Ratita
Llevando a los niños al colegio escuché esta conversación entre (P) y (C), ambos de 6 años, que se disparó luego de que le pregunté a la niña (C) en que trabajaba su papá:

Yo: ¿En qué trabaja tu papá? ¿Sabes?
C: No sé.... Pero antes era guardaespalda
P: ¿Qué es guardaespalda?
Yo: Alguien que cuida a otra persona. Por ejemplo, a los presidentes, para que no les hagan daño. Por eso se llama guardaespaldas, porque están atrás de la persona cuidando que nadie se le acerce por la espalda y la golpeé o le robe...
P: Ah....
C: sí, y mi papá tenía pistola cuando era guardaespalda!!!
P: ¿si?
C: ¡si!!!!
P: ¿y para qué tenía pistola?
C: Para matar a los ladrones!! para matar a todos los malos
P: Eso está mal....
C: No
P:
C: No
P: sí, está mal, porque los ladrones también tienen derecho a vivir.... ¿no es cierto mamá? tienen derecho a vivir...

Creo que esta anécdota refleja un punto muy importante: si bien un niño de 6 años no tiene una representación del derecho a la vida como la tenemos los adultos, sí logra tener intuiciones que construye a partir de lo que le dicen sus seres significativos. Lo que oye de manera formal (en la escuela, como parte del curriculo) pero también y sobretodo de manera informal, en las conversaciones coloquiales que se tienen en casa por ejemplo, influye decisivamente en las primeras configuraciones sobre lo bueno y lo malo, las que quedan "grabadas" en la memoria remota para permitir reflexiones más profundas sobre ellas conforme los niños van desarrollando mayores capacidades cognitivas. Importante entonces conversar con los niños de temas sensibles... en algún lugar de la memoria quedan esas conversaciones, las que forman la materia prima para los juicios morales presentes y futuros.