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sáb, 02 de septiembre, 2006

A pedido de uno de mis (pocos pero fieles) lectores, voy a reflexionar sobre el tema que me tocó vivir hace poco -el semestre pasado, no estoy tan viejo-: la vida de un cachimbo. Esta etapa tan añorada cuando estas en el colegio es, una experiencia que se torna ambigua dependiendo de cada persona.

A algunos -ilusos pero felices- como yo, nos parece un tiempo de exploración del estilo de vida que la universidad demanda, con gratos recuerdos que nunca faltan. En el primer ciclo todos venimos con muchas expectativas, nos levantamos temprano -algo raro en mí- para empezar todo bien y con el alivio que la ausencia de un jefe de normas fiscalizador -pesadilla de todo tardón- permite obtener.

En el primer día, no te pierdes en la facu (si tienes suerte y el salón anotado), llegas sin demoras por preguntar dónde son tus clases, y entras al salón para escuchar atentamente al profe ya que no conoces a absolutamente nadie (a menos que seas de Pamer o Ceprepuc, para variar). Ese día nadie participa en clase, sino que estás pensando en una buena excusa para hacerle el habla al pata o chica del costado.

Apuntas todo lo que el profe dice para nunca revisarlo, por lo menos hasta el parcial. Y empiezas a checar a la gentita que te parece chévere -antes de quedarte sin grupo!-, sino piña contigo, confórmate con los que tan solos como tú (trágico, ¿no?).

Luego, en la semana, la gente se va soltando. El profe colabora con sus -poco graciosas, por cierto- bromas en clase, los trabajos en equipo ("ustedes formen grupos y me los pasan en un papel") y a dedo con los lentejas que quedan ("A ver, levanten la mano los que no tienen grupo").

Así con la mancha ya constituida -y el trabajo olvidado- empiezan las reus ("¡¿ya, quién pone la jato?!"), un generoso voluntario se ofrece- o es ofrecido, da igual- a colaborar con su casa para tan noble causa (¡y limpiarla luego!). Los tragos van y vienen con juegos que, si no conocías, tus solidarios compañeros que ponen al tanto (admirable!). Estos simpáticos juegos tan inocentes -limones, vikingos, señor 3, todito, etc.- terminan por hacer hablar a todos los más oscuros secretos (¡tu pata ya tiro y tú aún eres virgen!). Pero don't worry, estamos entre patas, ¡es la ley de la amistad Pilsen caramba!

De reu en reu pasan las semanas hasta que... ¡Oh my god, llegaron los parciales! - ¿quien se dio cuenta? Yo no- Pucha, a leer todas las copias debajo de la cama (ya ves má, soy ordenado) pero hoy es domingo y mañana empiezan. ¿Qué hacer? Método práctico: lee la primera oración de cada párrafo n_n (si no es la principal, sorry pe).

Pasas la semana sin dormir o en mi caso, durmiendo -del stress, claro-. Una vez terminada la tortura china, el imperdible tono por fin de parciales (¡ya era hora!). Pero como todo aburre a esta edad, comienzas a descubrir una cierta necesitad de leer a tiempo, voluntariamente obvio (sino estas frito en finales).

Con tu nueva responsabilidad (sólo mostrar prácticas con más de 14, ¿OK?) te va muy bien ahora. Entonces te relajas un poco, en un momento tan oportuno como... vísperas de Finales! Luego de estos duros días de esfuerzo sobrehumano por aprobar, lo lograste -quien lo hubiera pensado no?-, el mail que mandaste con ese "profe no me jale, soy cachimbo!" sirvió.

Acabaste el primer ciclo -"no puede ser, tan rápido?", dirás- con una nueva visión del mundo: la chela es tu vida! No, mentira, la PUCP ahora es tu vida. Aprovéchala ex cachimbo, con todo lo que ello implica (no más IN-PUCP PARTY's por favor!) y ten en cuenta que te quedan 9 -o más, dios no quiera- provechosos ciclos que seguir para egresar de nuestra gloriosa Alma Mater. ¡Provecho!
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