
Era uno de esos sueños recurrentes otra vez, en donde tengo la perspectiva en primera persona. “Hola” me decía. “Estamos soñando lo mismo”. Obviamente era solo mi mente jugándome malas pasadas otra vez, ilusionándome con imágenes que siempre he soñado y que nunca había vivido antes. Nosotros bajo un paraguas en calles lluviosas en otro país, caminando en un atardecer naranja en una playa lejana y solitaria. Es inusual soñar con algún aroma, pero mi sueño estaba inundado del suyo. Abrí mis ojos un poco solo para asegurarme de que ella estaba ahí aún. Ahí estaba aún.
Hablábamos de los futuros viajes, de los futuros problemas y cómo encontrarles solución. Hablábamos del día en que nos separaremos por un tiempo cuando ella quiera hacer realidad sus sueños y yo… y yo simplemente quiera esperarla. Ante eso solo me preguntaba “¿No tienes ningún sueño, algo que anheles con toda tu vida?” y yo la miraba a los ojos con una sonrisa afligida y le acariciaba la frente jugando con su pelo negro y no le decía nada cuando sus ojos enormes me decían que quería bailar como Alizé, que quería tanto vestir elegante de Menta & Chocolate y que quería tanto verme feliz. Hacía un marco con mis índices y mis pulgares con su rostro dentro. Y le guiñaba el ojo.
“Yo puedo hacer tus sueños realidad” le dije mientras nos tomábamos las manos en el supermercado antes de comprar el yogur de los sábados. Dejó que la abrace cálidamente y me dijo que “sí, lo sé” pero… ¿qué pasa si ella quiere también, con todas sus fuerzas, volver realidad sus sueños ella misma? Creo que tiene ese grito en la mirada y en su andar apurado. Es válido, creo. Todos queremos sentir que podemos realizar todo lo que nos proponemos. Lograr cosas y vivirlas con cada latido del corazón. Cosas así, me imagino. Me pregunté entre tantas cosas, ¿cuál es el límite para soñar?

Con la misma pesadez con la que se cerraban mis ojos; se abrían ahora aún con pensamientos bailando un vals. Me estaba mirando con una sonrisa muy entretenida. “¿Qué soñaste?” me decía solo con los ojos. Sólo le dije que soñé cosas felices, mientras cerraba mis ojos. Sentí que acariciaba mi nuca. Me abrazaba. Me decía algo y yo entre sueños nuevos que empezaban solo percibía sus dedos en mi pelo. Entreabría mis ojos y veía todo borroso sin lentes. Sentí por un momento su respiración cerca de mis labios y la voz de su padre en la lejana cercanía de la sala. Tomé el cojín lleno de perfume que ella dejó y me acurruqué en busca de más memorias inolvidables.









Es algo que no esta sujeto a nada,ni nadie lo puede impedir o decir que lo hagas, o decirte lo que debes
Es como un mundo neutro...donde el brillo autonomo de las mentes resucita >.<