- ¿Eh? Pero yo quiero un “espacio especial” – engreído como siempre.
Kari, aparte de ser hermosa, inteligente y llena de vida, es una chica tenaz. En la final de la competencia se lesionó la muñeca derecha pero se quedó callada y se las arregló para esconder su intenso dolor en algún lado y ganar el campeonato. Luego que nos dimos cuenta que cargaba su copa con una sola mano, la acompañamos a los camerinos, la entrenadora la ayudó a cambiarse y luego, en la clínica, le decían “fisura” o algo así. Así que campeona nacional de Judo, de frente a casa y descanso médico de cuatro semanas.

- Bah, esto no es nada, he tenido lesiones peores. – miraba el yeso con indiferencia.
- Pues, a mí también me parece una “herida de guerra” de rutina.
- Ustedes y sus artes marciales inútiles. – Yuki, ¿estaba celoso?
- Jaja, ¿tienes miedo? – Kari lo señalaba en la cara.
- ¿De ti? Pues… un poco. – empezaba lo de todos los días.
Kari y Yuki nunca discutían, más bien intentaban competir en quién veía la vida de manera más relajada. Yo, por mi parte, nunca decía nada, solo los escuchaba, como un anciano que se sienta a escuchar el viento que no trae novedad. Miraba por la ventana con sus risas como fondo musical. Veía un avión pasar lento arriba, muy arriba de nosotros. Ah. Extrañaba mi tipo de conversación pausada y mucho más romántica. Cursi, muy cursi, de verdad, pero así nos gustaba a Mimi y a mí. Apúrate y regresa de una vez. Yo cada día entiendo menos a las chicas de ahora; siempre en el mejor momento optan por irse de viaje. “Es un curso importante de dibujo que siempre quise llevar”. Al menos tengo a estos dos para que el tiempo no se pase tan lento, como cuando me pongo en esa situación tan molestosa de sentir que realmente estoy esperando. Detesto esperar pero cuando lo tengo que hacer, pues soy paciente. En realidad, solo espero cuando tengo la seguridad que esperar vale la pena.
- Hey, ¿has hablado con Mimi? – Yuki me trajo a la Tierra.
- ¿Eh? Ah, sí, sí. Está bien, va a regresar pronto y le ha ido genial en el curso. – sentí que la extrañaba más que nunca.
- Estoy segura que ansía mucho volver. ¿A quién crees que extrañará más? – Kari me sonreía como tonta.
- Pues a su panda, de todas maneras. – Yuki se refería al peluche que le regalé hacía seis meses.
- Yo creo que la comida, la comida. – Kari negaba con el dedo.
Extrañar a una persona es un torbellino agridulce de sentimientos. No hay ilusión más grande que anhelar a una persona pero no hay desilusión más grande que no tenerla al lado en los momentos más preciosos. Yo extrañaba demasiado a Mimi. Durante la semana, visitaba a sus padres y me quedaba con ellos a tomar el té o a ayudarles con las video-llamadas que hacían cada semana. “El tiempo se pasa volando” me decía Mamá con una sonrisa esperanzadora y Papá me decía que en vez de esperar, mi deber era ir donde estaba ella. La primera vez que me lo dijo, mis ojos se abrieron muchísimo. Nunca lo había pensado pero lo hice cuando me miré a mí mismo en el espejo del baño luego de lavar mi cara. “No tengo nada que ofrecerte” fue la frase que se me pasó por la cabeza. No quería viajar, no quería llevar un curso más, no quería nada más que pasar mis días con Mimi. Ah… es verdad… no tengo ninguna ambición más que la de pasar mis días…

- ¿Estás bien? – Kari apoyó su muñeca rota en mi hombro. Yuki estaba dormido en el sofá.
- S-sí… - mentira…
- Ya volverá…
- No es eso…
- ¿Entonces? – Kari se sentó a mi lado, miramos la ventana.
Miré su brazo roto de reojo. Le hice algunas preguntas pero no me respondió.
“¿Qué pasaría si tu brazo se queda roto para siempre? No podrías hacer lo que más te gusta nunca más. ¿Podrías aceptar vivir así el resto de tu vida? Si Yuki fuese un campeón como tú, ¿cómo te sentirías ante él?...”
“¿Sentirías que en algún momento él querrá buscar alguien igual a él?”
“¿Qué pasaría si tú no le pudieras ofrecer nada más que una sonrisa sincera?”
- Si fuera la sonrisa de Kari, me bastaría. – Yuki se había despertado y respondió sin mirarme – y estoy seguro que Mimi sentiría lo mismo por ti.
No sonreí porque no quería escuchar una línea tan típicamente positiva de algún anime. Abrí la puerta y me fui. Perdón, Kari, arruiné tu celebración. ¿Por qué soy tan inseguro a veces? ¿Por qué tengo miedo? No es típico de mí. Tengo que confesarlo: temo el futuro. Quisiera, realmente, que esté escrito y leerlo en algún lado. Si no me gustara, arrancaría las páginas y me escribo otro. Pero… la incertidumbre… no quiero… no quiero tener que empezar de cero…







algo que siempre me ha parecido curioso es que cuando entro a tu blog la ultima historia siempre se relaciona de alguno u otra forma con lo que me esta sucediendo...
Sigue así. Por favor Taka... necesito de tus relatos n__n