15/05/09: Peatones, atropellos, accidentes de tránsito
LOS PEATONES EN LA CIUDAD
Normalmente, las personas que viajan son peatones en alguna parte de su viaje. Si están paseando por la ciudad, visitando tiendas o conociendo lugares históricos, la caminata se convierte en la parte más importante de su viaje. Según Yachiyo (2005), en Lima se llevan a cabo 16.5 millones de viajes diarios, de los cuales 4.2 millones se realizan a pie. Esto representa el 25.4% de todos los viajes de la ciudad; al compararlos con los 2.1 millones de viajes en vehículos privados (12.7%), se puede concluir que los viajes peatonales tienen una importancia cuantitativa muy grande. Sin embargo, el espacio peatonal es sumamente deficiente y los lugares públicos de interés -tanto los tradicionales como los que se han venido construyendo- carecen de una conexión peatonal que fomente, además de la circulación, el encuentro.
¿LOS PEATONES CRUZAN POR DONDE QUIEREN Y SON SUMAMENTE IMPRUDENTES?
Las estadísticas indican que aproximadamente el 25% de los accidentes fatales ocasionados en Lima Metropolitana se producen debido a la imprudencia del peatón; adicionalmente, hay un 17% por ebriedad del peatón. Las estadísticas, a simple vista, confirmarían que los peatones cruzan por donde quieren y son sumamente imprudentes. Los medios de comunicación también informan acerca de la imprudencia de los peatones y su falta de educación vial que, entre otras cosas, influye en que estos no utilicen los puentes peatonales. Evidentemente, los más críticos son los conductores de automóviles, para los cuales un peatón es un estorbo y, por ello, reclaman la construcción de puentes o túneles peatonales (hay, sin embargo, un reducido grupo de conductores que sí ceden el paso a los peatones).
Los puentes peatonales se construyen para que los peatones puedan cruzar las vías con seguridad y, de esta manera, evitar atropellos. Sin embargo, según Michael King (2006), la evidencia demuestra que en las ciudades (zonas urbanas) que tienen puentes peatonales, la cantidad de muertes por atropello por cada 100,000 habitantes es entre 8 a 10 veces mayor que en las ciudades donde no hay puentes peatonales; por lo tanto, si el objetivo de la construcción de puentes peatonales es reducir la cantidad de muertos por atropello, el resultado supone totalmente lo contrario.
En ciudades con una mayor educación vial, por ejemplo Londres, las personas también se resisten a utilizar los puentes peatonales. En la Figura 1, se muestra un puente peatonal en Shepherd Bush que, debido a su poco uso, fue pintado en forma de tren para hacerlo más atractivo a los peatones. Sin embargo, se observaba que los turistas se subían al puente para sacar la cabeza y poderse tomarse una foto, para luego bajar y cruzar por la vía. Finalmente, las autoridades demolieron el puente peatonal -tal como se muestra en la Figura 2- y lo reemplazaron por un semáforo accionado por el peatón.

EQUIDAD EN LA GESTIÓN DE LA MOVILIDAD
La equidad en la gestión de la movilidad requiere que todos los modos de transporte sean considerados, tanto el diseño como la gestión de la infraestructura. Es necesario, por lo tanto, pensar no solo en las necesidades de los conductores que desean viajar más rápido, sino en los peatones (especialmente en aquellos que tienen movilidad reducida: niños, ancianos y personas con discapacidad), en los ciclistas y en los usuarios del transporte público.
En las ciudades donde se privilegia al peatón, el diseño de la infraestructura urbana contempla pasos peatonales a nivel a una distancia máxima de 100 metros y, en el caso de vías expresas, a una distancia máxima de 200 metros. Adicionalmente, la gestión de la infraestructura garantiza que, en cada uno de esto pasos, los peatones tengan el tiempo suficiente para cruzar, sin entrar en conflicto con los vehículos. En este tipo de ciudades, cruzar las vías por las intersecciones es lo más rápido y cómodo para los peatones y, por lo tanto, se aprecia un uso intensivo de los cruceros peatonales a nivel, que es producto del diseño y gestión de la infraestructura y no de la educación vial.
Exigirles a los peatones que cumplan con sus obligaciones requiere un cambio radical en el diseño y gestión de los centros urbanos, es decir, considerar que el peatón tiene derechos que deben quedar plasmados en la cantidad y calidad del espacio destinado a ellos.
En el siguiente video, se puede observar el funcionamiento de un crucero con semáforos peatonales, que al estar colocados como máximo cada 100 metros, son muy utilizados por los usuarios.
En este otro video, se observa como los conductores se detienen inmediatamente si es que un peatón quiere cruzar por una cebra
Normalmente, las personas que viajan son peatones en alguna parte de su viaje. Si están paseando por la ciudad, visitando tiendas o conociendo lugares históricos, la caminata se convierte en la parte más importante de su viaje. Según Yachiyo (2005), en Lima se llevan a cabo 16.5 millones de viajes diarios, de los cuales 4.2 millones se realizan a pie. Esto representa el 25.4% de todos los viajes de la ciudad; al compararlos con los 2.1 millones de viajes en vehículos privados (12.7%), se puede concluir que los viajes peatonales tienen una importancia cuantitativa muy grande. Sin embargo, el espacio peatonal es sumamente deficiente y los lugares públicos de interés -tanto los tradicionales como los que se han venido construyendo- carecen de una conexión peatonal que fomente, además de la circulación, el encuentro.
¿LOS PEATONES CRUZAN POR DONDE QUIEREN Y SON SUMAMENTE IMPRUDENTES?
Las estadísticas indican que aproximadamente el 25% de los accidentes fatales ocasionados en Lima Metropolitana se producen debido a la imprudencia del peatón; adicionalmente, hay un 17% por ebriedad del peatón. Las estadísticas, a simple vista, confirmarían que los peatones cruzan por donde quieren y son sumamente imprudentes. Los medios de comunicación también informan acerca de la imprudencia de los peatones y su falta de educación vial que, entre otras cosas, influye en que estos no utilicen los puentes peatonales. Evidentemente, los más críticos son los conductores de automóviles, para los cuales un peatón es un estorbo y, por ello, reclaman la construcción de puentes o túneles peatonales (hay, sin embargo, un reducido grupo de conductores que sí ceden el paso a los peatones).
Los puentes peatonales se construyen para que los peatones puedan cruzar las vías con seguridad y, de esta manera, evitar atropellos. Sin embargo, según Michael King (2006), la evidencia demuestra que en las ciudades (zonas urbanas) que tienen puentes peatonales, la cantidad de muertes por atropello por cada 100,000 habitantes es entre 8 a 10 veces mayor que en las ciudades donde no hay puentes peatonales; por lo tanto, si el objetivo de la construcción de puentes peatonales es reducir la cantidad de muertos por atropello, el resultado supone totalmente lo contrario.
En ciudades con una mayor educación vial, por ejemplo Londres, las personas también se resisten a utilizar los puentes peatonales. En la Figura 1, se muestra un puente peatonal en Shepherd Bush que, debido a su poco uso, fue pintado en forma de tren para hacerlo más atractivo a los peatones. Sin embargo, se observaba que los turistas se subían al puente para sacar la cabeza y poderse tomarse una foto, para luego bajar y cruzar por la vía. Finalmente, las autoridades demolieron el puente peatonal -tal como se muestra en la Figura 2- y lo reemplazaron por un semáforo accionado por el peatón.

EQUIDAD EN LA GESTIÓN DE LA MOVILIDAD
La equidad en la gestión de la movilidad requiere que todos los modos de transporte sean considerados, tanto el diseño como la gestión de la infraestructura. Es necesario, por lo tanto, pensar no solo en las necesidades de los conductores que desean viajar más rápido, sino en los peatones (especialmente en aquellos que tienen movilidad reducida: niños, ancianos y personas con discapacidad), en los ciclistas y en los usuarios del transporte público.
En las ciudades donde se privilegia al peatón, el diseño de la infraestructura urbana contempla pasos peatonales a nivel a una distancia máxima de 100 metros y, en el caso de vías expresas, a una distancia máxima de 200 metros. Adicionalmente, la gestión de la infraestructura garantiza que, en cada uno de esto pasos, los peatones tengan el tiempo suficiente para cruzar, sin entrar en conflicto con los vehículos. En este tipo de ciudades, cruzar las vías por las intersecciones es lo más rápido y cómodo para los peatones y, por lo tanto, se aprecia un uso intensivo de los cruceros peatonales a nivel, que es producto del diseño y gestión de la infraestructura y no de la educación vial.
Exigirles a los peatones que cumplan con sus obligaciones requiere un cambio radical en el diseño y gestión de los centros urbanos, es decir, considerar que el peatón tiene derechos que deben quedar plasmados en la cantidad y calidad del espacio destinado a ellos.
En el siguiente video, se puede observar el funcionamiento de un crucero con semáforos peatonales, que al estar colocados como máximo cada 100 metros, son muy utilizados por los usuarios.
En este otro video, se observa como los conductores se detienen inmediatamente si es que un peatón quiere cruzar por una cebra
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FERNANDO VASQUEZ PERDOMO escribió: