- ¿Eh? No lo sé… yo no lo sé…
- ¿Te vas a ir?
- Ya te dije que no lo sé – me tomaba la cabeza con las manos. Tiempo que no me angustiaba así.
- … tú… ¿la dejarás?
Yo mismo había estado evitando preguntarme eso y Yuki hizo que lo mirara con terror. Miré al piso y no dije nada por un buen rato hasta que sentí un vacío en el estómago. Mala señal. Realmente, muy mala señal.

Cuando llegan esos síntomas tiendo a quitarme los lentes para caminar. A pesar de tener poca medida, no veo absolutamente nada, mucho menos si es de noche y el contraste entre la nada y las luces en la calle me vuelve literalmente ciego. No sé a dónde voy y, realmente, no sé si quiero seguir yendo. Yuki caminaba nada más, hablándome e intentando confortarme pero sus palabras no llegaban a mi mente, se perdían en algún lugar entre mis oídos y mis pensamientos que se habían convertido en una música estridente y me causaba un gran dolor de cabeza. Pero igual, ¿qué hace uno cuando siente que no dejaría nada atrás si, digamos, por un tiempo desaparece? Me imagino que es bueno para purificar la mente y el alma (como una buena simple ducha fría, dice el otro). Pero no es lo mismo. Si yo me voy, ¿soy yo la que la perderé o ella la que me perderá? “Tal vez ni le importe ni se dé cuenta”. Probablemente yo esté en lo cierto y lo cierto es que si me escapo, nada pasa, solo el tiempo. Pero si por “A” o “B” me dijera “quédate…”, me quedaría solo suspirar, poner esa cara melancólica y quedarme.
“Pero si me quedo, ¿acaso me quedo para que algo cambie? ¿O tan solo me quedo para seguir esperando un destino que no va a llegar de acá a algunos días? ¿Meses? Si me quedo, me quedo a nada, a seguir no-viviendo todo lo que quiero vivir. La falta de alguien, ¿puede hacerme temblar tanto? Ah, no lo sé, no lo sé y me molesta tanto no saber. Es que soy de esas personas que necesitan sentir que protegen algo o a alguien y por eso me quedo al lado de ese algo o ese alguien hasta lo máximo que pueda soportar mi alma. ¿Tan vacío me he vuelto? Jaja, no. No es eso. Creo que siempre he sido así y prefiero dedicar mi vida a eso… ‘entregar la vida a alguien’. Qué va. Es un sentimiento grandioso, nada lo supera. Nada… lo supera. Pero también necesito sentirme que soy el más especial. No sé. Qué complicado… ¿Por qué no puedo ser simplemente normal?”
Con algo de terror y riéndome levemente yo me di cuenta que no tengo ningún plan y, por primera vez, andar a la deriva fue motivo de angustia. Hay que hacer que las cosas pasen pero ya a partir de mañana que hoy me siento sólo como para suspirar.







