27/03/09: Políticas de acción afirmativa en la educación superior: un camino hacia la equidad
Muchos alumnos sufren malos tratos al hablar quechua en público. Algunos se amanecen leyendo en voz alta para practicar su castellano y evitar evidenciar su origen.
Por: Santiago Alfaro
Desde hace algunos años, la Fundación Ford viene auspiciando el Programa “Caminos a la Educación Superior” (Pathways for Higher Education) en diversas universidades de Asia, África y América Latina. Inspirado en las políticas de “acción afirmativa” aplicadas en el sistema educativo de Estados Unidos a partir de la promulgación de la Ley de Derechos Civiles (1964), este programa busca promover y ampliar las posibilidades de los miembros de grupos históricamente discriminados para ingresar, permanecer y egresar de la educación superior.
Aunque los resultados de estos esfuerzos estén aún por llegar, la experiencia de Estados Unidos demuestra que los programas de acción afirmativa han contribuido a reducir inequidades intergrupales. En ese país, solo 4% de los afroamericanos mayores de 25 años habían llegado a completar cuatro años de estudios superiores en 1964, comparados con 10% de blancos dentro del mismo grupo de edades. Para 1993, luego de tres décadas de acciones afirmativas, la cifra de afroamericanos en las universidades se incrementó hasta 12%. La llegada a la Casa Blanca de una persona de color no es, por tanto, un fenómeno espontáneo, sino producto de la formulación de políticas encaminadas a eliminar la discriminación. De hecho, Barack Obama fue beneficiario de este tipo de medidas.
En el Perú, la Universidad Nacional San Antonio Abad del Cusco (UNSAAC) y la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga (UNCSH) lo vienen implementando desde el 2005 y el 2007, respectivamente, como un Programa de Apoyo Académico (PAA) dirigido a estudiantes de origen indígena (quechua y amazónico). El Hatun Ñan (Gran Camino), tal como es conocido en ambas universidades, consiste en el ofrecimiento de, entre otros servicios, tutorías personalizadas, charlas de orientación vocacional, cursos de nivelación y reforzamiento de conocimientos, levantamiento de indicadores educativos, talleres de formación en derechos humanos y apoyo a actividades extracurriculares.
La finalidad es posibilitar que aquellos alumnos pertenecientes a comunidades indígenas puedan elevar sus niveles de aprendizaje, aprobación y titulación en el pregrado, para que luego puedan acceder, permanecer y egresar de niveles posgrado. En el caso de la UNSCH, con ello también se busca reparar los daños ocasionados por el conflicto armado interno dando a las víctimas directas e indirectas oportunidades para movilizarse socialmente.
Ahora bien, hablar de “culturas indígenas” podría resultar una entelequia si se considera que, a diferencia de los kichuas de Ecuador o los aimaras de Bolivia, los pobladores de la región andina de nuestro país no usan esa etiqueta para definir sus identidades. Por ello, el criterio para seleccionar a los beneficiarios de este programa fue el de lengua materna y lugar de origen. En efecto, aquellos que hablan idiomas vernáculos y viven en áreas rurales, son los que sufren un mayor grado de exclusión. Según la ENAHO 2001, los indígenas (aquellos con lengua materna ajena al castellano) tienen 40% más de probabilidades de no alcanzar el nivel educativo superior comparados con la población no indígena. Y cuando ingresan a la UNSAAC, según datos del Hatun Ñan, solo 4,1% de ellos logran el título profesional y 0,1% ingresan a estudios de posgrado. En la UNSCH sucede algo parecido.
Esta realidad evidencia que todavía la sociedad y el Estado peruano están organizados de tal manera que discriminan a sus ciudadanos por su pertenencia cultural. Desmontar esta arquitectura del desprecio heredada de la Colonia exige trascender las versiones neoindigenistas (“Perú: país de los Incas”) o de naíf vanagloria (“Perú: país de todas las sangres”) sobre nuestra diversidad cultural para adoptar otras que afronten directamente las raíces de la desigualdad.
En ese sentido, el Hatun Ñan se proyecta también como un laboratorio de ideas y como una plataforma de difusión de la problemática indígena, ya que otra de sus funciones es investigar sobre las razones de las dificultades de aprendizaje de los alumnos, así como proponer medidas para eliminar el racismo en las universidades. Esto último se justifica debido al poco prestigio que aún ostentan expresiones culturales locales como el quechua. Además de no ser obligatoria su enseñanza en facultades como la de Derecho (cuna de futuros jueces), muchos alumnos sufren malos tratos al hablarlo en público. Por lo mismo, hay casos en los que algunos se amanecen leyendo en voz alta para practicar su castellano y evitar cometer “errores” y evidenciar su origen. Como lo señala uno de ellos, “el quechua duele”.
Diferencia para la igualdad
Las acciones afirmativas permiten garantizar la igualdad de oportunidades y la pluralidad cultural. Así lo cree no solo gran parte de la sociedad civil estadounidense, sino también la comunidad de negocios. En el 2003, más de 60 corporaciones expresaron su apoyo a la política de la Escuela de Leyes de la Universidad de Michigan ante la Corte Suprema de Justicia en el caso Grutter contra Bollinger. Dicha escuela había sido demandada por Bárbara Grutter, aspirante a estudiante de raza blanca, debido a que, según ella, las políticas de acción afirmativa le dieron una preferencia “injusta” a otras personas pertenecientes a minorías étnicas, impidiendo su ingreso a la universidad.
La Corte falló a favor de la universidad, alegando que el uso de la raza como criterio de preferencia en la admisión era constitucional debido a que su objetivo era “lograr tener un cuerpo estudiantil diverso” y no se establecía mediante cuotas, por lo que era suficientemente “flexible” como para tomar en cuenta otras competencias de los candidatos.
En uno de los “amicus” o documentos de respaldo presentados en la Corte, 65 corporaciones del Fortune 500 consideraron que las acciones afirmativas eran de interés apremiante para desarrollar una fuerza laboral diversa capaz de “facilitar aproximaciones únicas y creativas para la solución de problemas, integrando diferentes perspectivas”. A la vez, expresaron que “los individuos educados en un entorno diverso tienen más probabilidades de contribuir a ambientes de trabajo positivos, disminuyendo incidentes de discriminación y estereotipo”.
Las empresas peruanas socialmente responsables podrían seguir este ejemplo comprometiéndose en el desarrollo de programas como el Hatun Ñan. Las acciones afirmativas por sí solas no transforman estructuras sociales excluyentes, pero deben tenerse en cuenta como una alternativa para impulsar la equidad en la educación superior y como posibles medidas de reparación de injusticias históricas. La longitud del Gran Camino no nos exime de recorrerlo.
En el Perú, la Universidad Nacional San Antonio Abad del Cusco (UNSAAC) y la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga (UNCSH) lo vienen implementando desde el 2005 y el 2007, respectivamente, como un Programa de Apoyo Académico (PAA) dirigido a estudiantes de origen indígena (quechua y amazónico). El Hatun Ñan (Gran Camino), tal como es conocido en ambas universidades, consiste en el ofrecimiento de, entre otros servicios, tutorías personalizadas, charlas de orientación vocacional, cursos de nivelación y reforzamiento de conocimientos, levantamiento de indicadores educativos, talleres de formación en derechos humanos y apoyo a actividades extracurriculares.
La finalidad es posibilitar que aquellos alumnos pertenecientes a comunidades indígenas puedan elevar sus niveles de aprendizaje, aprobación y titulación en el pregrado, para que luego puedan acceder, permanecer y egresar de niveles posgrado. En el caso de la UNSCH, con ello también se busca reparar los daños ocasionados por el conflicto armado interno dando a las víctimas directas e indirectas oportunidades para movilizarse socialmente.
Ahora bien, hablar de “culturas indígenas” podría resultar una entelequia si se considera que, a diferencia de los kichuas de Ecuador o los aimaras de Bolivia, los pobladores de la región andina de nuestro país no usan esa etiqueta para definir sus identidades. Por ello, el criterio para seleccionar a los beneficiarios de este programa fue el de lengua materna y lugar de origen. En efecto, aquellos que hablan idiomas vernáculos y viven en áreas rurales, son los que sufren un mayor grado de exclusión. Según la ENAHO 2001, los indígenas (aquellos con lengua materna ajena al castellano) tienen 40% más de probabilidades de no alcanzar el nivel educativo superior comparados con la población no indígena. Y cuando ingresan a la UNSAAC, según datos del Hatun Ñan, solo 4,1% de ellos logran el título profesional y 0,1% ingresan a estudios de posgrado. En la UNSCH sucede algo parecido.
Esta realidad evidencia que todavía la sociedad y el Estado peruano están organizados de tal manera que discriminan a sus ciudadanos por su pertenencia cultural. Desmontar esta arquitectura del desprecio heredada de la Colonia exige trascender las versiones neoindigenistas (“Perú: país de los Incas”) o de naíf vanagloria (“Perú: país de todas las sangres”) sobre nuestra diversidad cultural para adoptar otras que afronten directamente las raíces de la desigualdad.
En ese sentido, el Hatun Ñan se proyecta también como un laboratorio de ideas y como una plataforma de difusión de la problemática indígena, ya que otra de sus funciones es investigar sobre las razones de las dificultades de aprendizaje de los alumnos, así como proponer medidas para eliminar el racismo en las universidades. Esto último se justifica debido al poco prestigio que aún ostentan expresiones culturales locales como el quechua. Además de no ser obligatoria su enseñanza en facultades como la de Derecho (cuna de futuros jueces), muchos alumnos sufren malos tratos al hablarlo en público. Por lo mismo, hay casos en los que algunos se amanecen leyendo en voz alta para practicar su castellano y evitar cometer “errores” y evidenciar su origen. Como lo señala uno de ellos, “el quechua duele”.
Diferencia para la igualdad
Las acciones afirmativas permiten garantizar la igualdad de oportunidades y la pluralidad cultural. Así lo cree no solo gran parte de la sociedad civil estadounidense, sino también la comunidad de negocios. En el 2003, más de 60 corporaciones expresaron su apoyo a la política de la Escuela de Leyes de la Universidad de Michigan ante la Corte Suprema de Justicia en el caso Grutter contra Bollinger. Dicha escuela había sido demandada por Bárbara Grutter, aspirante a estudiante de raza blanca, debido a que, según ella, las políticas de acción afirmativa le dieron una preferencia “injusta” a otras personas pertenecientes a minorías étnicas, impidiendo su ingreso a la universidad.
La Corte falló a favor de la universidad, alegando que el uso de la raza como criterio de preferencia en la admisión era constitucional debido a que su objetivo era “lograr tener un cuerpo estudiantil diverso” y no se establecía mediante cuotas, por lo que era suficientemente “flexible” como para tomar en cuenta otras competencias de los candidatos.
En uno de los “amicus” o documentos de respaldo presentados en la Corte, 65 corporaciones del Fortune 500 consideraron que las acciones afirmativas eran de interés apremiante para desarrollar una fuerza laboral diversa capaz de “facilitar aproximaciones únicas y creativas para la solución de problemas, integrando diferentes perspectivas”. A la vez, expresaron que “los individuos educados en un entorno diverso tienen más probabilidades de contribuir a ambientes de trabajo positivos, disminuyendo incidentes de discriminación y estereotipo”.
Las empresas peruanas socialmente responsables podrían seguir este ejemplo comprometiéndose en el desarrollo de programas como el Hatun Ñan. Las acciones afirmativas por sí solas no transforman estructuras sociales excluyentes, pero deben tenerse en cuenta como una alternativa para impulsar la equidad en la educación superior y como posibles medidas de reparación de injusticias históricas. La longitud del Gran Camino no nos exime de recorrerlo.
Fuente: http://www.poder360.com
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juan escribió: