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Lutero se presenta en la Dieta de Worms ante Carlos V

La Reforma protestante sacudió fuertemente el destino de Europa a partir del siglo XVI. Significó, básicamente, la división de la Cristiandad occidental en dos partes: una católica, que sigue reconociendo la autoridad del Papa y que mantiene una organización única, y otra que adopta después el nombre de “protestante” y que se subdivide, a su vez, en una serie de grupos y sectas.

En nuestros días, el protestantismo agrupa a más de 400 millones de fieles, de los que un 25% son luteranos, 15% calvinistas, alrededor de un 20% son baptistas, cerca de 15% anglicanos y otro 15% son metodistas. El resto pertenece a sectas o iglesias menores.

Las causas de la Reforma son diversas y complejas. No sólo hay que buscarlas en los tan citados abusos del clero. Es cierto que hubo obispos acostumbrados al lujo y sacerdotes que vivían en el concubinato. Pero estos excesos no eran nuevos, tampoco eran recientes los llamados a reformar a la Iglesia como institución.

El protestantismo se desató porque hubo condiciones mentales que así lo permitieron. Digamos que la Iglesia, por ese entonces, no fue capaz, o no estaba en condiciones, de dar respuesta a las inquietudes de la época. Por ejemplo, el postulado protestante de un sacerdocio universal sintonizaba perfectamente con los ideales individualistas y el espíritu laico tan promovidos por el Humanismo.

También ayudaron las ideas de teólogos como Wiklif y Hus que pregonaron que la fuente de autoridad para el cristiano no era la Iglesia sino la Biblia, y en lengua nacional. Estas ideas fueron abonadas también por la difusión que hizo la imprenta de la Biblia y los inteligentes comentarios de los intelectuales del Humanismo a los Evangelios.

Como veremos, el protestantismo puso especial énfasis en la justificación por la fe (la fe, única fuente de salvación) en un momento en que los papas apelaban a la venta de indulgencias. Los creyentes veían, con mucho escepticismo, la posibilidad de “comprar” su salvación; por eso, pusieron tanto énfasis en que, al final, la fe es el camino más correcto para conseguir la salvación.

Al final, la Reforma protestante se fragmentó. Pero a pesar de esto se mantuvo entre sus iglesias cuestiones fundamentales: Cristo como redentor; la omnipotencia de la gracia; la Iglesia como asamblea de creyentes; la Biblia como revelación definitiva de Dios, actualizada por la palabra y la predicación. Rechazó la autoridad pontificia, el culto a la Virgen María y también a los santos, así como la concepción de la misa como sacrificio
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UN AMBIENTE DE REFORMA.- Ya desde finales de la Edad Media, una serie de catástrofes y pruebas sacuden a la Cristiandad occidental. Por citar sólo algunas tenemos la Peste Negra de 1348 y su secuela de muerte y desesperación; la Guerra de los Cien Años que también produjo muertes y sobre todo hambre y destrucción; y, finalmente el Gran Cisma de la Iglesia, con dos y hasta tres papas disputándose el gobierno de la Iglesia.

Para la mayoría, estos dramas eran signos de un castigo divino. Había un miedo colectivo, quizá el peor de toda la historia. Los europeos viven en la angustia. Muchos creen que está cerca el fin de los tiempos, el Juicio Final, el Apocalipsis. Centenares de predicadores ambulantes, amparados en las tragedias, alimentan ese miedo.

En efecto, luego de las grandes calamidades del siglo XIV, la religión cristiana tendió al misticismo bajo la influencia de estos predicadores. Pero estas corrientes místicas estaban, a menudo, próximas a la herejía. Junto a este tipo de herejía de carácter “popular”, surgieron otras dos que dieron origen a los dos grandes movimientos heréticos de ese tiempo:

a. John Wyclif (1330-1384).- Como teólogo oficial del rey de Inglaterra, puso énfasis en revisar la Biblia y traducirla al inglés. Cuestionó la necesidad de tener un Papa si existe la Biblia (predicó su libre interpretación); también era prescindible la Iglesia como institución. Fue condenado pero protegido por el rey.

b. Jan Hus (1369-1415).- Fue un sacerdote de Bohemia (República Checa) influido por las ideas de Wyclif. Postuló que había que predicar la Biblia en cada idioma y que cada región debía tener su propia iglesia. Por ello, se le considera el precursor del nacionalismo checo. Llamado al Concilio de Constanza, fue condenado a la hoguera por hereje. Pero su muerte fue la chispa de la insurrección de sus seguidores contra la Iglesia oficial: la rebelión de los husitas tuvo como centro la ciudad de Tabor y se organizó de forma que recordaba a la Iglesia primitiva (pobre y comunitaria).

Pero ese ambiente que alimenta un profundo sentimiento religioso también impulsa el deseo de reformar la Iglesia. A principios del siglo XV se celebra el Concilio de Constanza que pone fin al Cisma. Ahora es tiempo de emprender las reformas bajo la autoridad de un papa único. Se reúnen algunos concilios más pero la reforma no llega a realizarse.

Por ello, a principios del siglo XVI la reforma se hace más necesaria. Hay abusos: obispos y papas que viven como señores feudales, y se preocupan más por sus intereses terrenales que por los espirituales. Se critica el lujo y la riqueza de la Iglesia: en Alemania la tercera parte del país le pertenecía al clero. Lo mismo sucedía en Francia, Inglaterra y España. También se reprocha los duros impuestos (diezmos) que la Iglesia cobraba a sus fieles.

Así como se criticaba el lujo del alto clero, también se reprobaba la ignorancia de la mayoría del bajo clero. Se trataba de sacerdotes con escasa formación religiosa y muchas veces analfabetos. Lo que se reclamaba era un clero cuyos miembros no sean simples administradores de sacramentos, sino hombres capaces de enseñar la Palabra de Dios y responder inteligentemente a las inquietudes y preocupaciones del cristiano moderno.

La frustración histórica de la Iglesia es que no fue capaz de reformarse por sus propios medios. En este sentido los papas del Renacimiento (Alejandro VI, Julio II y León X) sólo hicieron reformas en la imagen de la Iglesia. Al reconstruir y embellecer el Vaticano, por ejemplo, sólo quisieron dar la ilusión de una Iglesia poderosa, opulenta, pero sin cambios de fondo. Incluso buena parte del dinero que sirvió para remodelar la iglesia de San Pedro provino de un medio muy cuestionado: la venta de indulgencias.

También es importante el surgimiento en toda Europa de sentimientos de “identidad nacional” alimentado por el absolutismo. Lutero, por ejemplo, llama a la unión de los alemanes contra un poder extranjero (Roma) que domina a cada país. Para príncipes y monarcas este discurso sonaba muy atractivo en su interés por consolidar su poder absoluto en cada uno de sus territorios. Este sentimiento también mueve a Enrique VIII cuando rompe con Roma y expropia para la corona de su país los bienes del clero.

Por último, hay que mencionar la falta de formación religiosa de la mayoría de los europeos. El hombre común, especialmente el del campo, no tenía una sólida formación cristiana. Su sentimientos religiosos eran muy sencillos y muchas veces supersticiosos. Por eso, luego de la rebelión luterana hay un esfuerzo, tanto de los protestantes como de la Iglesia católica, de evangelizar (militarizar) a la gente. En este sentido, todas las iglesias en Europa occidental se vuelven militantes.

LA REFORMA LUTERANA.- Martín Lutero (1483-1546), hijo de un campesino, gozó de la educación que su padre le patrocinó en la Universidad de Erfurt (Alemania). Fue allí, en medio de una tormenta, que recibe el “mensaje” que lo lleva a tomar la decisión de vestir los hábitos de la Orden de San Agustín. Poco tiempo después, lo nombran profesor de teología en Wittemberg, donde llega a la convicción, a través de algunos escritos de san Pablo y san Agustín, que:

a. La conducta humana (y en especial las indulgencias) no juegan ningún papel importante en la salvación individual: sólo la fe en Dios puede hacer que un hombre sea justo y se salve. De esta forma, Lutero da en el clavo a las expectativas de muchos hombres de su tiempo.

b. También consideró que todos los cristianos son iguales por el bautismo y, por lo tanto, todos son sacerdotes (habló del “sacerdocio universal”). Esto lo llevó a rechazar la superioridad espiritual del Papa, de los obispos y de toda autoridad eclesiástica en general.

c. Por último, si bien reconoce cierto valor a la Tradición, afirmó que la Revelación está totalmente dicha en la Biblia (postula la libre interpretación de la Biblia).

A partir de estos tres “hallazgos”, Lutero rechaza la función del clero. Los sacerdotes, que no están obligados al celibato, son simples fieles cuya principal función es enseñar la Palabra de Dios. De allí aparece la figura del “pastor” protestante. También rechaza el papel de “intermediarios” a la Virgen María y a los santos. Finalmente, sólo acepta dos sacramentos pero como simples ritos, sin ningún contenido: el bautismo y la Cena o Eucaristía (en ella sólo admite la consubstanciación, más no la transubstanciación).

Todo esto le valió la excomunión papal en 1520. Antes de esa fecha, a Lutero se le había encomendado viajar a Roma para solucionar con la Santa Sede algunos inconvenientes que sufrían los agustinos en Alemania. Pero su llegada a Roma le produce una terrible impresión: creyendo que se encontraría en un ambiente piadoso, descubre que en su lugar reina el caos, el afán del Papa por acrecentar su poder temporal y, especialmente, la venta de indulgencias. Por ello, en 1517, publicó en Wittemberg (1517) sus famosas “95 tesis” en las que expuso lo principal de sus ideas y condena enfáticamente la venta de indulgencias.

La reacción en Alemania.- Carlos V, como emperador del Sacro Imperio Romano-Germánico (así se le llamaba a Alemania por entonces), convoca a la Dieta de Worms en la que Lutero se niega a retractarse de sus opiniones. Condenado a muerte, se escapa con la ayuda del príncipe de Sajonia, y se refugia durante un año en el castillo de Wartburgo donde traduce la Biblia al alemán. A partir de ese momento, muchos nobles y ciudades de Alemania apoyan la rebelión luterana: se vendieron unos 300 mil ejemplares de sus escritos. También se confiscan muchos bienes del clero y los distintos príncipes toman bajo su control las iglesias de sus dominios.

Rápidamente, por ejemplo, 51 de las 65 ciudades alemanas habían adoptado el luteranismo. La nueva doctrina se había desbordado también por Dinamarca, Suecia, Noruega, Finlandia e Islandia.

Ante este panorama, Carlos V convocó a la Dieta de Spira (1529) donde invoca a los príncipes a que se reconcilien con el Papa. Éstos hacen la Protesta y desde allí los llaman “protestantes”. Fue la última vez que se reúnen como católicos, hacen una liga de defensa y es el comienzo del fin del Sacro Imperio. En la Dieta de Ausburgo (1530), Melachton, discípulo de Lutero, presenta a Carlos V la Confesión de Ausburgo, donde se delinearon las doctrinas del luteranismo.

Finalmente, en 1555, se estableció la Paz de Ausburgo. En ella se instauró la concordia religiosa en Alemania confiriendo a los príncipes protestantes todos los derechos episcopales: se les reconoció libertad de consciencia y culto; además, sus súbditos tenían la alternativa de aceptar la religión de su soberano o emigrar a otro territorio.

¿Qué pasó con Lutero? A los 42 años terminó casándose con una joven de 26 que había dejado su orden religiosa para seguir el luteranismo. Con ella tiene seis hijos e inicia una vida de excesos. Para mantener a su familia se dedica a vender libros, reparar objetos y dictar clases en la Universidad. Muere contradiciendo muchas de las creencias y votos que practicó durante su juventud rebelde.

La importancia histórica de Lutero es que fue el fundador de una iglesia cristiana no católica. También se le reconoce haber difundido la Biblia (más de 100 mil ejemplares de la Biblia en alemán se distribuyeron). Asimismo, impulsó una mejor educación religiosa del pueblo y fomentó el nacionalismo alemán. Hoy en día el 51% de la población alemana es protestante, en su mayoría luteranos. Se calcula que en el mundo existen actualmente, incluidos los alemanes, 100 millones de luteranos.

EL CALVINISMO.- Fue una orientación más radical y espiritual de la reforma luterana. Fue propagada por el francés Juan Calvino (1509-1564). Nacido en París en el seno de una familia burguesa, su conversión no fue tan apasionada como la de Lutero, aunque sintió sus influencias. Publicó, hacia 1536, en latín, la “Institución de la religión cristiana” en la cual expuso lo esencial de su doctrina. Luego de algunas persecuciones contra su persona, Calvino se dirigió a ciudad de Ginebra (Suiza) desde donde se difundió su prédica religiosa.

Al igual que Lutero, Calvino funda su doctrina en la justificación por la fe, el sacerdocio universal y la autoridad indiscutible de la Biblia, pero modifica ligeramente estos tres aspectos.

Para Calvino, la justificación por la fe postula la predestinación: el hombre está predestinado para la salvación o la condenación. En otras palabras: Dios, en virtud de su omnipotencia y de su amor, desde antes de nacer la persona, le asigna su destino, y éste es invariable. Cierto número de personas está destinado a vivir eternamente con Cristo, sin tener para nada en cuenta su fe ni sus obras. La suerte del resto es vivir para siempre en el pecado y en la condenación.
Por lo tanto, el Dios de Calvino era un Dios que infundía temor entre las personas. Pero así nacía el deseo ardiente de llevar una vida conforme a los preceptos de las Escrituras: la doctrina de la predestinación tuvo como resultado el imponer a los calvinistas una vida rigurosamente conforme a las exigencias de la Iglesia, básicamente una ética económica.

De este modo, el calvinismo imponía un estilo de vida metódico y racional para sus fieles. Exigía la represión de los instintos, la transformación del hombre impulsivo e instintivo en el hombre racional: No hagáis ni toméis nada por el mero hecho de que los sentidos o el apetito lo pidan, sino cuando haya razón para ello, decía Calvino.

Exigía, entonces, la laboriosidad (no a la ociosidad); el ocuparse de cosas útiles (no, por ejemplo, al juego, al baile o a la caza); a la templanza (no a los deleites carnales, a la gula o a la embriaguez); y fomentaba el espíritu de ahorro: había que economizar todo, las mismas palabras, los gestos, la decoración de los templos y los feriados del año. Los templos calvinistas, por ejemplo, no debían tener altares o imágenes. En lugar de ellas, podían reproducirse, en sus muros, pasajes de la Escritura.

Para algunos, las exigencias del calvinismo cuajaban perfectamente con el ideal burgués. El buen calvinista es el buen burgués. En este sentido la religión (la predestinación) es un premio a su esfuerzo, a su trabajo y a su espíritu de ahorro e inversión. Por ello, el calvinismo habría estimulado el desarrollo del capitalismo en Europa. Incluso también de la democracia, pues el calvinismo exigía una consciencia cívica: ser honesto, ser respetuoso con los demás, reconocer los derechos del otro y tener un espíritu de servicio.

De otro lado, si para el calvinismo la Biblia era la única depositaria de la Revelación, cada persona tenía el derecho de acceder a ella mediante una lectura directa y cotidiana. Además la Cena, es decir, la Eucaristía, no es sino una unión espiritual con Cristo: la Cena de nuestro Señor es un signo por el cual bajo el pan y el vino se representa la verdadera comunicación espiritual que tenemos en su cuerpo y en su sangre, escribió Calvino.

Con estos contenidos es lógico suponer que el calvinismo penetró con más facilidad en los medios cultos y acomodados que en el mundo campesino, iletrado y conservador. Geográficamente se propagó por Alemania, Francia (allí se les llamó hugonotes), Holanda, Inglaterra (puritanos) y Escocia (la Iglesia Presbiteriana fundada en 1560 por John Knox).

EL ANGLICANISMO.- Inglaterra tuvo un destino reformista original, impuesto por sus soberanos de la dinastía Tudor. Enrique VIII impuso el cisma en el “Acta de Supremacía” (1534) que transfería al Rey todos los poderes de jurisdicción sobre la Iglesia de Inglaterra. Y todo comenzó por la negativa de Roma a anular su matrimonio con Catalina de Aragón. En este sentido la actitud de Enrique VIII fue una posición radical basada en sentimientos de independencia nacional y, también, de voluntad de reforma.

En toda Inglaterra los monasterios quedaron disueltos, y sus tierras y demás propiedades pasaron a la Corona la que, a su vez, entregó estos bienes a los nobles que apoyaron a Enrique VIII en su ruptura con Roma. Pero aunque el Rey reformó el gobierno de la Iglesia se negó a que se hicieran cambios en su doctrina. Incluso antes de su divorcio, se había opuesto a Lutero asesorado por el humanista Tomás Moro.

Después del cisma con el papado, Enrique VIII persiguió, con igual severidad, a los católicos que no le reconocían como jefe de la iglesia de Inglaterra, y a los protestantes que proponían cambios en el dogma.

Luego, su hija, Isabel I, fundó realmente la Iglesia Anglicana por el “Acta de Uniformidad” (1559) que imponía una política de sumisión de sus representantes al Estado. En 1563 se promulgan los Treinta y nueve Artículos. Según sus términos, la liturgia y la jerarquía eclesiástica son parecidas al catolicismo, pero abandona el uso del latín, el culto a las imágenes y el celibato sacerdotal. El dogma defiende la justificación por la fe, la autoridad exclusiva de la Biblia y el rechazo a los sacramentos (menos el bautismo o la cena).

Como vemos, el culto anglicano conserva las apariencias católicas y sus principios son de inspiración calvinista. Su fe se cimienta en el mensaje de los Padres de la Iglesia y en lo acordado por los concilios cristianos antes de la ruptura entre Oriente y Occidente en 1054. Pero básicamente lo que caracteriza al anglicanismo es su posición intermedia entre el catolicismo y el protestantismo surgido en el resto de Europa.

Insiste en la supremacía de la Biblia, como único fundamento de la fe, y reconoce dos sacramentos principales: bautismo y eucaristía. Desde la ruptura con Roma, son los soberanos de Inglaterra los que nombran a los obispos; actualmente son nombrados a propuesta del primer ministro.

LA IGLESIA ANGLICANA HOY.- Se divide en dos tendencias: la High Church (o Alta Iglesia) que insiste en la importancia de la Iglesia como institución y que celebra sus ritos y sacramentos en forma muy próxima al catolicismo romano; por su lado, la Low Church (Baja Iglesia) defiende la idea de una religión más personal, más íntima, e influenciada por los preceptos calvinistas y luteranos.

Los anglicanos reconocen la autoridad espiritual del Arzobispo de Canterbury, quien vive en Londres. Actualmente cuenta con más de 70 millones de fieles de los cuales casi la mitad vive en las Islas Británicas. El resto se reparte principalmente en Estados Unidos, Canadá y Australia. Los obispos anglicanos del mundo se reúnen desde 1867 en la Conferencia de Lambeth, y sus representantes forman, cada dos años, un Consejo Consultivo Anglicano que puede dictaminar algunas cuestiones de fe o política eclesial que, a su vez, deben ser aprobadas por el Parlamento británico.

LA REFORMA CATÓLICA.- La reforma protestante tropezó con la férrea oposición de la Europa latina: Francia, España y la península italiana. El papado buscó ayuda y protección de la monarquía más fuerte de entonces, la española, y sus soberanos, Carlos V y, sobre todo, Felipe II se convirtieron en el brazo político y militar de Roma en su lucha contra los protestantes.

Este movimiento emprendido por Roma, desde 1540 más o menos, más conocido como la Contarreforma, fue una reacción de defensa (no sólo doctrinal, sino a menudo violenta) frente a los postulados protestantes.

La Contrarreforma impulsó una reafirmación vigorosa de la visión mística del mundo. Se reavivó la llamada de la fe. Fue un llamado a las armas contra todo aquello que ponía en peligro los cimientos del catolicismo: había que crear una iglesia militante.

Y es que el enemigo del catolicismo podía presentarse en muchas formas. Ya no sólo eran los protestantes. También eran las nuevas religiones paganas que los colonizadores habían descubierto en las culturas de América, Asia o África. Enemigos eran también los intereses materialistas de la burguesía en ascenso, así como los sentimientos “nacionalistas” de las monarquías europeas. Finalmente, el espíritu crítico del Humanismo era peligroso porque alentaba la libre investigación y la curiosidad científica.

La Iglesia se dio cuenta que si era aceptada por todos la imagen mecánica del mundo como una “máquina en movimiento” (recordemos el heliocentrismo de Copérnico), la creencia en los milagros se iba a desvanecer, se destruiría la noción de la intervención de Dios en los asuntos del mundo y quedaría fuera de las mentes de los católicos la noción del “misterio”.

Por ello, la iglesia se interesó no tanto en especulaciones teológicas sino de alentar en los creyentes un misticismo práctico, una experiencia religiosa concreta. En este sentido, el ritual se modificó y se convirtió en algo más espectacular, apoteósico, capaz de conmover al creyente. La difusión de las procesiones por las calles alentó este nuevo misticismo, por ejemplo. También la vida ejemplar, pública, de algunos santos como Teresa de Jesús o Juan de la Cruz.

La Compañía de Jesús.- En 1534, san Ignacio de Loyola funda la Societas Jesu (S.J.), una nueva orden religiosa aprobada por Paulo III en 1540. Sus integrantes, más conocidos como “jesuitas”, trataron de interpretar a esta nueva Iglesia militante de la Contrarreforma. Los jesuitas llegaron a adaptar la doctrina cristiana a las difíciles circunstancias de la época. Se enfrentaron a las realidades políticas y morales de su siglo y tomaron parte activa en la educación, asuntos públicos y obras misioneras. Actuaron, por ejemplo, en las cortes reales como confesores y educadores de príncipes y nobles. Fundaron muchos colegios e impulsaron muchas misiones no sólo en Europa sino en las tierras recién conquistadas por españoles y portugueses.

Bajo su autoridad máxima y vitalicia, el General, un jesuita se consideraba a sí mismo como soldado de Dios bajo la bandera de la cruz, listo para luchar por la propagación de la fe ante los protestantes, los herejes o los infieles. La Orden, por ello, estaba organizada con criterios militares: rígida disciplina, voto de obediencia al Papa y prohibición de cualquier crítica a los superiores. Bajo estos criterios, todo el mundo fue dividido en provincias jesuitas, y su “ejército” de sacerdotes siguió los caminos trazados por los navegantes y conquistadores europeos.

El Concilio de Trento (1545-1563).- Promovido por iniciativa del papa Paulo III, en él se reunieron obispos católicos, en su mayoría italianos y españoles, en la ciudad italiana de Trento. No trataron en establecer un diálogo con los protestantes. En este sentido no fue el Concilio de la reconciliación sino el de un catolicismo que se negaba a transigir o por lo menos a dialogar con los protestantes. Tras varias interrupciones y reanudaciones este Concilio estableció con mucha claridad que antes los puntos del dogma criticados o cuestionados por los protestantes, condenándolos sin miramientos. En Trento se estableció, por ejemplo:

a. La reafirmación del papel de la conducta de los hombres en su propia salvación. En este sentido, reconoció el libre albedrío. Admite el valor de las buenas obras y la eficacia de las indulgencias y sufragios (aunque restringe su uso).
b. Defendió la vigencia de la Tradición, junto a la Biblia, como elemento de la Revelación. La interpretación que hace la Iglesia de la Biblia es la única válida. Además, la única versión aceptada de la Biblia es la Vulgata Latina de San Jerónimo, por lo tanto, la Biblia había que leerla en latín y no en idioma “vulgar”.
c. La misa debía seguir siendo celebrada en latín, así como cualquier liturgia. También defendió la presencia de Cristo en la Eucaristía. En otras palabras: en el sacramento de la Eucaristía (o Cena) se conmemora la última comida de Cristo durante la cual transformó el pan y el vino en su cuerpo para dárselos a sus discípulos. Para los obispos de Trento, entonces, hay presencia real del cuerpo y la sangre de Cristo, con transubstanciación.
d. Reafirmó el carácter sagrado del clero y el celibato sacerdotal. En materia de disciplina condenó los anteriores abusos del clero (obispos). Recomienda la fundación de un seminario en cada diócesis para la formación moral, intelectual y religiosa de los futuros sacerdotes a fin de hacerlos más capaces de transmitir la fe a través del catecismo y la predicación. Para el clero era obligatorio el uso de los hábitos y ropa talar. Defendió el derecho de cada parroquia de llevar los libros de bautismos, matrimonios y defunciones.
e. Defendió la vigencia de los siete sacramentos, el valor del culto a los santos y, especialmente, el culto ala Virgen María tan cuestionado por los protestantes. También reafirmó la existencia del Purgatorio.
f. Finalmente defendió la infabilidad papal. Trento insistió en reafirmar la autoridad papal y sus interpretaciones del dogma. Toda jurisdicción procede del Papa.

En síntesis, los obispos de Trento condenaron, sin ninguna consideración, al protestantismo e intentaron darle al papado mayor autoridad (y credibilidad). Pero el Concilio también termina sancionando la división de la cristiandad en Europa occidental: unos europeos que siguen siendo católicos y otros que siguen el protestantismo bajo las formas luterana, anglicana o calvinista. Esto sin mencionar a los europeos del Este que desde la Edad Media profesan el cristianismo ortodoxo. Esta división se va a mantener, casi sin mayores cambios, hasta nuestros días.

VOCABULARIO
baptistas.- iglesia protestante creada en Londres en 1611. Proclama la suprema autoridad de la Biblia, el derecho a la libertad religiosa y la completa separación de Iglesia y estado.
barroco.- es un término de origen portugués que quiere decir “piedra irregular”, para caracterizar lo extravagante en la arquitectura y a partir de allí, un estilo que da la impresión de irregularidad, de rareza e incluso de fantasía.
celibato.- estado de soltería.
cisma.- división o separación.
concubinato.- convivencia de una pareja.
dieta.- asamblea o parlamento de los príncipes que formaban parte del Sacro Imperio Romano-Germánico (Alemania).
indulgencia.- perdón, total o parcial, de la pena del purgatorio por los pecados perdonados: para ganar las indulgencias, el creyente debe realizar las obras prescritas (oraciones especiales, confesión, comunión).
infabilidad.- que no puede engañar ni engañarse.
metodistas.- iglesia protestante surgida en Inglaterra en el siglo XVIII. Insiste en la necesidad de la santificación. Los creyentes son bautizados en edad adulta pero suele “presentarse” a los niños lo que sustituye de alguna forma al bautismo. Su doctrina se asemeja a la baptista.
misticismo.- estado de quien se dedica mucho a dios o a las cosas espirituales. También se aplica a la doctrina que enseña la comunicación directa entre el alma y su Creador en la visión intuitiva o el éxtasis.
órgano.- instrumento de tecla y tubería llamado el rey de los instrumentos. Conocido ya desde la Antigüedad fue introducido como instrumento típico de la liturgia cristiana hacia 1400. Puede tener hasta cinco teclados escalonados, y en 1500 se le añadió el pedal en Alemania.
Revelación.- para los cristianos es la manifestación del Espíritu y de la Palabra de Dios en la Biblia y la Tradición.
sacramentos.- signos instituidos por Cristo para producir la gracia divina y santificar las almas. Para los católicos son siete: bautismo, confirmación, penitencia (o confesión), eucaristía (o comunión), matrimonio, orden sacerdotal y extremaunción.
sufragio.- ayuda, favor, socorro. Obra buena aplicada por las ánimas del Purgatorio
transubstanciación.- significa el cambio de la substancia del pan y del vino en la substancia del cuerpo y de la sangre de Cristo, y no sólo la consubstanciación, esto es, el mantenimiento de la substancia del pan y del vino junto a la del cuerpo y la sangre (así lo planteaban los luteranos); para el calvinismo sólo hay presencia espiritual, simbólica.
Tradición.- para los cristianos es la revelación de la Palabra de Dios de forma distinta a la que se produce en la Biblia. Son las decisiones de los concilios, los escritos de los Padres de la Iglesia y de teólogos avalados por la Iglesia oficial.
violín.- instrumento de cuerda creado en el siglo XVIII. Consta de cuatro cuerdas y se tañe con un arco. Por su brillante y expresiva sonoridad, junto con sus inmensas posibilidades virtuosísticas, es la base de la orquesta clásica.