
Era uno de los primeros días de Agosto cuando sucedió todo realmente rápido. Sin querer había dejado uno que otro relato en el cajón de Yuna muy temprano antes de irme, se traspapelaron con documentos que le había ayudado a tramitar y uno que otro recibo de cafés y de la compra de su última agenda, de esas que les gusta a las chicas vanidosas. Tal vez, creo que tal vez fue el error más grande que cometí porque jamás había expresado mis sentimientos hacia ella de una manera tan sincera como en esos relatos y eso era algo que nos habíamos prometido para que nada de lo que teníamos se eche a perder. Obviamente, a Yuki no le parecía porque mi rostro melancólico se volvía un hábito, tanto así que bolsas negras aparecieron bajo mis ojos en esa época y curiosas notitas en mi cuaderno del último año de universidad.
Imagino que las habrá leído. Todas. Y su sonrisa burlesca si iría borrando lentamente hasta convertirse en una cara seria y suspiros de "ay, no..." aparecerían cada vez que yo mencionara su nombre, abrazado de sentimientos escritos en un papel antiguo, como si ella se encontrara a miles de miles de kilómetros de mí, o perdida en el tiempo, lejos de mi alcance. Imagino también que habrá destruído los papeles uno a uno "para borrarlos de aquí". Y no me habría dicho nada, absolutamente nada luego. Ni siquiera sentí algún cambio en ella que la delatara. Y yo ni cuenta, ni cuenta. Pero yo fui el que rompió la promesa porque me enamoré de ella perdidamente, cuando lo único que pactamos fue que yo sería solo su "protector" y yo, idiota que pensé que eso me bastaba, accedí. Pensé que sería la relación adecuada entre un iluso como yo y alguien que necesitaba que la cuiden. Pero desde el principio estuve equivocado.
El día que las palabras que estaban escritas se convirtieron en palabras narradas frente a frente, ella suspiró mirando al piso con una media sonrisa, como diciendo "sabía que este momento llegaría tarde o temprano". Sentimientos así no se pueden ocultar o intercambiar por otros, el corazón pesa demasiado y el pecho pareciera que va a explotar. Pude aligerar la carga cuando se lo contaba a mis amigos, hasta que un día me di cuenta que de Yuna era de lo único que hablaba. Me senté en mi cama luego de colgar el celular cuando hablaba con mi primo respondiéndole "es complicado" cuando me preguntó si tenía novia, para que vaya a la reunión familiar. Ese día le mandé un SMS a Yuna con un "No es justo" nada más. Pensaba por qué todos - hasta los que no se lo merecen - tienen un amor esperanzador, mientras que el mío era triste y amargo. Me hice acordar al monólogo de Yamada y pensé "es complicado". Es complicado.
Al día siguiente nos vimos solo para decirnos adiós. Era suficiente. Escuché o leí en algún lado que las personas más difíciles de amar son las que más necesitan amor. Quería dar todo lo que yo tenía, pero Yuna no lo quería. Pero quería que me quede a su lado, entregándole mi vida, mi juventud, mi sonrisa. Le dije "basta" y ella asintió. Me dio un sobre blanco nada más, y un beso de despedida, o yo se lo di, no recuerdo muy bien. Di un paso atrás, otro, media vuelta y seguí caminando. Y caminé hasta más allá de mi casa, hasta más allá de nuestro lugar hasta que me cansé tanto que los hombros me ardían, me dolía la cabeza. Miré atrás para ver qué había y no había nada. No esperaba que haya nada tampoco. Y así fue como pasó.
El auto de Yuki atravesaba la carretera velozmente, era muy extraño pero parecía que fuésemos los únicos en la ciudad. Lo miré, fumando el último cigarrillo que he fumado (hasta ahora) y le dije "gracias". Pero no hubo respuesta, no parecía molesto ni fastidiado, tenía una sonrisa medio afligida en la cara. Solo me miró y se rió un rato. Tal vez habrá pensado "espero que no vuelvas a lo mismo de antes, idiota". Quién sabe, a veces, así soy yo la mayoría del tiempo.








