Responsabilidad Social Universitaria. Por Felipe Zegarra Russo
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Publicado por: pucp
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Cuando digo “los otros”, estoy pensando especialmente en los que son socialmente más vulnerables y marginados. Su situación nos pone frente a las demandas sociales reales. Informes recientes nos hablan de la necesidad de que los países latinoamericanos pasen de una democracia electoral a una democracia plena; de la distancia actual del Perú al cumplimiento de los Objetivos del Milenio, y de la persistencia de las altas tasas de pobreza y pobreza extrema; de la urgencia de que el país logre, con esfuerzo de todos, la ciudadanía plena de todos los peruanos y peruanas y el positivo reconocimiento de nuestra condición de país multiétnico, multilingue y pluricultural.
También debemos enfrentar desafíos como una efectiva reconciliación nacional y la corrupción. Todo lo anterior implica exigencias para el Estado y sus instituciones, así como para la sociedad civil y, en concreto, para las instituciones universitarias.
Sobre todo ello, se realizan en los últimos años serios esfuerzos de concertación entre los actores sociales, de descentralización y de promoción de la participación ciudadana (planes de desarrollo, presupuestos participativos).
Por otra parte, la Doctrina Social de la Iglesia, a la que la PUCP se debe, nos plantea desde hace años el concepto de desarrollo integral y solidario; efectivamente, en su carta sobre el Desarrollo de los Pueblos, Pablo VI exhortaba a dar prioridad a lo fundamental, cuando decía que hay que «hacer, conocer y tener más, para ser más»(1) . Desde 1990 el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha “traducido” esta concepción en la importante noción de Desarrollo Humano y en su empeño continuo por medir en el Índice de Desarrollo Humano los avances y retrocesos de todos los países. Investigadores de nuestra Universidad han trabajado y siguen trabajando sobre este concepto.
Lo dicho supone que la PUCP y sus miembros –profesores y estudiantes- busquemos con ahínco conocer, del modo más preciso, la realidad de nuestro país y la situación de todos los que vivimos en él. Este conocimiento no puede limitarse al terreno intelectual o académico, sino que implica experiencia, es decir, “trabajo de campo”, o sea, relación directa con quienes tienen necesidades mayores no resueltas. Eso llevaría a la Universi-dad a potenciar, redefinir, reorientar e interrelacionar nuestros esfuerzos por un mejor servicio. Y estimularía el trabajo académico y profesional de todos nosotros.
(1) Encíclica Populorum Progressio (26 de marzo de 1967), n. 6.)
Felipe Zegarra Russo
Profesor principal y Jefe del Departamento de Teología - PUCP.
Asesor del Presidente de la Mesa de Concertación para la Lucha contra la Pobreza. Miembro de la Red de Educación en Derechos Humanos.
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mayra escribió: