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Barack Obama asumirá la presidencia de Estados Unidos frente a lo que, se prevé, será una multitud nunca vista en Washington y en medio de enormes expectativas.

Aunque los termómetros en la capital estadounidense bien pueden estar bajo cero, una temperatura inferior incluso al promedio de la estación según los reportes meteorológicos, el ambiente, el humor de la ciudad, es bastante cálido.

Centenares de miles de personas han llegado a la ciudad desde todas partes del país -y hasta del mundo- para presenciar la toma del poder del presidente número 44 de la historia de los EE.UU. y el primero de origen afroamericano.

Todos quieren celebrar, "ser parte de la historia", como rezan las camisetas, las vallas publicitarias de bienvenida, los anuncios en prensa y TV, y toda la mercadería que se ofrece en torno al evento de la toma de posesión.

Al mediodía del martes, en las escalinatas de la fachada oeste del Capitolio, la sede del Congreso, Barack Obama será juramentado como marca la tradición por el presidente de la Corte Suprema de Justicia y con la mano en la Biblia, la misma que usó Abraham Lincoln.

Dios mediante

La juramentación será breve, la misma que con pocas variaciones se repite desde que George Washington la prestara por primera vez en 1789.

Serán pocas palabras en las que Obama, como todos sus predecesores, jurará cumplir con las responsabilidades del cargo, "con la ayuda de Dios".

Pero la gran diferencia con ocasiones anteriores será la multitud que se espera que se concentre en la explanada frente al Capitolio. La policía metropolitana de Washington calcula que hasta dos millones y medio de personas podrían asistir a la ceremonia.

Desde el fin de semana centenares de autobuses han ido llegando a la capital estadounidense trayendo personas para presenciar el cambio "histórico" que significa la llegada de un afroamericano al poder.
Desde la tarde del lunes, el centro de la ciudad está cerrado al tráfico en una radio de dos kilómetros, y hasta estacionar automóviles estará prohibido para garantizar el flujo ordenado de la multitud.

Los puentes que cruzan el río Potomac y que comunican con la zona metropolitana de la ciudad, ubicada en el sureño estado de Virginia, también estarán cerrados por razones de seguridad, una preocupación constante desde los atentados de septiembre de 2001.

Altas expectativas

Lo que por ahora es incontrolable son las altas expectativas que tienen muchos en la llegada de Obama a la Casa Blanca y que se refleja en el altísimo nivel de aprobación del 79%, según encuestas publicadas en la prensa local.

La cifra hace de Obama el mandatario con mayor aprobación de los últimos 20 años.
Para muchos Obama es una doble "esperanza" porque representa el fin de la polémica política conservadora del presidente George W. Bush y porque además simboliza el advenimiento de una nueva era social, racialmente más integrada.

Muchos hablan de un Estados Unidos "post-racial" creado por la elección de Obama, lo que se refleja en encuestas que hablan de cómo muchos piensan que la piel es hoy un asunto menos importante que un año atrás.

El momento es sin duda optimista, pero hay que recordar la historia reciente de este país para notar que cada cierto tiempo -generalmente cada ocho años- EE.UU. se sumerge en un espíritu de "nueva era".
Lo hizo en 1981 con el conservador Ronald Reagan, a quien reconocen haber "rescatado" la majestad de la presidencia, golpeada por la crisis del caso Watergate que acabó con el gobierno de Richard Nixon.
Después vinieron los liberales de Bill Clinton en 1993, para ceder de nuevo el poder en 2001 a los neoconservadores de George Bush.

Cada uno tuvo razones para decretar que se iniciaban "nuevos tiempos", aunque estuvieran condicionados a la lógica de la alternancia bipartidista que caracteriza a la democracia estadounidense.

Santo Obama

Sin embargo, en esta ocasión Obama parece encarnar el cambio como pocos de sus predecesores lo han hecho.

Quizá porque son tiempos más problemáticos que de costumbre, con el país en una creciente crisis económica y en medio de dos guerras, con una polarización como pocas veces ha vivido la sociedad estadounidense.

Obama llega con tanto capital político a la Casa Blanca que podría gozar de una larga "luna de miel", de hasta dos años, según las encuestas que indagan cuánto tiempo están dispuestos a esperar los ciudadanos para ver cambios palpables en la conducción del país.

Muchos se dan por satisfechos con la sola consideración de que, casi medio siglo después, las luchas del reverendo Martin Luther King han permitido que Obama llegara al poder.

Y aunque el 44 presidente de EE.UU. no proviene del movimiento de los derechos civiles, ni ha explotado políticamente la carta racial, muchos lo ponen ya en el altar de los héroes por la igualdad racial en EE.UU.
Hasta tal punto que en una de las muchas tiendas que venden la mercadería de Obama está disponible un velón de iglesia con la imagen de San Martín de Porres, un santo negro, con la cara de Obama.

Demostración de la fe, casi religiosa, que muchos tienen en el primer presidente afroamericano de la historia, quien seguramente necesitará ayuda divina y de todo tipo para no defraudar las enormes expectativas.


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Comentarios

C.B., Revista semanal virtual SAFE WORLD escribió:

Esperemos que sea cierto que traerá la paz al Mundo y nos sacará de la grave crisis económica porque si algún País puede hacer ambas cosas, ese es USA, con todo su poder y riqueza.
O tal vez sea el Anticristo profetizado que a todos enamora primeramente, para cuando estén todos confiados, asestar el golpe, como dice el Apocalipsis. Yo, en cambio, que no soy religioso, prefiero pensar que viviremos una nueva y esperanzadora etapa, en efecto, pero no podemos dejar sólo a Obama: todos los Países democráticos tienen que contribuir aportando su granito de arena.
sábado 24 enero 20:48

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