Muchas veces al caminar por las calles de nuestro distrito nos encontramos con algunas cosas que creemos deberían mejorar o simplemente cambiar: aquella pista que debería ser reparada, aquel cruce de calles sin semáforo, aquellas veredas en mal estado, etc. A veces simplemente nos quejamos del tráfico excesivo, del estruendoso sonido causado por las “combis”. Nuestras demandas son diarias y constantes,.siempre logramos detectar un defecto que desde nuestro punto de vista debería estar solucionado a la mañana siguiente, pero pronto nos damos cuenta que el inconveniente persiste, que el problema sigue. Así qué, como método de defensa nos olvidamos del defecto que vimos, notamos u oímos, total, tenemos muchas otras preocupaciones personales, familiares, amorosas, etc. Ahora bien, alguna vez te haz preguntado si podemos hacer algo o simplemente haz dicho ¡ah, que pérdida de tiempo!

Sin duda en nuestros distritos siempre hay algo que es susceptible de mejora, y muchas veces las ideas o soluciones están en nosotros. Es cierto que elegimos autoridades para que se encarguen de la gestión pública, sin embargo, nosotros también estamos llamados a aportar en nuestros vecindarios. No es usual que lo hagamos, pero si releemos nuestra norma suprema, encontraremos que es derecho y deber de los vecinos participar en el gobierno local. Una de las opciones es participar a través de las llamadas juntas vecinales.

¿Pero qué es una junta vecinal? Un mecanismo interesante de democracia directa, donde se ve reflejado el derecho de participación, fiscalización y vigilancia. También son consideradas espacios de descentralización municipal donde los ciudadanos pueden hacer que sus reclamos encuentren una solución. Lamentablemente, esta herramienta puede llegar a pasar desapercibida por los ciudadanos, al igual que otros mecanismos de democracia directa. Hay que recordar que los griegos llamaron “idiotés” a quienes no participaban aportando a su comunidad, era una palabra que significaba persona aislada, obsesionada por las pequeñeces de su hogar. Si bien su significado actual es otro, nos sirve para reflexionar que vivimos juntos y en sociedad, donde cada uno es responsable por el desarrollo de nuestro pueblo.

El Problema

Nuestra comuna, sobre la cual casi ya no se siente ninguna relación de pertenencia; esa municipalidad, a la que vemos de lejos y que pensamos que no tiene nada para nosotros, que solo nos sirve para realizar un par de trámites que nos resultan engorrosos y que nos trae más de un dolor de cabeza;.esa comuna, a la que detestamos más de una vez al año, porque nos cobra arbitrios, porque no cuidó bien nuestro hogar, porque serenazgo no llegó a tiempo, porque nuestro parque está dejando de ser verde y que para colmo nuestra zona residencial está dejando de serla debido al boom inmobiliario, donde los grandes edificios nos tapan las maravillosas vistas que solíamos tener o que creímos tener.

Diariamente cuando escuchamos las noticias nos sentimos desalentados, creemos que el Estado no está allí para nosotros, que la ley una vez más es lírica y que estamos muy lejos de lo que Basadre llamaba “Estado en forma”. Casi nunca perdemos la oportunidad de culpar a la mala gestión del gobierno de turno. Y en reuniones sociales solemos decir qué es lo que debería hacer o no hacer el Estado, nos convertimos por un momento en grandes estadistas. Sin embargo, dichas intervenciones no tienen mayor relevancia y generalmente nuestros comentarios no pasan de ser un eso, un comentario más.

Es cierto que paramos quejándonos sin hacer nada a cambio por nuestra sociedad. Quizás recoger un poco de la virtud ciceroniana, y ser catalogados como hombres virtuosos nos vendría bien, ya que participaríamos más en la vida pública. Ahora en cambio hay crisis de participación, y ésta se ha convertidos en una de las actuales características de nuestro país, lo que es alarmante sobre todo en la población juvenil.

Al parecer vivimos en un círculo vicioso en el que estamos envueltos, diariamente, sin saber qué hacer o sin tener las ganas suficientes para poder cambiar las cosas. Todo el desinterés en el cual se encuentra sumida la mayor parte de la población, disminuye las probabilidades que algún mecanismo de participación vecinal triunfe. Pero, es importante rescatar que nuestra legislación sí considera que nuestra participación es importante, porque ello ayuda a construir la democracia.

Legislación

Recordemos que no somos seres asociales, somos parte de una comunidad que necesita de nuestras ideas y sugerencias. La falta de voluntad política por parte de nuestros gobernantes debe ser paleada por nuestra solidaridad y compromiso social. Hay que dejar de pensar en que los problemas del otro no nos atañen. Vivimos en comunidad, en un mundo globalizado lleno de conflictos donde el “IUS” está allí para ayudarnos a vivir en armonía.

Nuestra constitución toma en cuenta lo antes dicho y establece en su artículo 31º que es derecho y deber de los vecinos participar en el gobierno municipal de su jurisdicción. Ese artículo precisamente da cabida a las juntas vecinales y es en ese sentido que la Ley Orgánica de Municipalidades (LOM) contempla que los vecinos de una circunscripción municipal pueden intervenir en forma individual o colectiva en la gestión administrativa del gobierno municipal a través de mecanismos de participación vecinal, de conformidad con la Constitución y la respectiva ley de la materia. Así que para aquellas personas que suelen tener soluciones el Derecho prevé la junta vecinal, mecanismo que busca representar organizadamente a los vecinos de una determinada jurisdicción, desarrollando sus actividades de manera gratuita y conjunta, y promoviendo la aplicación de la ley a favor del desarrollo comunal, de una adecuada Gestión Municipal y en defensa de sus Derechos Vecinales y Comunales. Sin embargo, hay una escasa divulgación de la Ley Orgánica de Municipalidades y son muy pocos los que saben acerca del tema, no llegándose entonces a cumplir con los objetivos de nuestras normas.

El año pasado se pudo constatar que solo 18 distritos habían cumplido con institucionalizar las juntas vecinales. Es decir solo un 36% había cumplido con ese deber. Lo que refleja gran desinterés tanto de las autoridades municipales, como de los vecinos. Inclusive se ha podido comprobar que lamentablemente muchas municipalidades recortan la participación ciudadana con el pretexto de que no se encuentran reglamentadas las formas de participación de los vecinos. En resumen, no hay fomento de participación ciudadana por parte de la mayoría de las municipalidades, y del otro, no hay el menor interés de parte de la mayoría de los vecinos.

Para construir democracia es necesario que la participación ciudadana no solo se dé en los procesos electorales. Es necesaria que aquella participación se mantenga constante en el tiempo. El poder local es desde donde los ciudadanos pueden de manera más efectiva hacer prevalecer la soberanía democrática sobre los grandes procesos globales que les afectan. He allí donde radica la importancia de las juntas vecinales, mediante las cuales se logra asegurar el derecho de participación de los vecinos en la gestión municipal.

Una demostración de lo efectiva que resulta la participación ciudadana en el gobierno local a través de las juntas vecinales, es la intervención de éstas en la seguridad ciudadana. En algunos distritos han resultado ser, los aliados perfectos de la Policía Nacional del Perú y las municipalidades. Y es que los vecinos comprendieron que la seguridad ciudadana no sólo es un término de moda, sino que se trata de una tarea de todos.

Estas agrupaciones se han convertido en los ojos y oídos de las autoridades, que, gracias a la información proporcionada, pueden elaborar, focalizada y eficazmente, sus planes de acción para luchar contra la delincuencia. Un ejemplo claro donde la participación ciudadana, se vuelve clave del desarrollo sostenible.

Importancia

En estos tiempos donde el compromiso social es casi inexistente entre la juventud, donde el interés por la política y la participación ciudadana es relegado al último plano dentro de las prioridades de un joven, suena paradójico leer o escuchar hablar de diversos programas que vienen realizando los países más desarrollados del mundo. Éstos se preocupan por fortalecer la participación ciudadana, de establecer políticas públicas pro-participación, de hacer llegar las ideas de cada uno de sus ciudadanos para construir mejores naciones. Sin embargo, los gobiernos de nuestro país no muestran suficiente voluntad política para hacer de la participación ciudadana una realidad. Simplemente no constituye una prioridad. Por un lado el Estado no se preocupa del tema, pero los ciudadanos tampoco muestran el interés suficiente para hacer que el Estado actúe.

En Madrid, la Dirección General de Participación Ciudadana, tiene como objetivo fundamental fomentar la cultura de la participación, tanto en la propia organización municipal como en la sociedad madrileña. Para ello, ha creado el Reglamento Orgánico de Participación Ciudadana, un marco jurídico para impulsar este nuevo modelo de gestión. Son iniciativas que desde luego redundan en el desarrollo del país.

Nadie duda de la madurez en términos de prácticas democráticas en Europa, especialmente en Suiza., podría decirse que Latinoamérica es una 'mujer joven' en cuanto a democracia y una 'adolescente' en democracia directa.

Zovatto explicó que, si bien desde hace casi tres décadas América Latina está sumida en un proceso permanente de 're-democratización', en términos de mecanismos de participación directa, es recién desde los '90 que comenzó a aplicarlos.

La participación ciudadana es necesaria para consolidar la democracia. Y así lo han entendido los países desarrollados que la fomentan. Al parecer nuestras leyes plasman su importancia. Pero a pesar de ello no contamos con políticas claras que ayuden a ser realidad nuestras normas