
El solía comprar café para llevar y caminar despacio dándole vueltas a sus pensamientos. Le gustaba mirar las pocas casas bonitas que quedan en la ciudad. Le gustaban los días fríos y el viento fresco de la orilla del mar. Sus días pasaban lentos y bastante monótonos. Se imaginaba mucho vivir en un lugar tranquilo, con poco tránsito. Encontrar tal vez alguien interesante, tranquila, con solo ganas de pasar las tardes en el sofá o en la cama, viendo películas o cortos acurrucados toda la tarde. Seguir trabajando donde estaba trabajando y divertirse uno que otro fin de semana. Hacer regalos, dar sorpresas, qué va. En su mirada había cierta esperanza de que algún día tuviera todo eso.
Ella disfrutaba sus últimos días de universidad. Tenía muchos amigos y amigas, siempre estaba rodeada de personas. Sin embargo, ansiaba encontrar alguien con quien pasar los días de tal manera que pareciera que el tiempo no pasa, y es que el día se hace corto cuando se está en últimos ciclos de universidad. Soñaba en secreto con alguien que sepa lo que siente o necesita sin tener que decírselo. Alguien que no tema decirle las cosas que pasan por su cabeza. Ella buscaba frases en las fotografías de la ciudad que le gustaba tomar con su cámara digital. Se imaginaba alguien con el que pudiera pasar las tardes en el sofá o en la cama, viendo sus fotos o películas o cortos acurrucados toda la tarde. Alguien que juegue con su cabello, así como hacía ella misma antes de dormir, sonriéndole a la oscuridad. En su mirada había cierta esperanza de que algún día tuviera todo eso.
Hay veces, realmente muy pocas veces, cuando el destino te acerca a lo que más sueñas.
Las tiendas estaban abarrotadas de gente ese día de Junio. Era un poco extraño realmente. El día de pago estaba lejos. El solo fue a mirar qué había de nuevo. Ella había recorrido ya tres tiendas sin encontrar la bufanda perfecta. La tarde estaba lejos de terminar. El pensaba que, tan solo tal vez, en medio de la gente podría haber una persona como la que él soñaba. Ella miraba la gente pasar mientras descansaba un momento en los asientos de la parte de los zapatos. Le dolían los pies. A él le dolía la cabeza así que optó por, mejor, volver a casa. Bajó las escaleras eléctricas. Ella pensó que fue un desperdicio de día. Se paró y caminó hacia la salida. Las promotoras ofrecían perfumes y maquillaje. Los promotores ofrecían últimos modelos de celular. Y, cerca de la salida, en la montaña de bufandas, ella vio una que podría ser del color que ella buscaba. La vio de lejos. Incrédula, empezó a caminar. Se distrajo con el aroma de un perfume que le encantó, pero no lo compró.

Hay veces, realmente muy pocas veces, cuando el destino te acerca a lo que más sueñas.
Caminó a la montaña de bufandas y había un chico ahí. Tenía en la mano la bufanda que ella había visto de lejos. Tan solo la sostenía mientras la miraba. Tal vez le hacía acordar a algo, eso parecía al menos. Se colocó a su lado y buscó en toda la montaña de bufandas y no encontró una igual. El seguía hipnotizado en la bufanda café a cuadros. Ella lo miró. El la miró a ella. Sonrieron. Él le ofreció la bufanda muy amablemente. Ella se negó. Se quedaron mirando un momento. Sonrieron. Era de noche ya. Era Junio. El compró la bufanda. Ella se marchó. El llegó a su casa, prendió la luz, se dejó caer en la cama. Ella llegó a casa, sonó su celular. Era su mejor amiga. Hablaron. El se imaginó a alguien a su lado, abrazó la almohada. Ella se imaginó a alguien a su lado, inclinó la cabeza sobre el sofá carmesí. Ella quiso realmente aquella bufanda, pero él tenía todo el derecho de comprarla. Se quedaron dormidos. Mañana será otro día.
Hay veces, realmente muy pocas veces, cuando el destino te acerca a lo que más sueñas. Pero eso nunca será suficiente.







