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Lo primero que debo confesar es que no soy y nunca he sido fanático del fútbol. Digamos que pertenecer a un país en que el “deporte rey”—para qué nos vamos a engañar— anda de capa caída desde tiempos inmemoriales, no es el mejor aliciente para convertirse en fanático.

Por ello, con las justas veo por la televisión algunos partidos de los campeonatos sudamericanos en que participa algún equipo peruano, o los campeonatos mundiales, en cuyo caso la idea es ver un fútbol altamente competitivo, aunque resignado a no ver entre esos equipos competitivos a nuestra selección (el último recuerdo, casi traumático, que tengo de Perú en una copa mundial es la soberana goleada de 5 a 1 que nos metió Polonia en España 82). Debido a mi poca afición a este deporte, podría contar con los dedos de una mano las veces que en toda mi vida he ido al estadio a ver fútbol. De hecho, más veces debo haber ido al estadio, pero a ver conciertos o cosas así.

Es así que, casi por cumplir, siendo adolescente me hice hincha del Sporting Cristal. Recuerdo que tomé esa decisión durante un partido en que el equipo celeste le ganó al Unión Huaral (el equipo naranja que entonces tenía un relativo buen desempeño), un año en que el Cristal fue campeón. De hecho, creo que me hice hincha de ese equipo por no formar parte de la muchedumbre crema o blanquiazul. Desde entonces he sido hincha del Cristal; aunque un hincha bastante mediocre, la verdad.

Sin embargo, como hijo de la gran nación wanka, siempre veía con expectativa la participación de los equipos huancas en la primera división. De hecho, de niño seguía con mayor interés la participación del Deportivo Junín (que un tiempo se denominaría Huancayo Fútbol Club), equipo que estuvo en primera división desde 1974, el año en que nací, hasta 1990, el año en que terminé el colegio, ya siendo residente de la ciudad de Lima. Ese año, este
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clásico equipo de "la incontrastable" se fue a la baja para nunca más volver al olimpo de la primera división. Aunque inmediata-mente apareció otro equipo huancaíno, el Unión Huayllas-panca, sólo fue una estrella fugaz que se mantuvo en primera división el 90 y 91.

Hubo que esperar hasta el año 2000 para que otro equipo represente en el campeonato profesional a nuestra querida incontrastable: el Deportivo Wanka. No obstante, como bien lo sabemos, este equipo en verdad era el Deportivo Pesquero (y antes fue el Deportivo Sipesa) de Chimbote, que ante una severa crisis económica se mudó a Huancayo para poder sobrevivir. Estuvo en la primera división hasta el 2004; aunque la verdad, en todo ese tiempo me importó muy poco lo que pudiera hacer. Nunca lo sentí parte de mi tierra. Era un mercenario al que no podía querer y en el que no podía confiar. Ciertamente, el 2004 este equipo, tratando de mantenerse en primera división complicándole la vida a sus rivales, se mudó nuevamente, esta vez a Cerro de Pasco, lugar donde difícilmente alguien podría ganar de visita.

Y ahora que un equipo verdaderamente de mi tierra, el Sport Huancayo, imponiéndose como campeón de la Copa Perú como el más macho del “fútbol macho”, entra a la primera división, encuentro un gran motivo para celebrar. Supongo que mantendré mi simpatía por el Sporting Cristal, y de vez en cuando me alegraré con sus triunfos. Sin embargo, ahora encuentro un mejor motivo para ser hincha de este novel equipo, el Sport Huancayo: es el equipo de la entrañable ciudad que me vio nacer y en donde tengo mis raíces.

Algo me va quedando claro; más que ser hincha del fútbol lo soy de Huancayo. Y ahora que Huancayo tiene a su propio equipo en la primera división, tengo una razón de peso para volver a ver fútbol, para ser un hincha del Sport Huancayo.

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AMPLIACIÓN (30/dic/2008): Amador, uno de los bloguistas que ha comentado este post, me alcanzó el enlace del siguiente videito. Está bueno: