08/06: Oportunismo bloguero
Cada día tengo al menos algún comentario de mi blog por autorizar. Me ha devenido una costumbre abrir mi correo y buscar este tipo de mensajes, los cuales generalmente leo con curiosidad. A veces, en ocasiones muy especiales me da por contestar de manera personal a mis visitantes, esto cuando manifiestan una inquietud que considero muy interna… En otros casos autorizo por autorizar, porque considero que forma parte de tener un blog bien ranqueado y si yo me atrevo a opinar no quiero coartar opiniones contrarias, adversas. Pero, lo que en verdad no soporto son los oportunismos.
Justo en uno de mis artículos Top, y precisamente en un artículo que lleva casi año y medio generando buenas opiniones y, sobre todo, cantidades de aportes propositivos… me apareció un gran experto desconocido, un genio de las sombras, una autoridad invisible, un sabio de la idiotez… un pobre diablo para que me entiendan, que en un enorme y ácido texto comenzó a derrumbar mi idea de aquel tiempo –porque esa idea por orden natural debe haber crecido y quizá espere una nueva oportunidad de evolución-. Pero esa idea-artículo-ensayo además es una que ha sido apoyada por decenas de participaciones que la habían legitimado y reforzado… además que yo me metía en un tema parcialmente ajeno a mi esencia extranjera, y cuyo mérito mayor era proponer un distinción nacionalista positiva en gusto musical.
Y el tipejo este, todo grosero y petulante –según él- me da una cátedra de conocimientos. Una cátedra que nadie le pidió y que si bien justo antes de escribir ese ensayo quizá la hubiera agradecido, ahora me parecía demasiado retrasada tanto en tiempo como en mentalidad. Además que este visitante no ofrecía credencial alguna (un blog, un web-site, alguna rara habilidad o un grado académico que ostentara)… un don nadie (con minúsculas, no merece las otras).
Justo antes de terminar su extensísimo comentario (¿o era una crítica agresiva?) me dijo “escribiste mucho y no dijiste nada” para luego firmar con toda la longitud de su nombre de desconocido y amargo abolengo.
Bueno, a toda acción le resulta su reacción y toda la extrema longitud de su conocimiento cuestionable y muy indeseado –él pensaba- que sería autorizado en mi blog para que todo nuevo visitante aunado a los ya miles, conocieran su completo desconocido nombre.
Pero no fue así. Mi inexorable click a “Rechazar” fue predecible, ¿cómo voy a pensar que es en un experto de algo, cuando ni siquiera tiene la educación y la humildad para aspirar a tener cierta fama a mis expensas?
Vicisitudes de un Blogger pues.

Tragando Sol, creación de Benjamín Arroyo.
Justo en uno de mis artículos Top, y precisamente en un artículo que lleva casi año y medio generando buenas opiniones y, sobre todo, cantidades de aportes propositivos… me apareció un gran experto desconocido, un genio de las sombras, una autoridad invisible, un sabio de la idiotez… un pobre diablo para que me entiendan, que en un enorme y ácido texto comenzó a derrumbar mi idea de aquel tiempo –porque esa idea por orden natural debe haber crecido y quizá espere una nueva oportunidad de evolución-. Pero esa idea-artículo-ensayo además es una que ha sido apoyada por decenas de participaciones que la habían legitimado y reforzado… además que yo me metía en un tema parcialmente ajeno a mi esencia extranjera, y cuyo mérito mayor era proponer un distinción nacionalista positiva en gusto musical.
Y el tipejo este, todo grosero y petulante –según él- me da una cátedra de conocimientos. Una cátedra que nadie le pidió y que si bien justo antes de escribir ese ensayo quizá la hubiera agradecido, ahora me parecía demasiado retrasada tanto en tiempo como en mentalidad. Además que este visitante no ofrecía credencial alguna (un blog, un web-site, alguna rara habilidad o un grado académico que ostentara)… un don nadie (con minúsculas, no merece las otras).
Justo antes de terminar su extensísimo comentario (¿o era una crítica agresiva?) me dijo “escribiste mucho y no dijiste nada” para luego firmar con toda la longitud de su nombre de desconocido y amargo abolengo.
Bueno, a toda acción le resulta su reacción y toda la extrema longitud de su conocimiento cuestionable y muy indeseado –él pensaba- que sería autorizado en mi blog para que todo nuevo visitante aunado a los ya miles, conocieran su completo desconocido nombre.
Pero no fue así. Mi inexorable click a “Rechazar” fue predecible, ¿cómo voy a pensar que es en un experto de algo, cuando ni siquiera tiene la educación y la humildad para aspirar a tener cierta fama a mis expensas?
Vicisitudes de un Blogger pues.
Tragando Sol, creación de Benjamín Arroyo.
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