- ¿Por qué, Mimi? – Kari hablaba con los ojos cerrados y con la cara enterrada en la almohada.
A veces, Mimi pasaba la noche en casa de Kari. Más que nada se la pasaban susurrando nombres, hechos, recuerdos y planes futuros en medio de un profundo silencio, interrumpido a menudo por los ladridos de Shadow, el labrador blanco – sí, blanco- de Kari que dormía en la azotea, castigado a menudo por no saber aún dónde queda “el baño”. Casi nunca recordaban, a la mañana siguiente, en qué momento se habrían quedado dormidas ni en qué habrá quedado la conversación. Era algo así como una terapia, un desfogue y una actualización rápida de la semana.

- El otro día – Kari se incorporó de repente – Yuki me dijo que estaba interesado en aprender Judo y que lo recomendara donde yo practico.
- ¿Ah sí? ¡Qué genial! Parece que la única que no hace artes marciales soy yo.
- No te veo sudando ni golpeando ni cayendo ni gritando “¡Kiai!”.
- La verdad, no. Así que… Yuki.
- Ah. – Kari enterró la cara en la almohada de nuevo.
- Jaja, ¿por qué tienes las orejas rojas, Kari? – Mimi hacía una voz graciosa.
- Touché…
“Recibí una llamada suya hace dos semanas. Quería pedirme su opinión en cuanto a un supuesto cambio de ropero y la venida del otoño. Tú debes conocerlo mejor que yo, Yuki realmente se dedica a su imagen. Elige muy bien su ropa, pero me dijo (directamente) que yo tenía un excelente gusto y que quería que le acompañe de compras. Se disculpó de antemano, pues me dijo que demoraría muchas horas. Digamos que eso no era una molestia alguna, yo mismo demoro cerca de cuatro horas en comprar un polo. Nos encontramos en la puerta del primer –escuchaste bien- centro comercial. Su look rock me llamó la atención, pero me sorprendió que estuviera sosteniendo dos frappuccinos helados de fresa. ‘Necesitaremos energía y una gran sonrisa’ me dijo, mientras me ofrecía su brazo. Me gustó eso. Me gustó mucho.”
- ¡A-wooo! – Mimi levantaba los brazos como si estuviera en la montaña rusa.
- ¿Qué?
- Lo dijiste…
- ¿Qué cosa? Estás loca.
- Dijiste que te gustó.
- Pues… - Kari parpadeaba y giraba la cabeza- parece que lo dije. Pero dije que me gustó ese gesto. Es un chico atento.

“Le pregunté cómo así se animó a llamarme a mí y no a Taka. Me sorprendió aún más que me dijera que quería invitarme indirectamente un café para charlar y pasar una tarde agradable. En ningún momento parecía nervioso. No me miraba a los ojos, miraba la ropa o el camino mientras hablaba. De vez en cuando me miraba para regalarme una discreta sonrisa. Me gustaba caminar del brazo con él, sentía como si fuera un amigo de siempre, de toda la vida. Me ofreció ver ropa para mí…”.
- ¿Eeeeehh? – Mimi no podía creer lo que escuchaba, ¿así son las chicas?
- No sé si solo intentaba ser amable, ¿así es él siempre?
- ¡JAMÁS! – Mimi no regala crédito – El siempre camina y camina callado.
- Ya veo. Escucha, necesito decirte algo, pero quiero que quede claro así que si tienes alguna duda, pregunta y sigue preguntando, por favor. –Kari se incorporaba lentamente hasta sentarse sobre sus rodillas en la cama.
“Desde hace mucho tiempo no estoy interesada en nadie en especial. Los chicos me parecen muy predecibles cuando tratan a una chica. Me aburre, aunque a veces me entretiene. Lo único que hacen es hablar de sí mismos todo el día. No es que yo quiera hablar de mí misma y que alguien me escuche. No es eso. Sin embargo, a mí me impresiona una persona que no solo sabe, sino que realmente quiera escuchar.”
- Y Yuki… - Mimi parecía disculparse con su tono de voz.
Kari dejó caer su cabeza en la almohada por última vez. Sus orejas estaban rojas.











A Kari le gusta Yuki!
Y lo mejor...
A Yuki le gusta kari!
Siento que el blog cambio de rumbo, comparado con cuando lo empece a leer por ello del 25 de junio del año pasado... Pero creo que ahora me gusta mas.
¿Ya no habra relatos cortos? ¿O dialogos en la terraza?
Y por cierto, que es un polo?