Diálogo en la terraza 7: Llovizna de bienvenida

Llovía. Llovía poquito. La primera lluvia del año es como un primer día de clases: la emoción es incontrolable pero llena de una melancolía que hace sonreír. La ciudad gris se pone más gris y las cosquillas en la cara las sienten también las casas, las pistas, las veredas y las tiendas. Todos miran hacia arriba por un momento, entrecerrando los ojos y sonriendo solo con los labios. Los ojos permanecen perdidos, tal vez, en una memoria de niñez o en un primer beso o en un luto eterno de un amor perdido pero que dura para siempre.

Llueve

“Mira un momento, a través de mis ojos, el mar aburrido que viene y va eternamente. Mira las olas. Cada siete olas viene una grande, capaz de revolcarte y estamparte en la arena, arañando tus mejillas. Vamos al mar. Quiero verte hablar sola, juntando tus manos, entrelazando tus propios dedos debajo de tus labios, con los ojos cerrados, enamorarme por enésima vez de tu figura y siempre estar viviendo con aquél sentimiento que he tenido desde el principio, así, como si sintiera que tengo que alcanzarte, estirando mi mano para tocar tu hombro. Da la vuelta, mírame”

Mira allá. Llueve en el mar desde las cuatro de la tarde. La arena olvidada por el mar está mojándose hoy y estará recordando lo que se siente purificarse de nuevo. ¿Llovió donde fuiste? Apuesto a que no pero se que lo esperabas en las madrugadas mientras dibujabas en tu sketchbook. Tuviste suerte de tener una ventana amplia a través de la cual podías ver el paisaje. Vine aquí a la terraza un par de veces cuando no estuviste y me hizo recordar a cuando nos conocimos pues no llovía, era como si el cielo contuviera la respiración esperando el clímax de una historia de amor que recién comienza.

“Déjame dibujar tu sonrisa pues es lo único que no he dibujado hasta el día de hoy. Quiero que veas cómo se ve a través de mis ojos. Colócate donde la lluvia caiga para que sea el fondo. Quiero intentar dibujar nuestro beso con los ojos fuertemente cerrados, acercándote a mi lo más que pueda, quiero dibujar cómo se siento los latidos de tu corazón sobre mi pecho. Dibuja conmigo todas las palabras que quieras decirme que yo las escucharé con mis manos y mis colores.”

Mimi llegó después de nueve meses de viaje y nos reunimos en la terraza. Una llovizna muy fina como cosquilleos en el rostro caía en nuestro reencuentro. Casi no nos dijimos nada durante tres horas solo nos aferramos el uno al otro como si hubiera pasado miles de años pero nada había cambiado, ella era la misma, yo era el mismo también. Hicimos una promesa ese día: pase lo que pase, esa fecha (día y mes) nos reuniríamos a dibujar y escribir juntos porque lo más probable es que por esas fechas caiga la primera llovizna del año.

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Comentarios

Daniela escribió:

Hola!! Te escribo desde acá porque fue una de las entradas que más me gustó, pero llegué a tu blog buscando info de Younha y encontré mucho más xD. Me ha gustado mucho la historia de "La persona para mí" y los cuentos y relatos, me pasa que me quedo como con una sensación de felicidad al leer lo que expresas, como con un sabor dulce....mmmm como explicarlo... es como cuando disfrutas un chocolate, sí, eso: leerte es como comer chocolate!!!
Así que por favor no dejes de escribir

un beso

bye bye
lunes 17 agosto 00:58

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