Hacia una educación que promueva la originalidad bien fundamentada. Por Gonzalo Portocarrero Maisch
Categoría: Artículos
Publicado por: pucp
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Investigar implica plantearse un problema, recoger los estudios relevantes ya efectuados, examinar la realidad y, finalmente, llegar a ciertas conclusiones. Se trata de un proceso creativo sin reglas fijas que exige ante todo de un criterio propio. A diferencia de un técnico un profesional es un investigador y un investigador es un autor, una persona que se “autoriza” a sí misma para pensar por su cuenta. Desde luego que esta pretensión requiere de habilidades para ser válida. Básicamente, a)saber leer en el sentido de identificar las ideas centrales de un texto b) poder comparar diferentes aproximaciones a un mismo tema de modo de redactar un balance o estado de la cuestión c) saber registrar información de una manera ordenada y sintética y d) otra vez, criterio propio, capacidad de elaborar un argumento. Estas habilidades se forman a lo largo de todo el proceso de enseñanza-aprendizaje en la formación universitaria.
El mejor indicador de nuestra situación deficitaria respecto a la producción de esta capacidad entre nuestros estudiantes es el número reducido de tesis de licencia y maestría. Esta falta de tesis, o déficit de autoría, es un síntoma que pone en evidencia problemas muy profundos de la sociedad y cultura de nuestro país. En efecto, la educación peruana está orientada hacia la repetición y fomenta la memoria como habilidad básica. Esta situación induce la creencia de que el conocimiento es algo simple y ya dado, de manera que el estudiante se vuelve pasivo y poco entusiasta. Entonces la formación profesional se suele identificar con disponibilidad de información y no con la capacidad de procesar la información de una manera pertinente a los problemas que se enfrenta. La prevalencia de este modelo educativo centrado en la repetición se fundamenta en el privilegiar la enseñanza sobre el aprendizaje. Al docente le interesa más lo “magistral” de su lección que propiciar el desarrollo de una capacidad argumentativa en sus estudiantes.
En nuestro país nuestra universidad está a la vanguardia del desarrollo educativo; no obstante, tampoco escapa de los problemas mencionados. La inercia del hábito es siempre más fácil que la incertidumbre de la innovación. La expectativa de que hay fórmulas que se aplican desestimula el desarrollo de la autoría y la creatividad. Frente a esta situación es necesario: a) desarrollar, en el cuerpo docente, una idea de la educación donde la capacidad de investigar sea percibida como el logro más importante en la medida en que la generación de esta capacidad supone poner en práctica las principales habilidades que potencian el pensamiento. b) desarrollar, entre los estudiantes, una relación de “amistad” con el aprendizaje. Lejos de sentirse intimidados deben sentirse capaces de aportar, de incriminarse en profundidad con su formación profesional cuya primera culminación es, precisamente, la tesis universitaria.
Gonzalo Portocarrero Maisch
Profesor del Departamento de Ciencias Sociales – PUCP.
Doctor en sociología de la Universidad de ESSEX, Inglaterra.
Profesor del Departamento de Ciencias Sociales – PUCP.
Doctor en sociología de la Universidad de ESSEX, Inglaterra.
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Luis Bretel escribió: