pedacito de Chagall


Hace unos días Silvio Rendón colgó en el GCC este post sobre Malcolm X que inmediatamente llamó mi atención porque es un personaje sobre el que he tenido gran interés en algún momento de mi vida.

Básicamente, creo que la vida de Malcolm X ilustra con claridad la idea de que el desarrollo moral no se detiene nunca sino que dura toda la vida, y que pueden darse transformaciones estructurales en etapas tardías del desarrollo, mucho más allá de la adolescencia, transformaciones que -utilizando un término que tiene connotaciones religiosas- algunos han catalogado como metanoia.

El propio Kohlberg sabía que ciertas experiencias de la vida adulta y las características de ciertos contextos en los que las personas se mueven significativamente durante la adultez (por ejemplo, el contexto laboral y el tipo de atmósfera moral (1) que este tenga) pueden ser poderosos promotores de conflictos cognitivos y afectivos que lleven como consecuencia al crecimiento moral. Creo que este proceso de crecimiento y transformación moral se dió sin duda en Malcolm X y es evidente en la naturaleza de su discurso durante sus útimos años de vida.

Lo contrario también es posible, lamentablemente. Muchos adultos parecen haberse estancado en etapas socio-convencionales, y pareciera que se empeñaran en mostrarnos con nitidez, y a cada momento, que razonan desde estas etapas. Había dicho ya algo sobre el tema en este post sobre el razonamiento moral de los abogados. Pero tengo otro ejemplo que me sacó de quicio esta semana.


Oyendo de una funcionaria de una universidad, durante un taller de trabajo al que me tocó asistir, que esta (la universidad) tiene gran interés en fomentar la investigación entre sus docentes y estudiantes, propiciar que se hagan tesis y se investige más, y etc. etc. etc. se me ocurrió preguntar por qué dicha universidad contrataba muchas veces a egresados para puestos clave, personas que en muchos casos ni siquiera habían tramitado su bachillerato, lo cual me parecía (y me sigue pareciendo) una contradicción con la meta institucional de estimular la investigación. La respuesta de la funcionaria me dejó estupefacta: "la ley no obliga a la universidad a contratar licenciados".

La verdad es que tal respuesta me pareció intolerable y me puso de muy mal humor. ¿Acaso se trata de buscar todo aquello que la ley no prohibe para actuar en consecuencia? ¿No hay algun principio mayor, una meta más alta, que pueda ponerse por encima de lo que la ley simplemente no prohibe para guiar nuestro comportamiento y dar sustento a las elecciones que hacemos? La respuesta que la funcionaria nos dió revela la esencia del pensamiento convencional en el modelo Kohlbergiano y muestra también una perspectiva institucional que tiene que cambiar si la universidad (o cualquier otra institución) desea fomentar procesos de crecimiento moral tanto institucionales como dentro de las personas.

Nota
(1) Kohlberg llamó indistintamente a la atmósfera moral clima moral, ambiente moral o cultura moral. Para él, la atmósfera moral es el contexto producido por las reglas sociales de la institución y la manera particular en que esas reglas son generadas. Pondré una entrada sobre este tema en algún momento.