10/06/09: Breve comentario sobre el problema de Bagua y sus raíces

Lo que quiero comentar ahora, simplemente, es la relación que veo entre lo que pasa en nuestro país y las experiencias que tienen muchos niños y niñas -los adultos del mañana- en los diferentes lugares en los que se educan y socializan, principalmente al interior de sus familias y en la escuela.
La toma de conciencia sobre el otro, el descentramiento (dejar la perspectiva egocéntrica y ver las cosas desde el punto de vista de otra persona) y el respeto mutuo (sincero, genuino) hacia los demás no aparecen de la noche a la mañana. Por el contrario, requieren de un largo proceso de construcción, y de un entorno social que facilite tal proceso. Uno de los problemas centrales del desarrollo social es la coordinación de los valores, la cooperación, a la que Piaget entendía como una co-operación, un modo de operar entre todos, colectivamente, articulando medios y finalidades. ¿Pero cómo llega el niño a coordinar sus valoraciones con las de otro individuo, de modo que pueda cooperar con él dejando de lado su perspectiva egocéntrica y sin agredirlo? Sin una socialización que ofrezca a los niños múltiples oportunidades para articular puntos de vista y "estar" con los otros -en el sentido más amplio del término, lo que implica dimensiones cognitivas y afectivas- esto no resulta posible. Experiencias de constante privilegio en las que no aparece nunca, o lo hace insuficientemente, la necesidad de coordinar las propias perspectivas con las de las demás personas, de ponerse en el lugar del otro y ceder los propios deseos frente a los de alguien más, de argumentar frente a otros haciendo explícitas las ideas propias y tomando en serio las de los demás son nefastas para este proceso de construcción y lo limitan tremendamente.
Ejemplos tengo muchos. He visto a padres de familia decirles abiertamente a sus hijos que tienen el derecho de maltratar a las personas que trabajan para ellos. "A ese cholo tú le pagas", oí alguna vez que le decía un hombre a su hija, alentándola a no hacerle caso al chofer del bus escolar que la trasladaba si este por alguna razón le pedía que no hiciera ruidos molestos o que bajara los pies del respaldar del asiento de adelante. Conozco maestras que pueden quedarse mirando a dos niños que se golpean sin hacer ni decir nada, asumiendo que se trata de un juego de niños sobre el que es mejor no intervenir, y padres que incitan a sus hijos a devolver los golpes recibidos, ("si te pegan, pégale tú también, patealo más fuerte", dicen), propiciando violencia e instaurando en sus hijos la idea de que la mejor manera de resolver los conflictos es la agresión.
Muchos adultos no ayudan nunca a los niños a reconocer las consecuencias de sus acciones para las demás personas, y pasan por alto conductas que deberían ser inaceptables sin señalarles cómo esos comportamientos dañan a los otros. De este modo, mantienen en los niños la falsa creencia de que ellos pueden hacer lo que deseen en el mundo, que su conducta es inocua y que no es su responsabilidad el preocuparse de cómo sus comportamientos afectan a los demás.
La primera construcción social que hace un niño respecto a otro es sobre lo evidente: se fija en la diferencia, no en la similitud. Encontrar las diferencias en los otros es sencillo, y los niños suelen ser expertos en esta tarea: saben quien es negro, gordo, torpe, rubio, alto o con anteojos, y muchas veces actuan en consecuencia rechazando a unos y otros en base a cualquiera de estas características. Recuerdo a un niño de 3 años al que se le pidió que le diera la mano a una niña de su aula más morena que él, que se negó a hacerlo diciendo que ella era "negra" y que por eso no era su pareja y no la quería tocar (y aprovechó además para afirmar que no la quería invitar a su cumpleaños por tener piel oscura). ¿Cuántos padres y maestros permiten comentarios de ese tipo sin reaccionar? ¿Y cuántos otros son los que combaten estas ideas cada que aparecen, haciendo notar que no son deseables y que no hacen felices a los niños que las reciben?.
Ver las diferencias en el otro es fácil, porque ellas están allí y saltan a la vista. Lo dificil es construir, a pesar de nuestra diversidad, una imagen de lo que tenemos en común como seres humanos, lo que es una abstracción muy compleja para la que los niños necesitan de mucha guía y ayuda. En este sentido puede decirse que lo natural es ser "racista" y discriminador porque las diferencias entre unos y otros son visibles, y que no serlo requiere de mucha voluntad y conciencia, capacidad crítica, discernimiento continuo y reflexión. Procesos de socialización tan deficientes como los que describo líneas arriba están a la base de las conductas egocéntricas, autoritarias, prepotentes e injustas de muchos adultos. ¿Qué hacen padres y maestros ahora con los niños, para prevenir que estos comportamientos aparezcan en el futuro?
Etiquetas : Desarrollo moral

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Claudia Zegarra escribió: