José Domingo Choquehuanca

“Se fue un líder social!”, así es cómo anunció la prensa mistiana la muerte de José Domingo Choquehuanca Borda, ocurrida el domingo pasado y producida por un paro que se sumó a la diabetes que lo aquejaba hace muchos años, siniestra asociación que lo alejó de este mundo a los 75 años, cuando aún tenía en cartera miles de sueños y proyectos por acometer.
Compartí con él estudios superiores en la Facultad de Ciencias Sociales de San Agustín. Era, por supuesto, el más adulto de todos, ya con nietos incluido, pero su tesón y ganas de estudiar nos sacaba muchos cuerpos de ventaja. Quería ser historiador, una de sus pasiones, y deseaba lograrlo luego de haber materializado otros sueños: empresario, industrial, fundador de la Asociación de Urbanizaciones Populares (AUPA), creador del parque industrial APIMA; político, líder de Acción Popular, viajero impenitente, etc.
Alguna vez me confesó que quería ser historiador, no sólo para enorgullecer más a sus hijos, sino para tener mejores herramientas que le permitieran hurgar en sus raíces, pues era consciente que su linaje provenía de José Domingo Choquehuanca y Béjar, notable político peruano del s XIX, hijo del canónigo Gregorio Choquehuanca y de María Mercedes Béjar y León, cuyas historias, a la vez, se entroncaban con el inca Huáscar. Es decir, fibra pura.
Quizá por eso, por esa robustez histórica, es que José Domingo supo sortear positivamente tantos avatares que se le cruzó en su vida: la orfandad, la pobreza, la persecución política, etc. De todo eso salió airoso y lo evidenciaba, siempre, con una sonrisa a flor de labios con la que conquistaba a todos.
Ya luego, en el trajín, profesional y social, nos encontramos varias veces. Ultimamente, aunque se le veía poco, seguí manteniendo contacto con él, pero a través de sus hijas, especialmente Lucía y Ana María Choquehuanca, integrante del CER de la MCLCP que actualmente coordino.
Coincido con el titular de la prensa: “Se fue un líder”; pero, básicamente, se fue un amigo.

Quizá por eso, por esa robustez histórica, es que José Domingo supo sortear positivamente tantos avatares que se le cruzó en su vida: la orfandad, la pobreza, la persecución política, etc. De todo eso salió airoso y lo evidenciaba, siempre, con una sonrisa a flor de labios con la que conquistaba a todos.
Ya luego, en el trajín, profesional y social, nos encontramos varias veces. Ultimamente, aunque se le veía poco, seguí manteniendo contacto con él, pero a través de sus hijas, especialmente Lucía y Ana María Choquehuanca, integrante del CER de la MCLCP que actualmente coordino.
Coincido con el titular de la prensa: “Se fue un líder”; pero, básicamente, se fue un amigo.
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