El perfume de las féminas. El recuerdo varonil

La peor huella que puede dejar una mujer es el perfume. Sea el que fuese, cautiva como desmorona la cordura y hace exhalar el aliento al recuerdo. Más aún si el perfume que persives es el que usó la misma mujer que alguna vez te enamoraste.
Aunque la fragancia sea dulce, los recuerdos son àcidos al saber que volvemos al pasado para estrellarnos con el presente. Con el presente de que esa chica no está más o de que recuerdes los momentos cálidos que aún perduran.
Los lugares más frecuentes para sentir el aroma del perfumen femenino son las bibliotecas, los malls, en la propia mano cuando una chica cualquiera te saluda y el olor se impregna en la piel. A mi parecer, el lugar menos recomendable es el asensor. No puede huir. Aguantas los ocho o seis pisos al costado del perfume. O pasa que entras al asensor y no hay nadie más que tu reflejo en el espejo y ves como el rostro se te transforma con una sonrisa enamoradiza del pasado.
Algo inexplicable es que, cuando sientes ese aroma, te dan las ganas empedernidas de enamorar a la chica que lo usa, a pesar que no sea la misma persona que su perfume hace recordar. Es actuar sin reconocer que un clavito sacó a otro. Y pablito se enamoró de una chica que su perfume la rocía en recuerdo.
Creo que es una estratagema vil de las mujeres. La industria del perfume lo debe saber bien. Tengan un poquito más de piedad.
Etiquetas : Reflexion masculina, Sobre la belleza

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