… no existe cosa tal como un amor imposible…
En ese momento, yo no le entendía muy bien pero, el día de hoy, esas palabras me reconfortan y me hacen pensar que si yo…

Recordamos que el año pasado, mientras Yuna estaba de viaje y no pensaba tanto en el amor turbulento que yo sentía hacia ella, Yuki me llevó a dar una vuelta por Lima y yo le acompañaba con la mente distraída, muy lejana. Habíamos llegado hasta nosecual kilómetro y nos detuvimos a tomar unas cervezas. El sol pegaba muy fuerte y me preguntó si me encontraba bien. Le respondí que sí sin ningún remordimiento mientras me miraba algo sorprendido. “¿Cuándo te volviste tan frío?” se habrá preguntado, lo podía leer en su expresión algo asustada de mí. No dudé tampoco cuando le dije que estaba buscando un reemplazo para ella y que mi “amor imposible” estaba lejos y la consideraba ya eternamente desaparecida de mi vida.
- Eso es imposible – me dijo – No existe tal cosa como alguien si quiera parecido a ella; es única.
- Ah… - le contesté y el idiota me llenó de melancolía.
- ¿Por qué no… se lo dices? – tomaba un sorbo grande de Cuzqueña.
- Ah… - mi mirada de pronto perdió ese “color” que siempre tiene. – Es que…
… ella es mi amor imposible…

De pronto un silencio algo incómodo llegó para quedarse y Yuki ya no me dijo nada. Lucy – la joven que nos atendió – tenía una mirada triste y aburrida así que él empezó a preguntarle si estaba todo bien. Al poco tiempo estaban riendo de nosequé mientras yo no podía dejar de pensar en las estupideces que había hecho y dicho antes que Yuna se vaya. La había visto “por última vez” y no le dije nada realmente, solo que algún día le invitaría un café que realmente le gustara, en mi mente besándola, besándola muchísimo sin decirle ni una sola palabra. En esa época no me sonreía todavía, encontrándome amenazante por mi soberbia y mi frialdad para hablar de ciertos temas aún cuando ya me había enamorado de ella sin darme cuenta. De veras sentía que una gran parte de mí se había ido sin saber a dónde. Yuki le decía con la mano a Lucy que nos traiga la cuenta. Pagamos. Nos fuimos. Miré el atardecer y pensé que, algún día, yo le mostraría el mismo atardecer a mi amada.
- ¿Y ese suspiro? – me preguntó sacándome de mi momento zombie.
- ¿Por qué tuve que enamorarme de algo tan imposible como mi amor imposible? – le dije sin titubear y sin dejar de entrecerrar los ojos por el aire que entraba por la ventana del auto.
- ¿Eh? Oye, no existe tal cosa como un amor imposible… - me miró de reojo mientras yo le miraba algo sorprendido.
“No existe tal cosa como un amor imposible. Ella, ciertamente, te quiere y eso es suficiente para que te digas a ti mismo ‘voy a conquistarte’ y demostrarle que si ella te viera como tal, podría sentirse confortada en todo momento. Tú siempre dices que darías todo por ella pero… esas son solo palabras – me lanzó una mirada severa que yo aprendí enseguida – que debes convertir en cosas esperables. ¿Imposibles? No existen imposibles, solo aquellos que tú te pones en el camino. No seas un cobarde…”
No creo ser un cobarde pero… no sé por qué ese día no pude decirle nada…








Aquí había un comentario de GAIA que acepté sin detenerme a leerlo con atención.
Limitémonos a comentar los relatos y no colocar fragmentos de terceros.
Saludos.