Arequipazo en Bagua

La parte sensible del país (que no es mucha) sigue consternada por los luctuosos sucesos acaecidos en Bagua. La intransigencia, la total falta de voluntad de solucionar el problema y la codicia política de ambas partes, el gobierno y los dirigentes de AIDESEP, ha arrojado un saldo de casi media centena de muertos.
Ya muchos han señalado que esto no debería sorprendernos porque no sólo es una muestra más del histórico desencuentro entre nuestro Estado y el país, sino que, además, porque es una práctica muy usada por el Apra para resolver problemas peliagudos (solo basta recordar lo de los penales).
Pero lo que me ha llamado la atención de todo estos hechos es la manera insistente con que lo de Bagua lo han querido comparar con el arequipazo, ese movimiento social que protagonizó nuestra ciudad en el 2002 y que, también, puso de cabeza al gobierno toledista. Ese es un tema sobre el que reflexioné y escribí mucho (Desco se encargó de publicarlo en su oportunidad); por tanto, me atrevo a señalar que esa una comparación equivocada.
Definitivamente, por los motivos de la protesta, su duración y, fundamentalmente, su saldo, el de Bagua es un movimiento de mayores dimensiones (como bien lo ha señalado Rospigliosi, nunca en la historia reciente del Perú 22 policías habían sido sacrificados en un conflicto de orden público).
Por otro lado, el tema aún no está cerrado para hacer una evaluación integral de ambos movimientos, pues, recordemos que el arequipazo terminó con la cabeza del Ministro del Interior de entonces, justamente Fernando Rospigliosi. Hasta ahora, Alan y su gabinete miran al techo como si la cosa no fuera con ellos, pues su ineptitud y pedantería son grandes frenos para, por un mínimo de dignidad, dar un paso al costado.
Quizá la vergüenza sí le alcance a Yehude Simon y es probable que sea él quien renuncie, pero no me cabe duda que el resto o la mayoría del gabinete aprista se quedará. Es más, no dudo que detrás de la mecida con que el propio gobierno trato los reclamos de los amazónicos, se encontró la treta política para sacar al Primer Ministro, pues, como afirmo en la línea inicial de esta nota, es muy poca la población sensible del país, y en ese grupo no están nuestros políticos. Es más, tengo la certeza que a ellos la vida de los peruanos les importa un pito (y en esto también implico a los de Aidesep).
Pero lo que me ha llamado la atención de todo estos hechos es la manera insistente con que lo de Bagua lo han querido comparar con el arequipazo, ese movimiento social que protagonizó nuestra ciudad en el 2002 y que, también, puso de cabeza al gobierno toledista. Ese es un tema sobre el que reflexioné y escribí mucho (Desco se encargó de publicarlo en su oportunidad); por tanto, me atrevo a señalar que esa una comparación equivocada.

Por otro lado, el tema aún no está cerrado para hacer una evaluación integral de ambos movimientos, pues, recordemos que el arequipazo terminó con la cabeza del Ministro del Interior de entonces, justamente Fernando Rospigliosi. Hasta ahora, Alan y su gabinete miran al techo como si la cosa no fuera con ellos, pues su ineptitud y pedantería son grandes frenos para, por un mínimo de dignidad, dar un paso al costado.

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