El bar ROVIRA de El Callao es un lugar que, prácticamente, se ha quedado en el tiempo. Estantes de madera vacíos, astillosos, despostillados, casi a punto de venirse abajo; el piso de madera, casi negro, lleno de aserrín; mesas y sillas muy viejas que necesitan urgente recambio o compostura. No tenemos dinero para restaurarlo, se lamenta uno de los descendientes de don Miguel Rovira Valle, el emprendedor ciudadano español que hace 96 años (allá por 1912), tuvo la idea de fundar este bar, el más antiguo de nuestro primer puerto.

El ROVIRA es el último exponente de una estirpe de bares chalacos que gozaron su apogeo en los años 40, 50 y 60. Los antiguos habitantes del puerto aún recuerdan al SAMUELITO (en la avenida Buenos Aires, cerca al colegio 2 de Mayo), famoso por el "Sport Boys" (un trago de color rosado fruto de la mezcla de pisco, jarabe de granadina y algo de leche), el "Sol y Sombra" o el "Chilcano de Pisco". También recuerdan al DEMETRIO (entre Guardia Chalaca y Cuzco), conocido por su "Gin con Gin" o el "Gin con jugo Toronja", o el pan con Pejerrey Arrebosado o con Jamón del País; tampoco se olvidan que se servía el célebre “chimbombo” (chalaquismo que significa “pan con pescado”) de Bonito frito. Otros competidores del ROVIRA eran el SALÓN BLANCO, la CASA ESPAÑA, el CHALAQUITO o el célebre EL SABROSO, de Luis Rospigliosi, donde llegaban los marinos colombianos con los primeros discos de cumbia o salsa que se oyeron por estas tierras; dicen los nostálgicos chalacos que este lugar fue la cuna de la salsa en el Perú.

Pejerreyes arrebozados, chicharrón de pescado, ceviche, jalea y el célebre muschame, con palta y galletas de soda son algunas de las especialidades del ROVIRA, así como los tragos con pisco. Pero quizás son los personajes que aún lo frecuentan los que causan mayor curiosidad entre los parroquianos. Tal es el caso de un hombre de barba blanca (parecido a un viejísimo Papá Noel o a un retrato de Nicolás de Piérola) quien siempre dormita sobre algunas de las sillas rechinantes y apolilladas del bar. Se trata de Luis Omar Sasco, marinero uruguayo que llegó al Callao hace más de 50 años. Dice que tiene 80 años y vive en los altos del local. Su fiel compañero es un gato que también dormita, ronronea y se afila las uñas en los pantalones del viejo marinero.

José Rovira es el actual administrador, mozo y testigo de la historia reciente del bar. Cada vez que puede, muestra algunas fotografías que cuelgan en las paredes del local, como la del fundador de bar o la del día en que pasó por allí (hace tiempo ya) el presidente Alan García; también podemos ver el cuadro de una "bailaora" -de cimbreantes y sensuales movimientos- quien parece coquetear con los parroquianos que llegan a degustar su porción de choritos a la chalaca y piden un par de "chelas", para refrescar la tarde.

null
Pan con pejerrey en el ROVIRA (flickr.com)