Once Minutos

La novela está llena de generalizaciones y tiene diálogos muy forzados; el diario de María —la prostituta—, desde un inicio, no parece haberlo escrito una mujer de poca instrucción sino una mujer estudiosa que intercala sus vivencias con reflexiones e, incluso, prácticas de estilo oriental.
Desde la narrativa, la única frase que me deja al oído es: “… y aunque sufra por culpa de los hombres a los que entregué mi corazón, veo que aquellos que tocaron mi alma no consiguieron despertar mi cuerpo, y quienes tocaron mi cuerpo no consiguieron llegar a mi alma”.
Un libro más de Coelho que incluye el “Camino de Santiago”, un argumento trillado. ¿Andar por este lugar es la única manera de alcanzar una reflexión de vida? Esta vez, el famoso camino de peregrinación pasa por la ciudad, de Suiza, donde vive María.
A pesar que la novela me deja un sinsabor, podría estimular el recuerdo del anecdotario.
María se comporta de acuerdo al perfil de sus clientes, como:
La Niña Ingenua, que mira al hombre con admiración, y finge estar impresionada con sus historias de poder y de gloria.
La Mujer Fatal, que ataca a aquellos que se sienten más inseguros, pero que al reaccionar así, tomando el control de la situación, hace que se sientan más cómodos, porque ellos no tienen que preocuparse por nada más.
La Madre Comprensiva, que cuida de los que necesitan consejo y escucha, con aire de quien lo comprende todo, historias que le salen por un oído y le salen por otro.
Y también clasifica a sus clientes, en base a títulos de películas, en tres tipos:
Los Terminator, que entraban oliendo a bebida, fingían que no miraban a nadie pero creían que todo el mundo los miraba, bailaban un poco e iban directo al asunto del hotel.
Los Pretty Woman, que pretendían ser elegantes, amables, cariñosos, como si el mundo dependiese de ese tipo de bondad para volver a su sitio, como si estuviesen caminando por la calle y entrasen por casualidad a la discoteca; eran dulces al principio, e inseguros cuando llegaban al hotel, y por culpa de eso, siempre eran más exigentes que los Terminator.
Los Padrinos, que trataban el cuerpo de una mujer como si fuese una mercancía; eran los más auténticos, bailaban, charlaban, no dejaban propina, sabían lo que estaban comprando y cuánto valía, jamás se dejarían llevar por la conversación de ninguna mujer que escogiesen; éstos eran los únicos que, de manera muy sutil, conocían el significado de la palabra Aventura.
Publicado el 15/03/09 por edgarvelarde | Categoría: Arte | Visto 1639 veces |
Etiquetas : Once Minutos, Paulo Coelho

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