Caminábamos bajo una llovizna sin sentido, acá no lloviznaba así nunca. “Me ahogo”. Una frase tan tierna en un día de lluvia que no pude evitar enamorarme por enésima vez de Mimi. Se cubría el rostro con su antebrazo para evitar el fuerte viento. La abracé un momento deteniéndome frente a ella y limpié sus anteojos. Ella limpiaba los míos también. No decíamos nada, solo escuchábamos el fuerte viento y la lluvia golpeándonos por todos lados. Estábamos al pie del Faro.

Antes que Mimi se fuera de viaje, fuimos a dar un paseo. Aún había un clima cálido y poco viento, así como nos gusta también. Obviamente en ese momento yo me moría de ansiedad por su viaje y aún daba vueltas en mi cabeza ese tema anterior. Aún así, ella mantenía la calma y disfrutaba de los silencios cómodos que había entre nosotros. ¿Es que acaso se callaba para escuchar mejor mis pensamientos? A veces, no, la mayoría del tiempo es fácil enterarse de mis pensamientos. Son simples (simplones), infantiles, egocéntricos pero sinceros. Al fin y al cabo, soy muy predecible. Y eso me irrita.
Entonces, muchos meses después volvimos al Faro y, si bien ahora lloviznaba y hacía mucho viento, no sentíamos frío alguno. Recordaba cómo se siente la calidez de la persona más especial y me aferraba a su mirada inocente y su cabello despeinado. Recordé lo que un abrazo es porque nos abrazamos hablando telepáticamente por horas. Sé que sonreía cuando abrigaba su nariz helada en mi cuello. Creo que… estaba recordando cómo se siente cuando simplemente todo está bien. Todo está perfecto, como siempre tiene que ser. Sentía esas cosquillas asesinas en el estómago. ¿Eh?
- …
- ¿Hm? ¿Qué pasa?
- Mimi…
- Dime…
- Yo…
- ¿Sí?
- Helado…
- ¿Quieres un helado? ¿O estás helado?
- Quiero.
- Yo también.
Helado de vainilla. Tomó mi mano y me empezó a llevar como si fuera un niño pequeño que necesita ser engreído frecuentemente. Ese soy yo cuando no estoy engriendo a Mimi. Ella sabe lo sencillo que es hacerme sonreír. Y no es comprarme helado, es mirarme con esos ojos, tomar mi mano firmemente y hacerme andar a su lado. Mimi sabe que yo soy feliz solo cuando pienso en un mundo en donde estemos solo ella y yo. Mimi sabe que es perfecta para mí porque ella también busca eso. ¿Es un sueño? ¿Es una broma? OK, ¿donde está la cámara escondida? Para mí, no existe la mujer perfecta. Para mí, solo existe la chica que desea con toda su alma tomar mi mano y llevarme donde sea que podamos encontrar una sonrisa solo para nosotros dos. No existe la chica perfecta; existe la chica perfecta para mí.

Miré su expresión y fue exactamente como yo imaginé que sería. Primero movía un poco sus labios, se convertían en sonrisa muy poco a poco hasta que brotaban risas desde adentro. Finalmente carcajadas. Volteó a mirarme con las cejas en forma condescendiente y empezamos a reírnos mucho, demasiado. Y es que en cada momento yo me doy cuenta lo feliz que Mimi y yo somos. Aún cuando ella se vaya de viaje nueve meses, o cuando hace un frío ártico o cuando la heladería está cerrada. Nos reímos un buen rato, juntos, abrazados y nuestros ojos se decían “te amo”. Si tomamos el bus, en treinta minutos podríamos encontrar otra heladería. Es feriado. Probemos nuestra suerte. Si estoy contigo, no importa que el mundo llegue a su fin.









