- Tengo algo que decirt…
- Creo que no tengo nada que escuchar de ti. Te he olvidado. Ya no me haces daño, así que no tienes “motivo” para estar en mi presencia. – eso fue algo duro, me sentí genial.
Ella no me miraba a los ojos y eso me hizo notarla más. Parte de mí, durante unos años, había ansiado ese momento. Había saboreado en mis fantasías esa satisfacción inigualable de ver a una persona altanera y soberbia como Yuna arrepentirse de sus pecados, de los pecados que yo sufrí, de que se arrodille a recoger los pedacitos de mi corazón. Al principio, pude saborear esa sensación cada segundo, pero conforme yo iba callando sus intentos de comunicación, me iba convirtiendo en todo aquello que odio. Y me sentí genial por un minuto más.

“No es venganza; es castigo” escuché en la película “The Punisher”. Es mejor. Una venganza se termina cuando el ojo por ojo, diente por diente se realiza. Y la motivación para vivir se desvanece en ese instante. En cambio, un castigo es más satisfactorio, pues luego del ojo por ojo, diente por diente, la contraparte tiene que emprender el duro y sufrido camino del crecimiento y del aprendizaje. La mayoría de personas que se hacen acreedoras a un castigo son sumamente inmaduras, por lo que presenciar esa lucha interna es placentera y se extiende por mucho tiempo, hasta que uno se da cuenta que la verdadera motivación tras el castigo era ver que esa persona recapacite y salga del hoyo psicológico en el que se encontraba… y no haga daño a otras personas. Sí, había elaborado esto hace mucho tiempo.
- Por favor, necesito que me escuches… - Yuna se mantenía paciente.
- Debe ser algo más que un “lo siento” para haber venido hasta aquí – ya no la miraba a los ojos, ya no era gracioso.
- Sí… Entonces, ¿me escucharás?
- Sí, pero te advierto que nada de lo que digas cambiará lo que pienso de ti ni las razones por las cuales todo terminó como terminó.
- Lo sé, solo quiero que me escuches nada más, luego me iré.
Lo último que dijo realmente captó mi total atención.
Propuse irnos de la Terraza, no quería recordarla ahí, es un lugar sagrado. Caminamos sin rumbo un momento. No importa dónde miraba, solo veía lugares y cosas que había visto con ella a mi lado. Cada paso, cada acera, cada casa me hacía acordar a ella y a los tiempos de antes, esos que había olvidado sin problemas. Empecé a irritarme y ya quería terminar con todo ese drama. Detesto los dramas y a las personas que hacen dramas. Muchas veces, los dramas hacen que pierda la paciencia y destapan lo incoherente que puedo pretender ser solo para huir y no tener que soportar una “plática” acerca de razones y sacadas en cara inservibles. Ni me interesa que me echen la culpa. Ocurre seguido. Quién podría soportar semejante frialdad. No me interesa.
- Ok. Dímelo, por favor – ya no ponía mala cara, realmente quería oírla.
- ¿Me escucharás? – no estaba siendo molesta, quería estar segura, lo ví en sus ojos.
- Sí, lo prometo, y con buena disposición - ¿acaso sonreí?

“Me estoy mudando para siempre. Solo quería que me perdones, pues si algo dejo aquí es tu recuerdo. Sé que me perdonarás, aparte que me hayas olvidado para bien, porque sabes que cuando todo terminó éramos… era una niña estúpida. Me hiciste falta, pero no había marcha atrás. Aprendí a la mala. Perdí algo que nunca debió morir. Sin embargo, ahora me voy yo. Tengo que decirte “gracias” por todos los momentos. Es posible que en algún momento en el futuro nos encontremos de nuevo, o te llame apenas sepa dónde estaré definitivamente. Aún así, sé que te irá bien.”.
Ella se quedó callada, no me miraba a los ojos ya. Había dicho lo que tenía que decir, me imaginé que lo hizo porque, en el fondo, quería que le dijera “quédate” como las veces anteriores. Soy débil. Soy fácil. Me lo dicen a menudo. Pero, no más.
- Que seas muy feliz. – le hice “byebye” con la mano y la historia continuó.
Me sorprendió el no tener nada que decirle, pero era verdad. Hacía mucho tiempo que me había dicho a mí mismo “hay que hacer las cosas simples”. Pero no solo me lo dije, sino que realmente fue una convicción. Fue por eso que el episodio de Yuna pudo ser cerrado para siempre. Escuché el sonido de un avión y miré al cielo mientras dejaba a Yuna atrás. “Mimi”, pensé. Vuelve. Mi alma es solo de ti y hoy lo comprobé.










Abrazos!!!