasta que esas caminatas terminaron siendo de a dos, aunque a veces con la compañía de la luna, como alguna vez lo resaltaste, a veces con un silencio incómodo, que hacía que mi mente se pierda en ese mundo creado por ti.

Así llegaron los días en que te comencé a esperar en aquel balcón improvisado, en que me daba felicidad aquellas pequeñas bromas que nos hacían en clases, en que me molestaba que mi cansancio hiciera que te preocuparas y hasta me regañaras... llegaron los días que comencé a pensar que tenía que decirte lo que pensaba... Pero, a pesar de haber cambiando un poco, sigo siendo una persona muy terca y obstinada, quería aquel momento que no existe en la realidad, quería que las cosas fueran como alguna vez tu lo describiste “como todos quieren, como debería ser, pero que no pasa en la realidad”. Es así que cada día que caminábamos con pasos sincronizados por aquella calle pequeña que da a la avenida grande dejé aquellas palabras guardadas en mi “caja”.

Finalmente traté de acercar ese momento lo más cercano a la realidad posible, pero tú lo negaste; es cierto, tenías un compromiso, pero mi mente no distingue momentos y simplemente como una máquina procesa las cosas y devuelve un resultado de manera lógica... simplemente no querías el momento... ese fue el resultado. Me hubiera encantado comer un par de waffles, tomar un café y decirte muchas cosas... pero no te quiero poner en una situación incómoda, porque seguramente eso es lo que está pasando... Se me han acabado las palabras e ideas, mi mano se ha cansado y ya no tiene ganas de seguir escribiendo al menos hasta que te vuelva a ver, porque si de algo estoy seguro, es que a pesar que no quiera, cada vez que te vea sonreír, sonreiré y cada vez que caminemos juntos seré feliz, cada vez que nos encontremos tendré ganas de tomar un lápiz y escribir líneas para ti.
Hiro






