“Yo no dije nada”

En cuanto nos enteramos que el avión nunca despegaría y que tendríamos que pasar una noche más en aquél lugar (todo pagado por la aerolínea, obviamente), saltamos de emoción. Ah, ese aroma a aeropuerto amigable nos encantaba. Si bien no hay nada como el hogar, aquél sentimiento de “¡Excelente! ¡La aventura continúa!” era insuperable. No eran vacaciones propiamente dichas, digamos que nos escapamos. Nos escapamos de la rutina, de la ciudad gris donde vivimos. Nos dimos un respiro, una recompensa y un beso en la fontana. Fotos. Fotos más. Así, cuando nos sucedían cosas inesperadas, era lo mejor.

Una hermosa semana

- Creo que podremos ir a la fontana nuevamente, era hermosa, tan romántica.
- Sí, además, me sorprendió la cantidad enorme de monedas.
- Tú siempre pensando en dinero. – me daba palmaditas en el hombro, negando con la cabeza.
- A veces, sí. Pero, dime, qué te parece si tomamos un taxi de una vez.
- Hmm. Hay que esperar que la aerolínea tramite algo, creo.
- Está bien. Te invito un café.
- Perfecto.

Afuera llovía muchísimo y el aroma de ese momento purificaba nuestros pulmones y nuestras almas. Quién diría que después de tanto tiempo lograríamos viajar a aquél lugar tan ansiado. Al parecer, luego de la rápida lluvia estaría despejado, así que tomar el sol juntos y de la mano luego del desayuno sería lo mejor. Conversamos de años anteriores, de cosas graciosas y hasta revisamos las fotos que habíamos tomado, como si ya estuviéramos en casa. Y, por un momento pensé que sería genial pasar la vida entera así. Luego, mientras miraba su sonrisa criminal, concluí en que no, no sería genial pasar toda la vida así; no tendríamos de qué escapar ni de qué tener vacaciones.

- ¿Tragos desde las once de la mañana? – me vio tomar la carta de tragos mientras estaba sentado al borde de la piscina.
- Hmm, sí, algo dulce luego del desayuno. Mira que solo aquí tendremos este tipo de mediodías.
- Entonces pídeme algo de lo que te pidas tú.
- Perfecto. – la miré mientras ella no me miraba – Estás hermosa.
- Ay.
- ¿Puedo darte un beso?
- ¿Puedo darte yo uno?

La mañana pasaba rápido y lamentamos habernos quedado dormidos un par de horas. No nos echamos la culpa, solo nos reímos con cierta melancolía. Hacia la tarde, luego de un maravilloso sunset fuimos al restaurant a comer algo. El día extra gratuito y veloz había renovado nuestras buenas vibras. Adiós, ahorros para la vejez, pero de eso se trata y se tratará siempre. La gente ahorra para momentos preciosos e inolvidables. La noche llegó rápido y decidimos escapar hacia la playa. Compramos seis cervezas, tomamos las linternas y nos fuimos. Hacía calor y encontramos algo así como una cueva. No la habíamos notado antes. Entramos a buscar oro y algún esqueleto.

- Hey, no digas nada, el eco hace que me muera de miedo.
- ¿Eh? Yo no he dicho nada.
- ¡Deja las bromas! – su voz se quebró.
- En serio, yo no fui. Seguro fue algún fantasma.
- ¡Vámonos ya!
- ¿Por qué? ¿Nunca has visto uno?
- ¡Claro que no! – ojos llorosos.
- Es tu oportunidad entonces. – tomé su mano y avancé sin precaución.

Pues, no sé qué habrá sucedido, pero no esperaba caernos, jugar en la arena, reír, besarnos y ver esa lucecita blanca. Me quedé mudo. Ella me exprimió el brazo pero dio un paso adelante y otro y otro y nos encontramos trotando hacia la lucecita blanca. Llegamos y se desvaneció. Pateamos la arena. No veíamos nada más de donde la luz de las linternas alumbraba. Tomé un gran sorbo de una cerveza. Ella me quitó la botella y tomó cerca de siete tragos. No sé porqué, tal vez porque hemos visto demasiadas películas, empezamos a cavar rápidamente. ¡Una caja de madera! La abrimos, no salió ni un viento mágico ni un sonido sordo ni nada, simplemente había un anillo ahí. Ella se lo puso. No dijimos nada, pero sentí que nos miramos en la oscuridad. Nos fuimos al hotel.

- ¡Qué mie-do! – ella estaba realmente emocionada.
- Eso se lo vamos a contar a nuestros hijos, nietos, sobrinos, etc.
- Obvio. Pero mira esta belleza. – miraba su dedo y el anillo.
- Es hermoso, ¿cuánto tiempo tendrá ahí?
- Cientos de años tal vez. Tal vez cincuenta, quién sabe.
- ¿Y la luz? – yo quería volver.
- El espíritu de la doncella que esperó a su amado por muchos años, sin saber que éste había perecido en su regreso a ella. – sí, hemos visto muchas películas.

Abrimos la puerta del departamento. En casa luego de un vuelo larguísimo. Nos besamos. “¡Qué aventura!”. Sí, pero la próxima semana de vuelta al trabajo y al ahorro para el próximo año. Hablábamos a la distancia, yo en el cuarto y ella en la cocina. Tenía que contestar muchos mails y ella se ofreció a hacer unos sandwichs con algo que compramos antes de llegar. El olor de la casa luego de una semana de no estar ahí era especial.

- ¿Dijiste algo? No te escuché bien por la licuadora. – gritábamos a media voz.
- No, yo n-
- ¿Qué? Perdón, voy a apagar esto. – sentí sus pasos acercándose al dormitorio.
- Yo no dije nada… En serio.
- No es gracioso.

Miramos el anillo, nada pasó, nada sucedió, nada sonó. Nos miramos e intentamos reírnos. Desempacamos todo lentamente y sin decirnos muchas cosas. Puse música para que no haya silencio. No revisamos las fotos de nuevo. En serio, queríamos dormir para que sea de día de nuevo, lo más pronto posible. Nos metimos a la cama, al principio nos acurrucamos pero, inevitablemente, nos separamos y solo nos tomamos de la mano. Pusimos cara de aburridos mirando el techo.

No pudimos dormir nada esa noche, mirando una lucecita blanca levitar sobre nosotros.

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Comentarios

volk escribió:

jajaja que buena historia!!
martes 23 junio 11:34

dtakaezu escribió:

Gracias volk!
miércoles 24 junio 17:27

eka escribió:

suspenso... wow me gustan las historias asi.. siempre kiero saber q pasaraaa je
jueves 09 julio 16:43

Veronica escribió:

me encanta tu blog ^^
miércoles 15 julio 19:49

dtakaezu escribió:

Gracias!!!
miércoles 15 julio 22:42

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