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Muchas veces, cuando quiero decir algo con respecto a mis sentimientos, me quedo en blanco y lo único que sale de mis labios es un profundo suspiro. Y me imagino que significa muchas cosas, aparte de la frustración de no encontrar las palabras correctas. Muchas veces no sé expresarme, pero me imagino que le pasa a todos alguna vez. Sí quiero ser escuchada, me muero por decir libremente lo que está rondando mi mente. Tengo miedo de no dejarme entender. Tengo mucho miedo de ser malinterpretada y que muchas cosas que haya construido durante tiempo, se pierda en solo unos minutos.
A lo largo del tiempo, de muchas cosas que han pasado, me he dado cuenta que expresarnos con palabras es sumamente difícil. No todas significan lo mismo para todos. Es por ello que escuchar primero es lo más importante. Si escuchamos a la otra persona, sabremos qué significado le pone a sus palabras, si las toma a la ligera, si están cargadas de sentimientos sinceros. Es difícil encontrar alguien que nos escuche y que nos entienda así que una vez intenté escucharme a mí mismo. Al principio no surtía efecto, pero me daba cuenta que muchas veces no expresaba lo que inicialmente pensé. Hay siempre más palabras a un nivel más básico. Hay sentimientos que están enterrados debajo de muchas capas de capas de “realmente quisiera que…”.
Es que estoy llena de “realmente quisiera que…”. Me muero por cambiar muchas cosas en mi vida, haber evitado otras tantas. Me muero por que me sucedan las cosas que sueño todas las noches. Necesito algo que no esté en mí y que me haga sonreír. Y nada me haría más feliz que sentir que soy escuchada, de dejar de anhelar cosas que están frente mío, al otro lado de la habitación. Y es exactamente eso que siento que quiero gritar. Que haya una multitud a mi alrededor y decirlo todo…
¿Para qué?
Para ver si hay alguien en esa multitud que levante la mano, se haga camino hasta mí y me ofrezca su mano, yo la tome, lo abrace y, finalmente, le diga todo al oído.
Debí decir que yo quiero ser esa persona, que me muero por empujar a toda esa multitud y ofrecerle mi mano vacía y que soy el que más quiere escucharla, pero aún tengo una gran cicatriz en mi pecho y estoy seguro que en vez de yo escucharla a ella, sería ella quien tendría que soportarme a mí y a mi mala suerte. Cuando mis sentimientos ya no sean una tormenta, me acercaré.








a veces la tormenta sigue ahi pero la presencia de otra persona nos ayuda a que pase pronto..
a veces sí es necesario esperar..
pero.. esa opcion es una de tres. 33% en nuestra contra. 66% a favor.