"Un sismo que alcanzó los 6.4 grados en la escala de Richter se dejó sentir esta madrugada en varias ciudades de la costa peruana y algunas del surandino. (...) Este es el mayor movimiento telúrico que se registra en el Perú durante el 2006. Según el reporte del Instituto Geofísico del Perú (IGP), este nuevo remezón se registró a las 05:48 a.m. (hora peruana) y logró una intensidad de 5 grados en la escala modificada de Mercalli en las provincias de Chincha y Pisco." (De El Comercio, 18.10.06)


A decir verdad, esto no habría tenido mucha importancia en mi rutina diaria, de no ser sido porque el inicio del movimiento telúrico en cuestión -que a mí sólo me provocó una apertura e inmediata cerrada de ojo- no hubiese estado seguida de un inmediato:



- TOC TOC TOC TOC TOC TOC TOC TOC TOC TOC TOC!!!!! (porrazos en mi puerta)
- Aaaaaahh....? (dicho por mí con voz de ultratumba)
- Dani, Dani... ¡¡¡TEMBLOR!!!
- Sí, mamá, YA ME DI CUENTA.


Este amoroso y muy sentimental diálogo, llevado a cabo a las 5:50am, anuló cualquier rezago de posibilidad de que pudiera cerrar el ojo nuevamente, así que no me quedó otra que abrir mi puerta, salir a ver a mis papás, tranquilizar a mi madre y sentarme, con cara de 'me ca...igo de sueño' pero ya sin la posibilidad de continuarlo, en mi laptop, la cual había dejado prendida porque había estado trabajando en ella la noche anterior.

Por supuesto, siendo las 11:35am, estoy empezando a creer que mi laptop de la oficina es blandita y podría servir muy bien de almohada.

No sé ustedes, pero a mí los temblores nunca me han causado mayor terror. Nunca me he visto en un terremoto, el último que ha habido en estos lares ocurrió unos 4 años antes de que naciera, pero tengo varios temblores fuertecitos en mi haber. Más aún considerando que he sido de los privilegiados que, durante bastante tiempo, ha vivido en edificios (actualmente vivo en un octavo piso) y trabajado en torres (hasta hace poco, trabajaba en un octavo piso también, pero de allí bajé a un cuarto piso). Por lo tanto, experiencia con remezones fuertes tengo. Es muy gracioso ver cómo, ante un buen sacudón de nuestra Pachamama, la cara se le transforma a varios compañeros de la oficina y dejan lo que sea en busca de la escalera más cercana.

En lo particular, yo me paro y me alejo de cualquier ventana o fluorescente pero, más allá de eso, no hago nada. Si la cosa sigue de largo, empiezo a caminar tranquilamente hacia la salida. Si la cosa es sólo un sacudón, en cambio, me quedo en mi sitio y sigo con lo mío, como si nada hubiera pasado. De hecho, salvo el sacudón, no ha pasado nada, ¿verdad? Mi mamá, en cambio, es de las que realmente se aterra. En casa, era comprensible con mi abuelita -cuando estaba enferma- y ahora con mi papá, quien se mueve en silla de ruedas; sin embargo, aún en la oficina, mi mamá realmente se paniquea con un temblorcito. Está en su carácter y en sus miedos, ¡qué se le va a hacer!

Lamentablemente, lo anterior significa que, en casa, un temblor puede reemplazar perfectamente a un despertador y a su correspondiente café mañanero, gracias a mi amada progenitora. Por cierto, y por favor, alguien alcánceme un bidón de café y una vía que vaya directo a la yugular.

Definitivamente, tengo que mandar a hacer un cartelito que diga: "En caso de sismo... FAVOR NO JOD...".



~ El Doc
Antisísmico, pero telúrico




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