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Hoy es el día del maestro... Un día lleno de saludos y abrazos. Empiezo, mejor ahora que es temprano. Felicidades para los maestros experimentados como para los novicios. Felicidades para los profesores universitarios como para las maestras de inicial. Felicidades a los estudiantes de educación que eligen una carrera que además de desprestigiada, pocos eligen. Felicidades a los maestros que tuve en algún momento de mi vida y de quienes aún guardo gratos recuerdos.

No hay mejor día para retomar el trabajo bloggero que hoy, día del maestro... Un mes de silencio es suficiente.

A propósito de este día, Constantino Carvallo escribió un artículo muy interesante y que describe muy bien el sentir de muchos maestros -sobre todo en este día-, se titula Lleva el maestro una herida. Estas son las primeras líneas...

¿Qué hace el maestro para merecer que se le asigne un día? ¿No es acaso que, como el oficinista o la casera, solo cumple su jornada y ejerce su deber para ganarse el pan? ¿No recibe un salario a cambio de su esfuerzo? ¿No tiene acaso largas vacaciones y su seguro social? ¿Tendríamos que tener un día del abogado y otro para el albañil o el químico farmacéutico? No parece existir una razón suficiente para consagrar 24 horas a celebrar su oficio. O quizá sí. Tal vez exista algo más allá de las tizas y las aulas, de los programas y de los registros. Algo que no se encuentra simplemente en la voz que dicta ni en los conocimientos transmitidos, tampoco en la didáctica, el currículum o la estrategia que captura la atención e invita al saber. Que no se aprecia en ese entrar y salir con apuro de las clases, cargando decenas de cuadernos, una mota, unos mapas, acaso un compás.

¡Buen día!