Había tenido una seguidilla de días pesados y cansados, mi ojos me suplicaban que los cierre, mi estómago me pedía que lo alimente y mis piernas pedían descaso... dormir poco, no tener tiempo de almorzar y tener que ir de un lado a otro, eran las razones que hacían que mi cuerpo se debilitara y mi mente cuestione, una vez más, el motivo de tal sacrificio. Con ese ánimo fui a clases, con ese mismo ánimo una vez en el salón me puse a terminar algunos “task” urgentes que tenía que terminar. ¿Porqué hago tanto? me comenzaba a preguntar... Mientras mi mente divagaba en esos aspectos, sentí que alguien entraba al salón y respondía aquella pregunta que me había hecho hace unos instantes.

Sonreí ligeramente. En ese momento mis ojos dejaron de quejarse, porque te estaban viendo, y el cansancio que tenía desaparecía poco a poco, aquella pregunta se respondía sola con tu presencia, con tu sonrisa. Y es que es muy simple todo esto, que tanto me cuestiono, y no necesito palabras elaboradas para describirlo, no necesito “filosofar” para entenderlo, simplemente yo hago todo lo que hago, por una simple razón... el hacer posible que ese día pueda ir a clases, que ese día te sientes a mi lado, que ese día crucemos miradas de forma graciosa... que conviertas ese día pesado en uno agradable, feliz, perfecto... que pueda guardarlo en mi mente y así no extrañarte los días que no te veo.

“Empecemos”... escuché de repente y desperté de ese trance en el que había entrado. La clase había comenzado. Quizás ésta es la parte que menos disfruto de aquellos momentos, ser bombardeado de palabras que no entiendo, textos que no reconozco y darme cuenta del bajo nivel que tengo, son cosas que me llenan de desesperación, que me hacen pasar situaciones a las que usualmente no estoy acostumbrado y que me molestan al no tener más tiempo para evitarlas. “Terminamos”, era la frase que estaba esperando. Salí del salón.

Mientras te esperaba en ese balcón casi improvisado elevado por una escalera de caracol, me puse a pensar en lo que había ocurrido en la clase, algo extraña la situación había sido y me preguntaba, si tan solo, aquella situación que nos involucraba se debía a que poco a poco se ha vuelto más evidente lo que siento, lo que pienso. Me pregunto desde cuando ya no me veo como una persona centrada y hasta cierto punto fría, será porque eres una persona cálida? Me pregunto si he llegado al punto donde aquello es tan evidente que ya te has dado cuenta que las estas líneas te las escribo a ti, que estas líneas son escritas por mi, que estas líneas describen lo que siento por ti., me pregunto... “Nos vamos” escuché, interrumpiendo el remolino de preguntas que me estaba haciendo. “Vamos” te respondí, y comenzó otra vez la escena que se repite tantas veces cuya frase final alguna vez haré realidad...






