ANALIZANDO LAS TEORÍAS DE GÉNERO Y FEMINISMO (PARA EXPLICAR ALGUNAS SITUACIONES LEGALES EN EL ÁMBITO TUTELAR FAMILIAR)

Manuel Bermúdez Tapia
Publicado en RAE, Estudio Caballero Bustamante 2008.


1. PRESENTACIÓN

El violeta es el color del feminismo, nadie sabe muy bien porqué. La leyenda cuenta que se adoptó en honor a las 129 muertes de un incendio de una fábrica textil de USA el 8 de marzo de 1908, provocada por el dueño. Ese día, esas mártires trabajaban con telas de color violeta y desde ese momento, cada 8 de marzo, se conmemora el día de la mujer.

No conocíamos esta referencia y tampoco conocíamos de las teorías de género y sobre el movimiento feminista. Es más nuestra primera impresión era la de ser una teoría basada en una lucha fundamentalista.

Particularmente y para el ámbito de investigaciones en el Derecho Tutelar Familiar, el movimiento feminista y la teoría de género resultaban contrarias a la igualdad de derechos entre progenitores, en particular respecto de la tenencia de los hijos luego de una separación.

Leyes como la del Deudor Alimentario (Ley Nº 28970), el Proceso Especial de Filiación Extramatrimonial o más conocido como Proceso “ADN” (Ley Nº 28457), Ley de Simplificación de Procesos de Alimentos (Ley Nº 28439) entre otras normas, flexibiliza los procedimientos judiciales y los derechos de los litigantes, en particular de los varones.

Esta situación perjudicial para los parámetros de la “igualdad”, entendida como parámetro objetivo, era superada por la teoría de la protección de derechos de los Grupos Vulnerables, evitando con ello cualquier cuestión de inconstitucionalidad.

Así en aras de proteger al “Niño y Adolescente”, en los procesos tutelares familiares, se debían flexibilizar procedimientos y limitar derechos a los “adultos”, sin considerar que los únicos “perjudicados” serían los hombres.

Es cierto que el grueso de casos vinculados al ámbito tutelar familiar se producen por causa de los varones, pero la ley para casos especiales no ha previsto circunstancias en los cuales estos “perjudicados” a razón de su género, termina siendo las víctimas y son quienes plantean la defensa de sus derechos en el sistema judicial.

Las excepciones son poco consideradas, los múltiples perjuicios y valoraciones operan en contra del varón litigante y este en su ignorancia percibe que la causa de sus problemas es la teoría de género y el feminismo, que para estas circunstancias es considerado “radical”.

Toda vez que teníamos esa misma impresión, decidimos investigar al “monstruo” para analizar sus teorías, encontrar limitaciones o errores y sobre todo para comprender su posición. El objetivo era replicar la teoría, con otra posición capaz de contrarrestar los efectos nocivos del feminismo y la teoría de género.

Posterior a esta investigación, arribamos a una orilla diametralmente opuesta a nuestro objetivo, porque coincidimos en varios puntos, en particular respecto del rol que los “géneros” tienen asignados en la comunidad.

Igualmente la investigación permitió conocer más de una posición que ha venido adecuándose a los contextos sociales contemporáneos.

2. CONTEXTO NACIONAL.

Los estudios de “género” en el contexto nacional se reducen a un ámbito bastante limitado, temporal y sectario. La escasa bibliografía nacional incide en aspectos técnicos y de alta incidencia de contextos económicos, laborales y políticos.

Si bien todos estos trabajos abordan una problemática objetiva, las posiciones son subjetivas y adolecen de referencias primarias de “feministas clásicas” o de literatura de lengua inglesa de inicios de la década de 1970. Inclusive se omite la referencia del texto de 1968 de Richar Stoller con su obra “Sex and Gender” (varón) quien fuese quien introdujera el problema de “género” al debate académico.

Muy a pesar de que feministas radicales han considerado que el “feminismo” tiene un origen que se remota a tres siglos atrás, vinculándosele con la Revolución Francesa (Nuria Valera), la situación real es que el “feminismo”, el tema de “género” y el “problema de las relaciones de género” se inician luego de sucesos específicos en la sociedad americana luego de 1960.

Para el caso de América Latina, las feministas radicales han intentado vincular el fenómeno de las “Madres de Mayo” en Argentina, con la inicial lucha de género en la región, cometiendo un severo error.

La realidad demostró que estas dignas señoras enfilaron sus protestas contra el Estado, luchando por sus familias, por sus hijos y esposos desaparecidos por la represión militar y no por cuestiones de género. Las Madres de Mayo, sin provocarlo y en un gesto audaz para el contexto latinoamericano de la época, fueron las primeras mujeres en oponerse a regímenes dictatoriales. Formaron parte de una categoría sociológica de “politización de lo privado”, a través de una maternidad militante. Liderezas sí, pero no de género.

En el Perú, adicional a la escasa bibliografía que explique el concepto en forma “sencilla”, observamos que existe poca actividad académica institucional vinculada a la temática.

Salvo el Post-Título de la Pontificia Universidad Católica “Género y Sexualidades: investigación e intervención social”, otras actividades académicas no han tenido ni el impacto ni la “rigurosidad” del planteamiento de este programa.
“Rigurosidad” que vinculamos con el hecho de que en la misma presentación del Post-Título, tanto la presentación: “Las rápidas y complejas transformaciones de nuestra realidad social y cultural exigen nuevas herramientas y enfoques para abordar la tarea de comprenderlas e impactarlas. La teoría de género así como la acumulación de conocimientos provenientes de esta área de estudios se han constituido en un aporte fundamental y, por ende, en uno de los vectores más relevantes del pensamiento social y cultural contemporáneo. Los enfoques conceptuales y metodológicos en esta área han enriquecido y modificado la comprensión e intervención en las problemáticas sociales y culturales afectando a las diversas disciplinas y quehaceres profesionales.” (www.pucp.edu.pe) no encontramos mayores referencias al concepto de “género”, limitándose a una presentación imprecisa de lo que se abordará académicamente. Adicional es posible observar una relativización de la importancia del área temática se eleva considerablemente, al nivel que inclusive se opone a la bibliografía proveniente del feminismo más radical, que determina que se ha practicado una mala teorización del concepto, perjudicando la propia línea de trabajo del feminismo.
Hecho adicional cuestionable en la ejecución de este Postítulo (en particular del 4º) radica en que no se incluye a ningún varón como docente, sin considerar el hecho de que los “varones” son también una categoría de “género”.
Dado que existen una serie de situaciones imprecisas, teorías mal fundamentadas, programas académicos con un evidente diseño subjetivo, hemos considerado que la bibliografía a la cual recurriremos será la anglosajona preferentemente y a la comparada, a efectos de buscar una respuesta más objetiva sobre los conceptos de “feminismo” y “género”.
3. EL DESARROLLO DE LA DEFINICIÓN

a. Origen del concepto.

El concepto de “género” (gender) se convierte en un concepto filosófico en el pensamiento anglosajón en torno a los años 1970, producto de una serie de procesos complejos en la sociedad norteamericana.

La publicación del libro de Richar Stoller, Sex and Gender en 1968, marca el origen de un debate terminológico y filosófico que está lejos de haberse agotado y a partir de este texto, la palabra “gender” (género) comienza a tener un nuevo concepto, a pesar de ser un término antiguo.

Inicialmente muchas investigadoras procuraron encontrar soluciones al contexto social que rodeaba a las mujeres para idear una posición que reivindique sus derechos.

En múltiples casos los puntos de inicio, estuvieron vinculados a situaciones vinculadas a la maternidad de la mujer. En este sentido autoras como Baker Millar, Adrienne Riche Dinnerstein y Chodorow sostuvieron que la institución de la maternidad es la causa fundamental de la opresión de las mujeres y del malestar sexual que experimentan en nuestra sociedad tanto ellas como los hombres.

Posteriormente fundamentaron su teoría en que la familia nuclear es la que crea las identidades de género que perpetúan el patriarcado y la subordinación de las mujeres.

Nancy Chodorow, socióloga feminista opinando sobre este punto, atribuye la diferencia de los géneros al hecho de que las mujeres son universalmente las responsables de los primeros cuidados que se prestan a los niños. Las madres son el primer otro significativo a través del cual los varones y las mujeres adquieren su objetividad.

A partir de estas iniciales investigaciones, la teoría feminista se desarrolló autónomamente y en varios sentidos.

b. Una aclaración necesaria (sexo/género)

Sexo es el término que se usa (generalmente) para hacer alusión a las diferencias biológicas relacionadas con la reproducción y otros rasgos físicos y fisiológicos entre los seres humanos; en cambio Género, se refiere a las características que socialmente se atribuyen a las personas de uno y otro sexo.

En términos sencillos, uno hace alusión a un hecho biológico y el otro término hace alusión a una construcción social.

c. Las definiciones radicales infundadas.

Múltiples feministas sin una objetividad académica han expresado sus ideas personales, pretendiendo otorgarles una legitimidad académica. Analizaremos algunas de estas propuestas y a sus autoras.

1) Nuria Valera, por ejemplo, define el feminismo, como:

“El feminismo es un discurso político que se basa en la justicia. Es una teoría y práctica política articulada por mujeres que tras analizar la realidad en la que viven toman conciencia de las discriminaciones que sufren por la única razón de ser mujeres y deciden organizarse para acabar con ellas, para cambiar la sociedad. Partiendo de esa realidad, el feminismo se articula como filosofía política y, al mismo tiempo, como movimiento social.”

Salvo la última consideración “movimiento social”, no encontramos otro punto de coincidencia positivo, debido a la elevada percepción heroica que le impone a su propia definición; posición que inclusive es cuestionable porque está expuesta en un texto para “principiantes”.

Adicionalmente la autora propone otra definición del feminismo: “Además de ser una teoría política y una práctica social, el feminismo es mucho más. El discurso, la reflexión y la práctica feminista conllevan también una ética y una forma de estar en el mundo.” Con lo cual la subjetividad de la autora, resta méritos a la definición científica que pretende proporcionar.

2) Alice Colon y Sara Poggio.

Analizaremos a estas autoras, con la interpretación de un planteamiento de otra autora: Helen Sapa. Esta autora, explica el nuevo contexto laboral que rodea a la mujer de un modo objetivo: “La reestructuración económica ha contribuido al incremento de los hogares encabezados por mujeres y contribuyó a debilitar el papel del hombre como proveedor. Ha aumentado la tasa de participación en la fuerza laboral de la mujer. Las mujeres se han hecho más resistentes al matrimonio, en la medida en que no les brinda apoyo ni económico ni emocional.”

Definición “objetiva” que termina siendo desvirtuada por Alice Colon y Sara Poggio, cuando señalan: “Los avances de las mujeres latinoamericanas en términos educativos y su incursión en ámbitos ocupacionales profesionales y de cuello blanco representan un logro hacia la equidad de género, promueven su autonomía económica y demuestran la capacidad femenina para el ejercicio de las más diversas funciones, más allá del ámbito doméstico” (subrayado nuestro).

Con dicha afirmación, consideran que la mujer “debe” participar en la misma proporción de contextos laborales como lo hace el hombre, sin considerar que la referencia “de cuello blanco”, está vinculada a actividades y contextos de corrupción. ¿Igualdad de géneros también en la corrupción?

Adicionalmente podríamos considerar que el aumento de las mujeres al interior de la Población Económicamente Activa PEA, no es un indicador del éxito de las feministas, como lucha por la igualdad de género. El subempleo o trabajar en varios centros laborales simultáneamente, son un elemento frecuente en las estadísticas laborales para mujeres, son datos que refutan el “éxito” de la teoría.

3) Augusta Lynn Bolles

Esta autora señala como logro, que la autonomía económica lograda en los últimos años, ha permitido a la mujer una mayor seguridad y autoridad para “negociar” y reajustar las relaciones hombre-mujer en los lugares de trabajo.

En este punto, podríamos mencionar la reciente necesidad de legislar punitivamente las relaciones de trabajo para evitar situaciones perjudiciales a las mujeres (acoso sexual, hostigamiento, chantaje o abuso), con lo cual contradecimos su posición teórica.

En resumen, las confusiones en la creación de teorías y fundamentos, ha provocado errores garrafales en la comprensión de la evolución social, en particular respecto del contexto económico que rodea a la mujer y al varón.

Las dosis de posiciones personales, igualmente, son la característica principal de estas “teorías”, que carecen de un patrón sustentable y objetivo.

d. La construcción del concepto

El feminismo para validar sus teorías ha tenido que sustentar sus propuestas académicas y para ello han utilizado como fundamento al Derecho y a la Sociología sobre todo. La antropología, el psicoanálisis y otras ciencias han sido complemento de las primeras.

Si bien al principio se criticó sobre manera al Derecho por trasladar la desigualdad social a la Ley, no se pudo dejar de lado como herramienta para fundamentar sus postulados. Basta recordar cómo se reguló la ciudadanía en el país, en términos históricos constitucionales.

La definición del feminismo tuvo un origen inicial cuestionable con el feminismo naturalista, que señalaba que las mujeres están biológicamente definidas por la heterosexualidad entendida como un hecho biológico.

Catherine Mackinnon . Interpretando a Jull Johston (Lesbian Nation), respecto del feminismo naturalista explica: “la unión sexual del hombre y la mujer es una invasión de la mujer. Ella es siempre la mitad pasiva, receptiva y esperanzada de una situación que es desigual desde el principio. El destino al que la mujer debe resignarse es el conocimiento de esta injusticia biológica, un destino que en un principio no fue la causa de las injusticias sociales elaboradas a partir de la situación biológica.”

La consideración vinculada a las circunstancias biológicas, fueron posteriormente desarrolladas y superadas por el feminismo psicoanalítico, donde se complementaron las teorías de Sigmund Freud y Jacques Lacan (“Écrits”. Paris: Seuil, 1966).

De lo contrario, el feminismo naturalista hubiera degenerado en una errónea excusa del lesbianismo, tal como proponía Jull Johnston y que acertadamente explica Catherine Mackinnon: “La biología de la mujer la oprime sólo cuando se relaciona con los hombres. La base de la desigualdad entre los sexos se ve como la desigualdad inherente en el trato heterosexual como consecuencia de la anatomía específica de cada sexo. Trascender o evitar esto en la vida personal teniendo relaciones sexuales sólo con las mujeres (lesbianismo) elimina la base genérica de la desigualdad sexual en esta perspectiva. Los problemas biológicos tienen soluciones biológicas”.

Superadas estas posiciones iniciales, y tratando de justificar a las autoras mencionadas, debemos señalar, que para esa época no tenían ni bibliografía referencial, ni recursos para financiar una investigación y sobre todo, no tuvieron el apoyo de otras ciencias porque la tradición de mantener el status quo es una circunstancia difícil de superar.

El feminismo por tanto es una corriente que fundamenta la teoría de “género”, el cual procura analizar las diferentes circunstancias que rodean a la mujer en el ámbito social, familiar e individual.

En tal sentido, la teoría de género tiene al menos tres dimensiones:

a) En primer lugar, es una relación social independiente y autónoma de otras, como raza y posición económica, pero que al mismo tiempo la moldean. Es una forma de poder y afecta nuestras teorías y prácticas de justicia.

b) En segundo lugar, es una categoría de pensamiento; es decir, el género limita o hace parcial de forma sutil o abierta el pensamiento.

c) En tercer lugar, el género es un elemento constituyente central en el sentido del “yo” de cada persona y en la idea de una cultura de lo que significa ser persona. Por ello, las explicaciones adecuadas de la subjetividad tendrán que incluir investigación acerca de los efectos del género sobre su constitución y expresión y sobre nuestros conceptos de la “individualidad”.

e. Las categorías internas.

Los feminismos se distinguen según la prioridad que se le da al factor del género en la comprensión de la opresión de los individuos.

Siguiendo este parámetro, los feminismos pueden distinguirse en feminismos esencialistas de género y feminismos antiesencialistas de género.

Los primeros (esencialistas de género) consideran que el género es el principal y esencial factor de opresión para todos los individuos que pertenecen al sexo femenino. Los segundos (antiesencialistas de género) rechazan esta preponderancia del género y afirman, por el contrario, que la opresión que padecen los individuos del sexo femenino es distinta en cada caso porque tan importantes como el género, es tanto factor de opresión, son la raza, la orientación sexual, la clase y la pertenencia a un determinado grupo.

La bibliografía especializada refiere seis grupos (categorías) del feminismo: el psicoanalítico, el marxista-socialista, el radical, el liberal-reformista, el teológico y el postmoderno. (Según orden de evolución histórica)

Dado que no es nuestra intención extender esta subdivisión, sólo analizaremos algunas:

1) El feminismo psicoanalítico.

Paradójico o no, tanto el psicoanálisis como el feminismo han provocado una revolución científica, cada una por su propio lado, entrelazándose en críticas, aportes y fundamentos.

Las feministas hallan de positivo en Lacan, en que las identidades sexuales son ficticias y responden a una división simbólica y no natural, entre hombres y mujeres, que se construye en el lenguaje simbólico.

2) El feminismo radical

Cuestionada por desarrollar una teoría compleja y de contener una amalgama de elementos que lo conforman.

Se caracteriza por el papel central que se concede a la sexualidad junto con la insistencia en que la mujer se encuentra actualmente en una situación de opresión por parte de los hombres, de la que debe liberarse utilizando todos los medios a su disposición (incluyendo la violencia)

3) El feminismo liberal (reformista)

Cuestionada por ser una posición “sufragista”, cuando en realidad tiene una postura más política que social.

Insiste en la necesidad de reformas políticas a favor de la mujer y en la importancia del factor cultural, pero sin llegar a los extremismos del feminismo radical.

4) El feminismo socialista.

Comparte algunas características del feminismo radical, pero de acuerdo con su matriz marxista, no buscaba crear estructuras sociales paralelas, sino actuar en las existentes y, sobre todo, en las condiciones materiales.

La “liberación” de las mujeres se convierte en condición previa, en medida de la emancipación general de la sociedad, en parte de la estructura o en aspecto importante de la lucha de clases.

Por perceptivos que sean ante la contribución del feminismo o por más simpatía que sientan por los intereses de las mujeres, estos intentos hacen del feminismo, en último término, un movimiento dentro del marxismo, a criterio de Catherine Mackinnon, quien se basa en los estudios de Nancy Hartsock (Feminist theory and the development of revolutionary strategy)

Posición que resulta irónica de la original postura de Marxs, quien junto con el “capitalismo” cuestionó al feminismo en sus orígenes, llegando al nivel inclusive de denominarlas parte del “sexo débil” o un “adulto incompleto” que necesitan una protección especial.

De esta manera podemos encontrar en “El Capital”: “el hecho de que el grupo de trabajo colectivo esté formado por individuos de ambos sexos y de todas las edades deba convertirse, en las condiciones adecuadas, en fuente del desarrollo humano (aunque en su forma capitalista) es en realidad una fuente maloliente de corrupción y esclavitud”.

5) El feminismo postmoderno.

Es el feminismo que comprende el contexto de las identidades en las cuales se fundamenta su movimiento, debido sobre todo a una percepción histórica, porque han tenido que actuar “bajo las faldas de otros movimientos” para validar su posición ante la comunidad.

Augusta Lynn Bolles, a nuestro criterio, define este feminismo como el de “las identidades móviles”, porque la mujer interactúa su identidad con sus experiencias diarias, con las relaciones que entabla con otros miembros de la comunidad, en cómo ella es percibida como “sujeto” y en cómo es tratada por la sociedad, una institución u otra persona.


f. Analizando el feminismo “radical” y “liberal”.


“Radical”
“Liberal”


Responde a la desigualdad entre los sexos.

Maneja su propia concepción del “problema” y de la “fuente del problema” que resulta ser el sexo.

La piedra angular de su análisis es el “grupo” o colectivo llamado “mujeres”.

El feminismo radical ve a todas las mujeres en cada mujer.

Para el feminismo radical, el sexo es una división sistemática del poder social, un principio social inseparable del sexo de los individuos, aplicado en detrimento de las mujeres porque sirve a los intereses de los hombres.

Responde a la desigualdad entre los sexos.

Maneja su propia concepción del “problema” y de la “fuente del problema” que resulta ser el sexo.

El individuo es una unidad propia de análisis.


El feminismo liberal extrae a todas las mujeres de cada mujer.

Para el feminismo liberal, el problema de la desigualdad entre los sexos, es que la ley y la costumbre distribuyen a los sexos en dos papeles sexuales arbitrarios e irracionales que limitan el potencial humano.

En resumen, la diferencia está en la dirección del enfoque; en el “acento” o “tono de pronunciación”, como diría Catherine Mackinnon, pero este acento lo es todo.

g. La crisis del concepto

La noción de género es tan problemática como polémica, y en las últimas décadas su uso se ha extendido de una manera abusiva generando, a su vez, numerosas críticas, tanto desde la perspectiva del mismo movimiento feminista como desde los académicos “varones”.

El problema de la “crisis” del concepto, radica en una de sus principales paradojas es que, a pesar de que género se define fundamentalmente por su oposición a sexo, es frecuente encontrar en textos científicos y periodísticos una simple sustitución del segundo por el primero, incluso cuando se trata de connotaciones biológicas De esta manera se elimina la potencialidad analítica de la categoría para reducirla a un mero eufemismo, políticamente más correcto.

Con razón Silvia Tubert señala que son muchas investigadoras feministas las que han subrayado las dificultades que presenta el uso indiscriminado del concepto de género, tanto en la filosofía como en las ciencias sociales.

A partir de una crítica exhaustiva de los usos y abusos de la noción de género, Joan Scout propone una definición compleja y multidimensional que reposa sobre la conexión entre dos proposiciones: el género es un elemento constitutivo de las relaciones sociales basadas en las diferencias que distinguen los sexos y también es una forma primaria de relaciones significantes de poder .

El concepto de género se pone bajo sospecha y cuestionamiento académico (respecto de su definición) por no basarse en la “naturaleza humana”; sino en una construcción cultural que tiene un (perjudicial) carácter maleable, con lo que permite que se rebase el sentido restringido (masculino/femenino) admitiendo múltiples géneros.

h. Las contradicciones en la definición.

El concepto “género” constituye una unidad de significación cuyo tratamiento consiste en referirlo, en primer término, a su inspiración en la “teoría de los géneros”, con lo cual las contradicciones comienzan a surgir.

Para definir el concepto de una mejor manera, Raquel Olea señala la necesidad de estudiarlo por “pasos”. Así el primero paso, es señalar el carácter plural de la categoría y su pertenencia a un campo teórico. El género son los géneros. El segundo paso es una suerte de definición del concepto que señalará los siguientes aspectos: el género es una forma de clasificar a los seres humanos; corresponde a una categorización biosociocultural, dentro del cual el sexo es sólo un elemento más, junto con un cúmulo de actividades, funciones, relaciones sociales, formas de comportamiento y formas de subjetividad especificas que adopta un cuerpo sexuado.

Geneieve Fraisse por su lado, señala que “género” es una palabra extraña aún para el mismo feminismo, debido a que suele creerse que posee un significado claro y universal, cuando lo cierto es que se emplea por lo menos en dos sentidos distintos y, en algunos aspectos, incluso contradictorios.

En forma autónoma, numerosas teóricas feministas señalan que la “categoría de género, a diferencia de la de sexo, no se basa en la naturaleza humana, sino que es una construcción cultural y, por lo tanto, maleable”, que como adjetivo, puede tener una connotación neutra, positiva o negativa.

Por esta situación, producto de la natural evolución de la construcción del concepto, la categoría “género”, se traspone a otro nivel, desarrollándose diferentes períodos, desde una interrogación por el carácter fijo de roles y atributos estereotipados en relación al cuerpo sexuado, hasta el análisis de las individualidades, con lo cual se genera una conclusión aceptada por numerosas feministas: “Los géneros son enumerados, sumados. Ya no es una categoría, sino una enumeración.”

i. Una definición “consensuada”.

A partir de una crítica exhaustiva de los usos y abusos de la noción de género, Silvia Tubert citando a Joan Scout propone una definición compleja y multidimensional que reposa sobre la conexión entre dos proposiciones: “el género es un elemento constitutivo de las relaciones sociales basadas en las diferencias que distinguen los sexos y también es una forma primaria de relaciones significantes de poder.”

j. La posición “masculina” a la posición feminista.

Como toda teoría académica, el “feminismo” y las teorías de género han provocado en su contraparte “biológica”, el estudio de sus conceptos, teorías y propuestas. Naturalmente las críticas, oposiciones y admisión de postulados ha sido la característica, generándose así una contraparte “teórica”.

En este contexto y separando las críticas que niegan al feminismo un valor (por estar desfasadas y equivocadas) podemos mencionar a una corriente identificada como “masculinista” en cuyo seno se debate lo relacionado con la construcción masculina de la identidad y los problemas de los hombres frente al género.

Al interior del masculinismo se identifican actualmente dos posiciones: la de los llamados “masculinistas mitopoieticos” y la de los “masculinistas profeministas”.

1) Los mitopoieticos.

Sostienen que la principal consecuencia que ha tenido la industrialización para los hombres es la ausencia del padre, lo que ha generado fallas en el proceso de identidad masculina, provocando “una herida de padre”.

Reivindican valores asociados a lo masculino como la protección, la fuerza, el trabajo y critican las imposiciones sociales de la competitividad, el egoismo, la delegación de trabajo de cuidado (de la familia) a las mujeres, la violencia .

2) Los profeministas,

Si bien comparten la preocupación por la construcción de la identidad masculina, no creen que los problemas se deriven de una “herida del padre” sino de una “herida de la madre” provocando un rechazo por lo femenino vinculado a la misoginia social.

Comparten con las feministas, la creencia de que las sociedades en las que vivimos son patriarcales y que deben
ser transformadas no sólo por el bien de las mujeres sino también por el de los hombres.

k. ¿Tiene razón el feminismo?

Dado que no somos especialistas en la materia, reproduciremos la definición que plantea Juan Manuel Burgos: “¿Tiene razón el feminismo? En parte sí y en parte no. Las feministas han visto con agudeza algunas situaciones injustas pero han exagerado tanto sus criticas que han acabado por perjudicar a las mismas mujeres a las que teóricamente querían beneficiar; además, pocas veces se han preocupado de ofrecer alternativas viables.”

Posición que compartimos, en particular con el feminismo “postmoderno”, el cual ha viabilizado las propuestas del feminismo “radical”, del feminismo “liberal”, planteando una alternativa más acorde con la realidad social que existe sobre todo en sociedades occidentales contemporáneas.


4. A MODO DE CONCLUSION.

Si analizamos las opiniones de las iniciales feministas y las feministas que fundamentan sus posiciones teóricas, podríamos llegar a plantear algunas conclusiones, importantes para el análisis de otros temas, en particular para el Derecho Tutelar Familiar.

a. El “enemigo” de las feministas no es el varón.

Todas las variables de la teoría de género omiten referirse al varón como el “enemigo” de su posición y al cual deben “vencer” para así garantizar sus derechos.

Las feministas, evalúan el contexto social y dependiendo de su posición fundamentan la situación de la mujer, procurando incrementar sus derechos, sin necesidad de limitar o perjudicar a su contraparte de género.

Si bien la situación es desfavorable para la mujer, el avance e ingreso a diferentes ámbitos sociales, profesionales o técnicos le permiten al feminismo visualizar la perspectiva futura de la mujer como sujeto de derechos, con lo cual validan sus métodos de participación en el ámbito social.


b. Se necesita que el varón participe más en el interior de la familia.

Las feministas más radicales (de los 70 y 80 del siglo pasado) son quienes proponen que el varón tenga más derechos en la crianza de los hijos porque de lo contrario limitan los “derechos” de la mujer.

Paradojas académicas que un sector de feministas no comprenden, sobre todo debido a su ignorancia en teorías dogmáticas no jurídicas, sino sociológicas, psicológicas, psiquiátricas y antropológicas.

Este sector, es pues nuestro verdadero “enemigo”, para quienes en el ámbito tutelar familiar, defendemos el derecho a tener un vínculo con nuestros hijos basado en el cariño afecto y atención directa, luego de una separación con la madre.

Estas feministas fueron quienes provocaron la justificación legal de que el hombre gane más derechos en la crianza de los hijos, en el mantenimiento de la familia (con o sin matrimonio), así como más obligaciones.

La legislación comparada de Venezuela, Argentina, Chile, Colombia asigna derechos al varón en el ámbito de la crianza, superando la tradición de sólo otorgarle reducidos derechos y sólo asignarle responsabilidades.

En este sentido y sobre el ámbito comparado nuevamente, consideramos (a noviembre 2007) que la Ley de Tenencia Compartida en el Perú, será aprobada en el corto plazo.

En este punto, a esas feministas, las gracias correspondientes.

c. Existe un sector obtuso en el feminismo

Frente al feminismo teórico académico y profesional, que esgrime con argumentos sus posiciones, así estos eventualmente puedan ser descartados o criticados, existe una posición feminista que no se ajusta a un patrón determinado.

Es aquel sector que sobre las injusticias sociales, sobre los intereses personales y, sobre todo, la ignorancia de muchos en la sociedad, plantean sus posiciones y lanzan sus teorías, particularmente vinculadas al ámbito político.

Este sector no produce teorías ni políticas ni sociológicas ni jurídicas. Sólo fundamenta en el ámbito del discurso público y del debate político.

Es un sector determinado que busca notoriedad a costa de un discurso y una “imagen”. Eventualmente han pasado por situaciones críticas y han sido “víctimas” de alguna situación como “mujer” (maltrato familiar, violación o despido laboral)

Cuando se les solicita determinar una posición y fundamentarla en el ámbito profesional o académico, estas “feministas” arrastran a las verdaderas militantes a un cuestionamiento generalizado, sin considerar que sus intereses perjudican la lucha de “género” que tanto pregonan.

A estas feministas y a este “sector” lo denominaremos (arbitrariamente) feminismo “obtuso”, porque no tiene ángulo alguno para justificar su posición, más allá de una posición personal, individualizada o populista en términos políticos.

Estas feministas en forma adicional, generan otra característica: cuestionan todas las críticas al feminismo y a los autores de las críticas, incurriendo en una conducta cuestionable, al “investigar” el ámbito personal de cada investigador, para desmenuzar su “interior” y explicar la causa que provocase su planteamiento, en un intento de justificar su posición o defensa de teoría. El caso más evidente ha sido la posición de las feministas contra Richard Gardner, acusándolo de idear teorías promotoras de la pedofilia o justificadoras de agresiones sexuales contra la mujer.

Estas feministas son las seguidoras de personalidades públicas identificadas con la “lucha de género” y la “defensa de los derechos de las mujeres”. Estas “señora-ley” que abundan en la mediocridad de sus ideas, bien pueden ser las que terminen por negar la justa aspiración de las verdaderas feministas, de ver en la sociedad equidad en el trato e igualdad de oportunidades.



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