12/01: Los balnearios del sur de Lima: Pucusana
Ubicado a 70 kilómetros al sur de Lima, es un tradicional balneario y caleta de pescadores, cuyo topónimo, pucusana, significa “sopladero” y viene de dos voces, una quechua puku, que actúa de raíz y significa “soplo” y otra que es sana o s’ana, que es desinencia, y que unidas dan la palabra puku-sana. La constatación del topónimo está demostrada por la singular posición que tiene Pucusana, de una semi-luna con una isla (“Galápagos”) al frente: las corrientes de aire que van del mar se desplazan tanto por la entrada de la caleta, como por el lado de La Bocana (canal, de escasa profundidad, que separa la isla de Pucusana) con gran intensidad durante el año hacia la población y las partes altas de los cerros que rodean la ciudad.
Su población original (y permanente) está formada por mestizos descendientes de los habitantes de Chilca, el distrito madre, que pobló Pucusana y otros distritos del extremo norte de Cañete. Es decir, de los descendientes de los hombres que vivieron en el señorío del “Rey Chuquimancu”, que escribe Garcilazo, y de aquellos hombres del precerámico, estudiados por Frederick Engel, quienes tuvieron una agricultura muy primitiva asociada a la recolección de semillas, frutos y mariscos, así como la “pesca de cordel” cuya tradición la conservan todavía los pescadores actuales de Pucusana. En la década de 1920, Julio C. Tello descubrió hipogeos en forma de cavernas (con ingreso tubular), similares a los de Paracas, que posiblemente sirvieron a los pescadores como observatorios que les permitían prevenir la aproximación de gentes extrañas o como viviendas temporales que pudieran pasar inadvertidas.
Los hombres de Chilca, descendientes del curaca Chuquimancu, durante la Conquista, formaron la encomienda o repartimiento de Chilca y Mala que le tocó al conquistador don José de Alcochel. Hombres cuyos apellidos Caycho, Chumpitaz, Cuya, Huapaya y Manco, unidos a los Navarro, Ávila, Cabrera y Carrillo, confirma el carácter mestizo de esta gente que pobló toda esta zona.
Historia.- Según el censo de 1876, los pobladores de Chilca iban en burro a pescar en las aguas de Pucusana. Durante el gobierno de Billinghurst, a raíz de una visita que hiciera el propio presidente a la comarca, se pensó prolongar hasta allí el ferrocarril Lima-Lurín; la idea no se materializó. En 1917 se construyeron las primeras casas para abrigo de los pescadores pero en 1920, con la edificación de la vivienda de don Santos Jacobo, natural de Chilca, nació el balneario, pues este señor fue el primero que se quedó permanentemente con su familia; dos años después, llegaron a radicarse Emilio Navarro y José Carrillo. En torno de los hogares de estos tres chilcanos se levantó posteriormente la ciudad. Pero la falta de agua limitó el crecimiento del balneario. Ya en 1928, por ejemplo, era negocio el acarreo de ella. Se hacía en asnos cargados de porongos y era cambiada por pescado. En 1930, Eleodoro Tuma vendía el agua en barriles a 0,20 centavos cada uno y, posteriormente, Hilario Caycho la llevaba en camiones. Estos hechos estimularon el doblamiento.
Hasta 1929, todos los habitantes eran chilcanos, pero ese año llegó el alemán Shoders, quien construyó su casa y llevó el primer automóvil que conoció el pueblo. Luego, entre 1930 y 1935, se construyeron en las Islas Galápagos las primeras “residencias” veraniegas. Ernesto Devéscovi, Enrique Torres Belón y un coronel apellidado O’Connor fueron los primeros vecinos de Lima que las construyeron.
La construcción de la Panamericana Sur en los años 30 puso en evidencia las ventajas de Pucusana. Aparte de los mencionados “residentes”, fue la Asociación Cristiana de Jóvenes la que, entre 1930 y 1940, levantó allí campamentos de verano. Un señor, Vera y Vera, fue el promotor de esta empresa, quien dictaba charlas a jóvenes cristianos en el comedor del primer restaurante que se fundó en Pucusana: “Delicias”. En 1930, Ricardo Cuya funda la primera tienda o bodega, que sobrevive hasta 1940, año en que Juan Manco establece la suya. En 1940 aparecen los restaurantes “Venecia”, de Emilio Navarro; “La Perlita” de Hermógenes Navarro, y el “Hotel Salón Blanco”, de Porfirio Navarro. Eran de madera y sus dueños vivían de la pesca.
Hacia 1940, Pucusana era todavía un caserío donde Santos Jacobo, quien introdujo la primera chalana en 1922, y Eutimio Ávalos competían en la “regata de chalanas” cada 3 de mayo y 8 de diciembre hasta 1950. Pucusana contaba entonces con unas 30 familias de pescadores y, en 1943, se convirtió en distrito. Así, la vieja “Agencia Municipal” se convierte en Municipio, se inicia el levantamiento del plano regulador (culminado en 1952) y se impulsa la venta de terrenos urbanos. Los bajos precios de los terrenos, la carretera ya existente y la cercanía a Lima impulsaron su crecimiento.
La carretera a Lima quedó terminada en 1951 y fue inaugurada por el entonces alcalde Félix Gilardi. Pucusana seguía creciendo y vio levantarse nuevas residencias no solo en su área urbana sino también en las playas de Naplo, las Ninfas y la Isla Galápagos. Algunos pensaron transformar toda Pucusana en balneario pero esto hubiera significado erradicar a los pescadores que habían fundado el caserío. Afortunadamente, ellos siguieron allí y son los que le dan sentido y razón al pueblo de Pucusana. Los pescadores estaban asociados en un gremio que se fundó en 1925, se reorganizó en 1927 y obtuvo su reconocimiento oficial el 10 de abril de 1944.
En 1953 hubo un nuevo progreso: se instaló el servicio de agua y desagüe gracias a un apoyo del Banco Wiesse. De esta manera, en los años 50, Pucusana ya tenía definido su actual paisaje urbano y su personalidad geográfica: era un pueblo de pescadores al servicio de la salud y descanso de cientos de personas que trabajaban en Lima e iban a descansar allí. Se construyó la Plaza de Armas, el Malecón San Martín, la avenida Billinghurst y el nuevo mercado; el muelle de pescadores es reconstruido y la avenida Lima luce su perspectiva. De esta manera, la pequeña ciudad, con sus avenidas y calles, tomó la forma de triángulo cuya altura es la avenida Lima y su base es el Malecón San Martín. Para coronar este esfuerzo, 12 residentes, en 1958, fundaron el “Yatch Club de Pucusana” y, el 7 de enero de 1966, llegó la energía eléctrica.
La Isla Galápagos.- Se encuentra al frente de Pucusana, abarca 37 hectáreas y su nombre se debe a que en su parte baja vivían tortugas llamadas “galápagos”, ya desaparecidas. Se convirtió en la zona más exclusiva del balneario porque los “cien propietarios”, a través de una Junta de Administración, controlaron la venta de terrenos que efectuaba el Municipio. Si los nuevos “postulantes” no reunían las condiciones que ellos habían establecido, no obtenían el visto bueno para construir allí su casa. El Instituto Geográfico Nacional (IGN) la llama Isla Chuncho.
El Boquerón del Diablo.- Ventana abierta en el cerro que da al sur de la ciudad y que ha sido formado por la erosión marina que ha destruido un dique preexistente. A través de ella, se contempla el mar en la baja marea y, en la alta, penetran grandes y violentas olas que terminan en la Playita del Boquerón.
PLAYAS DE PUCUSANA
Playa La Tiza.- Ubicada al norte de Pucusana, tiene ese nombre por el color blanco o color de tiza que presenta sus alrededores debido a la acción de ciertas sales que hay en el lugar y la descomposición que ha sufrido el suelo. El ingreso es restringido pues se halla un cuartel del Ejército.
Playa La Honda.- Ubicada al norte de Pucusana, esta playa es una pequeña ensenada horadada y profunda. El ingreso es restringido.
Playa La Quipa.- Ubicada al norte de Pucusana, el nombre de esta playa exclusiva viene del quechua chipa o ch’ipa que significa “conjunto o lo que reúne en un solo lugar”; y en dicho cerro, las tres cumbres en un mismo lugar es lo que da el nombre de Quipa. El ingreso es restringido.
Playa Naplo.- Ubicada al norte de Pucusana, es de arena, casi recta, de orilla ancha y plana y un mar muy manso. Hay casas de lujo y el ingreso es restringido.
Playa Las Ninfas.- Está ubicada al sur del muelle de los pescadores. Tiene forma semi-circular y su playa es de piedras labradas y reducidas por las olas. Está rodeada de casas veraniegas y termina al lado sur de La Bocana.

Balneario de Pucusana
Su población original (y permanente) está formada por mestizos descendientes de los habitantes de Chilca, el distrito madre, que pobló Pucusana y otros distritos del extremo norte de Cañete. Es decir, de los descendientes de los hombres que vivieron en el señorío del “Rey Chuquimancu”, que escribe Garcilazo, y de aquellos hombres del precerámico, estudiados por Frederick Engel, quienes tuvieron una agricultura muy primitiva asociada a la recolección de semillas, frutos y mariscos, así como la “pesca de cordel” cuya tradición la conservan todavía los pescadores actuales de Pucusana. En la década de 1920, Julio C. Tello descubrió hipogeos en forma de cavernas (con ingreso tubular), similares a los de Paracas, que posiblemente sirvieron a los pescadores como observatorios que les permitían prevenir la aproximación de gentes extrañas o como viviendas temporales que pudieran pasar inadvertidas.
Los hombres de Chilca, descendientes del curaca Chuquimancu, durante la Conquista, formaron la encomienda o repartimiento de Chilca y Mala que le tocó al conquistador don José de Alcochel. Hombres cuyos apellidos Caycho, Chumpitaz, Cuya, Huapaya y Manco, unidos a los Navarro, Ávila, Cabrera y Carrillo, confirma el carácter mestizo de esta gente que pobló toda esta zona.
Historia.- Según el censo de 1876, los pobladores de Chilca iban en burro a pescar en las aguas de Pucusana. Durante el gobierno de Billinghurst, a raíz de una visita que hiciera el propio presidente a la comarca, se pensó prolongar hasta allí el ferrocarril Lima-Lurín; la idea no se materializó. En 1917 se construyeron las primeras casas para abrigo de los pescadores pero en 1920, con la edificación de la vivienda de don Santos Jacobo, natural de Chilca, nació el balneario, pues este señor fue el primero que se quedó permanentemente con su familia; dos años después, llegaron a radicarse Emilio Navarro y José Carrillo. En torno de los hogares de estos tres chilcanos se levantó posteriormente la ciudad. Pero la falta de agua limitó el crecimiento del balneario. Ya en 1928, por ejemplo, era negocio el acarreo de ella. Se hacía en asnos cargados de porongos y era cambiada por pescado. En 1930, Eleodoro Tuma vendía el agua en barriles a 0,20 centavos cada uno y, posteriormente, Hilario Caycho la llevaba en camiones. Estos hechos estimularon el doblamiento.
Hasta 1929, todos los habitantes eran chilcanos, pero ese año llegó el alemán Shoders, quien construyó su casa y llevó el primer automóvil que conoció el pueblo. Luego, entre 1930 y 1935, se construyeron en las Islas Galápagos las primeras “residencias” veraniegas. Ernesto Devéscovi, Enrique Torres Belón y un coronel apellidado O’Connor fueron los primeros vecinos de Lima que las construyeron.
La construcción de la Panamericana Sur en los años 30 puso en evidencia las ventajas de Pucusana. Aparte de los mencionados “residentes”, fue la Asociación Cristiana de Jóvenes la que, entre 1930 y 1940, levantó allí campamentos de verano. Un señor, Vera y Vera, fue el promotor de esta empresa, quien dictaba charlas a jóvenes cristianos en el comedor del primer restaurante que se fundó en Pucusana: “Delicias”. En 1930, Ricardo Cuya funda la primera tienda o bodega, que sobrevive hasta 1940, año en que Juan Manco establece la suya. En 1940 aparecen los restaurantes “Venecia”, de Emilio Navarro; “La Perlita” de Hermógenes Navarro, y el “Hotel Salón Blanco”, de Porfirio Navarro. Eran de madera y sus dueños vivían de la pesca.
Hacia 1940, Pucusana era todavía un caserío donde Santos Jacobo, quien introdujo la primera chalana en 1922, y Eutimio Ávalos competían en la “regata de chalanas” cada 3 de mayo y 8 de diciembre hasta 1950. Pucusana contaba entonces con unas 30 familias de pescadores y, en 1943, se convirtió en distrito. Así, la vieja “Agencia Municipal” se convierte en Municipio, se inicia el levantamiento del plano regulador (culminado en 1952) y se impulsa la venta de terrenos urbanos. Los bajos precios de los terrenos, la carretera ya existente y la cercanía a Lima impulsaron su crecimiento.
La carretera a Lima quedó terminada en 1951 y fue inaugurada por el entonces alcalde Félix Gilardi. Pucusana seguía creciendo y vio levantarse nuevas residencias no solo en su área urbana sino también en las playas de Naplo, las Ninfas y la Isla Galápagos. Algunos pensaron transformar toda Pucusana en balneario pero esto hubiera significado erradicar a los pescadores que habían fundado el caserío. Afortunadamente, ellos siguieron allí y son los que le dan sentido y razón al pueblo de Pucusana. Los pescadores estaban asociados en un gremio que se fundó en 1925, se reorganizó en 1927 y obtuvo su reconocimiento oficial el 10 de abril de 1944.
En 1953 hubo un nuevo progreso: se instaló el servicio de agua y desagüe gracias a un apoyo del Banco Wiesse. De esta manera, en los años 50, Pucusana ya tenía definido su actual paisaje urbano y su personalidad geográfica: era un pueblo de pescadores al servicio de la salud y descanso de cientos de personas que trabajaban en Lima e iban a descansar allí. Se construyó la Plaza de Armas, el Malecón San Martín, la avenida Billinghurst y el nuevo mercado; el muelle de pescadores es reconstruido y la avenida Lima luce su perspectiva. De esta manera, la pequeña ciudad, con sus avenidas y calles, tomó la forma de triángulo cuya altura es la avenida Lima y su base es el Malecón San Martín. Para coronar este esfuerzo, 12 residentes, en 1958, fundaron el “Yatch Club de Pucusana” y, el 7 de enero de 1966, llegó la energía eléctrica.
La Isla Galápagos.- Se encuentra al frente de Pucusana, abarca 37 hectáreas y su nombre se debe a que en su parte baja vivían tortugas llamadas “galápagos”, ya desaparecidas. Se convirtió en la zona más exclusiva del balneario porque los “cien propietarios”, a través de una Junta de Administración, controlaron la venta de terrenos que efectuaba el Municipio. Si los nuevos “postulantes” no reunían las condiciones que ellos habían establecido, no obtenían el visto bueno para construir allí su casa. El Instituto Geográfico Nacional (IGN) la llama Isla Chuncho.
El Boquerón del Diablo.- Ventana abierta en el cerro que da al sur de la ciudad y que ha sido formado por la erosión marina que ha destruido un dique preexistente. A través de ella, se contempla el mar en la baja marea y, en la alta, penetran grandes y violentas olas que terminan en la Playita del Boquerón.
PLAYAS DE PUCUSANA
Playa La Tiza.- Ubicada al norte de Pucusana, tiene ese nombre por el color blanco o color de tiza que presenta sus alrededores debido a la acción de ciertas sales que hay en el lugar y la descomposición que ha sufrido el suelo. El ingreso es restringido pues se halla un cuartel del Ejército.
Playa La Honda.- Ubicada al norte de Pucusana, esta playa es una pequeña ensenada horadada y profunda. El ingreso es restringido.
Playa La Quipa.- Ubicada al norte de Pucusana, el nombre de esta playa exclusiva viene del quechua chipa o ch’ipa que significa “conjunto o lo que reúne en un solo lugar”; y en dicho cerro, las tres cumbres en un mismo lugar es lo que da el nombre de Quipa. El ingreso es restringido.
Playa Naplo.- Ubicada al norte de Pucusana, es de arena, casi recta, de orilla ancha y plana y un mar muy manso. Hay casas de lujo y el ingreso es restringido.
Playa Las Ninfas.- Está ubicada al sur del muelle de los pescadores. Tiene forma semi-circular y su playa es de piedras labradas y reducidas por las olas. Está rodeada de casas veraniegas y termina al lado sur de La Bocana.

Balneario de Pucusana
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