Yo me enamoré de la señorita Scholl un viernes-martes con tendencia a domingo,
en una plaza-parque limitando con una playa-estacionamiento-carro azul-tras-carro rojo,
mientras ella leía un libro medio folleto aunque tirando para revista, diria yo.

Asi que me acerqué queriendo, pero sin querer demasiado, y me senté a su lado, y finjí que no me importaba acercarme un
poquito más,
mirarla fijamente, abrir la boca para no decir nada.

Después de tan bochornoso espectáculo, la señorita Scholl se paró,
y demostró una marcada intención hacia otra banca a unos
cuantos metros, con evidente tendencia a kilómetros