Lo que pasamos por alto, cuando vemos al Cusco como capital de un imperio o, peor aún, sede de un poderoso ejército, es el carácter sagrado de la ciudad. Partiendo de que contenía 328 wakas (aunque en otra parte dice que eran más de 400) que figuran en la relación de Polo de Ondegardo, podemos recordar que Martín de Murúa, menciona que hubo más de 340 y José de Arriaga escribe que eran 360. Este último número nos importa porque se puede referir a los días del año. De manera que es muy posible que cada día del año hubiera sido necesario visitar a una u otra waka. Es evidente que el año tiene 365 ¼ de días y que los incas lo sabían, pero es posible que hubieran hecho lo mismo que los babilonios y dedicar 5 días del año a lo que hasta hoy constituye los días de carnaval (aunque ahora solo de 3 días) durante los cuales el tiempo no transcurre y el hombre se puede disfrazar y hacer disparates. Que haya sido así entre los Incas, tiene relación con el reconocimiento del tiempo como sagrado. Estos 300 y pico santuarios estaban alineados a lo largo de 42 ceqes. Esas líneas no eran rectas pero si se encontraban en direcciones definidas. Ya sea hacia el Chinchaysuyu (norte) (9), Antisuyu (este) (9), Qollasuyu (sur)(9) y hacia el Contisuyu (oeste) (14). He aquí un primer misterio: ¿por qué no había solo 9 ceqes en la dirección hacia el Contisuyu sino 14. Sospecho que hay razones cosmológicas y religiosas por investigar.
Ahora cabe un breve comentario sobre el tiempo sagrado. El tiempo no es homogéneo, es decir, que no todos los días son iguales. Parecen iguales pero los humanos nos empeñamos en nombrarlos para diferenciarlos y que no resulte tan aburrido. Igual que el espacio, el tiempo tiene un centro y lo llamamos año nuevo. En torno a ese día gira el año y es cuando se supone que ciertas cosas van a cambiar. En el caso se la cultura moderna actual, heredada de los europeos, sabemos que el primero de enero no tiene, en realidad, la calidad de central, ni punto de giro o de cambio. Era más lógico cuando el año nuevo era el 25 de Diciembre en el calendario romano (llamado Juliano y establecido por Ptolomeo Filadelfo, el faraón griego-egipcio de año 163 A.C.), por ser la celebración del solsticio (que, en realidad, sucede dos días antes, pero el 25 ya se nota que el sol se mueve en la dirección opuesta). Para eso los incas tenían unas columnas llamadas sukankas colocadas en los cerros Picchu (que marcaba nuestro solsticio de invierno en Junio) y en el cerro Killke donde el sol se pone en el solsticio de Diciembre.

Esas sukankas eran tres y están en la lista de santuarios – waka de Bernabé Cobo. Si los europeos actuales celebran el año nuevo en una fecha tan desubicada, las demás culturas sostienen su relación con el cosmos y así, los chinos lo celebran para el luna nueva de finales de enero o comienzo de febrero (este año 2009 será el 26 de Enero y habrá un cambio de la Rata al Buey), los romanos lo celebraban a finales de Marzo, para el equinoccio, los judíos para el otro equinoccio, el de Setiembre, en fin, todos los pueblos giran como el planeta, alrededor de un centro espacial o temporal pero tiene que estar relacionado con el cosmos que, por cierto, incluye los ciclos del sol y de la luna.

Ampliando lo que sabemos sobre esta abundancia de santuarios – waka, sabemos que 96 de ellas eran fuentes de agua, 95 eran peñones, 32 eran pasos o puertos de montañas (apachetas) 28 eran templos – palacios de Incas, 28 era llanos o praderas, 10 eran tumbas, 7 cañadas, 3 cuevas, 3 canteras, 3 asientos de piedra, 3 sukankas, 2 árboles y 2 caminos. Como dije, las que figuran en la lista de Cobo suman 328, así que nos limitaremos a ese número, pero pueden haber sido 360 o 365. Y, aunque es una suerte tenerla, desgraciadamente, quien escribe es un sacerdote que se une al esfuerzo por desaparecer los objetos de culto de la religión nativa y apenas no da relleno sobre los mitos que justifican la veneración que se le rendía a cada waka. Veamos un ejemplo citando al propio Bernabé Cobo.

“La primera waka del primer ceque del Chinchaysuyu”, dice,”se llamaba Michosamaro estaba arrimada a la falda del cerro Totocache; y decían ser uno de aquellos que fingieron haber salido en el primer inca Manco Capac de la cueva de Pacaritampu. Al cual refieren que una mujer de las que salieron con ellos de la dicha cueva le mato por cierto desacato que con ella tuvo, y se tornó piedra, y que su ánima se apareció en este mismo lugar y mandó que le sacrifiquen allí; y así fue el sacrificio de esta waka muy antiguo; el cual se hacía siempre de oro, ropa, conchas de mar, y otra cosas; y solía hacer por buenos temporales.”

Véase entonces la gran cantidad de detalles que merecen investigación. Tenemos que volver a pensar en el mito de los hermanos Ayar y recordar que salieron con sus mujeres (lo de que eran sus hermanas no quiere decir hijos de la misma madre y el mismo padre sin qoeu compartían la misma condición) y nos invita a replantear dicho mito e incorporar, acaso, el hecho que una de esas mujeres mató a uno de los Ayar. Desgraciadamente, no amplía la historia, evidentemente mítica (lo cual no quiere decir falsa , sino ejemplar) sino, más bien, la complica e igual que en muchos casos, que sería largo enumerar, se limita a escribir que los Incas creían en muchas “tonterías”. Lo que está diciéndonos Cobo, es que esos idólatras eran supersticiosos y en algunos casos, se les llega a considerarlos adoradores de demonios o, en todo caso, infieles. De esta triste manera nos hemos perdido el sustento histórico de las muchas wakas. Pero vayamos a considerar algunas que aún se practican como la de llevar ropa a la waka. Efectivamente, las cruces en Cusco se visten, ropa que se les renueva todos los años el 2 y 3 de Mayo.

Este mito, como los miles de mitos que siguen aquí como en todas partes del mundo, son tan creíbles como increíbles como el de los hermanitos Rómulo y Remo y su historia acerca de la loba que los alimentó para que llegaran a fundar Roma o el de Marianito Mayta que da lugar a esa importante waka que llamamos Qoyllur Rit’i en Cusco. Igual, en todos los casos, los mitos son cuestión de fe y deben leerse o, mejor aún escucharse, como poesía, es decir, tenemos que darles un sentido parabólico igual que al lenguaje de los Evangelios así como las demás colecciones de mitos que sustentan todas las religiones e ideologías del mundo.

Pero volviendo a lo fundamental, el Cusco era un centro de peregrinación. Y venían de todo el Tawantinsuyu acerca de lo cual debemos detenernos otra vez frente a las historias que tienen más preguntas que respuestas. ¿Es posible aceptar la tesis de Pachakutec, re constructor del Cusco? Es la historia oficial del Cusco pero no se ajusta a una lógica estrictamente humana cuando se coloca el reino de ese Inca a cien años antes de la invasión española. Esa fulgurante conquista no es coherente frente lo que 151 españoles van a poder hacer en tan corto tiempo. Solo hay una sugerencia de la gran historiadora María Rostworowski que recién nos permite comprender lo que pasó. El Tawantinsuyu era una confederación de naciones. ¿Cómo se constituyó? De diferentes maneras. Algunos eran antiguos aliados. Por cierto, los Collas ayudaron en la construcción de Cuzco, sin duda, pero, ¿acaso los hacían a latigazos como las películas de Hollywood nos quieren hacer creer respecto a otros pueblos esclavistas tipo Roma, Grecia o Egipto? Aprovecho para contar que se acaba de demostrar que las pirámides de Egipto no fueron construidas por esclavos, que probablemente no tenían esclavos. Siervo, si, pero esclavos, no. Y lo menciono acá porque es muy probable que Egipto y Tawantinsuyu se parecieran en su estructura social en cuanto a una sociedad de castas pero no de esclavos.

Y en el mito arriba contado vemos como el hermano Ayar ordena su propia veneración. Si, verdad, ya lo sabíamos porque en el mito oficial se convirtió en el cerro Wanakauri. Pero entonces, ¿qué hacemos con los demás mitos? No debemos ignorarlos. ¿Y si, acaso, la guerra con los Wankas es un mito? Observen que el mito arriba citado dice que a esa waka se le “hacía sacrificios desde muy antiguo”. En suma, si consideramos la expansión del imperio a partir de Pachakutec 100 años antes de la invasión, no estamos considerando la verdadera antigüedad de las waka. En suma, la lógica perspectiva me parece que es la que debe concluir que el Cusco fue una ciudad sagrada desde hace más de dos mil años y que la confederación de naciones del Tawantinsuyu era una unidad cultural y religiosa mucho antes que política y mucho menos guerrera ni militar. ¿En qué lógica me apoyo? En que la religión y la cultura son imposibles de imponer en cien años. Miren que los europeos tratan de imponer la suya en el Perú hace 500 años y aún conservamos nuestros propios ritos religiosos acerca de los cuales solo mencionaré el de echar unas gotitas de la chicha que vamos a beber al piso para incluir de esa manera a la pachamama en el brindis.

Algunos sostendrán que challar (bendecir) no es religioso. Pero es que hasta los que se consideran no religiosos están llenos de mitos y ritos, no importa si los consideran religiosos o no, tienen un trasfondo que se puede explicar solamente a través del mito, porque no suelen ser actividades o actitudes racionales. A veces es al contrario. Es perfectamente racional dar gracias a la madre-mundo (pachamama) por los dones que nos otorga. No hacerlo es suponer que los alimentos crecen por casualidad o que llueve por porque sí o que yo estoy vivo y/o moriré sin motivación ni sentido. El pensamiento religioso no admite semejante vida sin orden ni concierto y eso aplica al hombre andino de hoy por lo que podemos perfectamente proyectarlo a la visión que el Tawantinsuyu tenía del Cusco, similar a la que los musulmanes tienen respecto a la Meca. Es una ciudad sagrada que no podré conocer si no me convierto al Islam porque así llegan a ser estrictas las religiones con sus ritos y sus templos. De aquí entonces, otra pregunta ¿por qué Pisac tiene muralla? ¿Y Ollantaytambo, para qué serviría su muralla sino para que no entren los profanos? Eso convierte a muchas de esas waka en importantes centros de peregrinación como lo es hasta hoy el Señor de Huanca (santuario en honor al agua que baja del Apu Pachtusan hacia el rio Vilcanota) el 14 de Setiembre todos los años.

Finalmente, solo se ha hecho un reemplazo de divinidades incas por “divinidades” católicas. Y si bien, ya tenemos algunas traducciones como aquella que convierte de dios del rayo Illapa en Santiago Apóstol, debemos seguir investigando a ver cual waka reemplazó San Sebastián o San Jerónimo y observar que no hemos dejado de ser esa ciudad sagrada si nos damos cuenta que no hay mañana en la que no nos despierten cohetes procedentes de alguna celebración en alguna parroquia. Tampoco falta día en que desvían el tránsito por alguna procesión o fiesta, que por cierto, todas las hermandades toman muy en serio.

Polo de Ondegardo dice en su crónica escrita en 1571: “ la Ciudad del Cuzco era casa y morada de dioses y así no había en toda ella fuente, ni paso, ni pared que no dijese que tenía misterio como parece en cada manifestación de los adoratorios de aquella ciudad y carta que de ellos manifestaron que pasaban de cuatrocientos y tantos: todo esto duró hasta que vinieron los españoles…”