- Exactamente – añadía yo – desde esa vez que te conté de la chica de los ojos castaños, la “sin-nombre” como dijo un lector.
- ¿“Sin-nombre”? Qué mal. Mejor ponle un nombre – me respondía con una mirada de desaprobación.
- No soy bueno para ponerle nombres a desconocidas.
- Pero ella no es una desconocida, tonto. Ella es “ella”.
Y así se quedó.

Yo la volví a ver después de algún tiempo. Muchos meses pasaron hasta que pude ver sus ojos de nuevo. Pero no le hablaba ni la saludaba, ella tampoco. Tenía algo diferente, algo así como si sus ojos fueran ahora más redondos, más llenos de calma. Su pelo estaba diferente, estaba mucho más bonito. Caminaba sola pero sin seriedad en sus mejillas. Era como si estuviera caminando en medio de la sensación que trae la primavera. Se veía muy joven ahora, como si el tiempo se hubiese detenido para ella. Me daban muchas ganas de acercarme y preguntarle si me recordaba y si recordaba ese día hace meses pero una extraña sensación me detenía.
- No termino de entender qué diferente había en ella – esta vez Yuki no me interrumpía, parecía aportar a nuestra conversación.
- En realidad, en ese momento yo tampoco – le respondía vacío, como recordando – y me extrañaba no saberlo.
- ¿Sabes? Creo que era solo tu cobardía y… - alargaba el “y” – tu creencia que el mundo gira a tu alrededor.
- Hey… – me acerqué a él y lo veía por sobre mis anteojos – el mundo gira a mi alrededor, que no se te olvide, simple humano.
- … ah – sonrojó (y mucho).
Pasaban los días y los días pasaban lentamente cuando yo a veces, “sin querer queriendo”, la esperaba en la cafetería, en la biblioteca. No la esperaba realmente, sino que pensaba en ella cuando me encontraba en lugares concurridos, soñando con la oportunidad de verla pasar, de hablarle, de botar sus libros por casualidad y recogerlos en el acto, de preguntarle “¿está libre este asiento?”. Pero eso no pasaba y la ansiedad llenaba mi corazón. Creo que tantas eran mis ganas de verla de nuevo que el destino me la traía en las circunstancias más inusuales: en el paradero, cuando yo tenía que entrar al trabajo, cuando yo tenía que volver de urgencia a casa. Lástima. Lástima.
- Eso pasa siempre, creo yo – me decía Yuki mirando el suelo, tal vez recordando alguna experiencia parecida – es que se nos presentan las oportunidades a medias y se necesita del paso adelante. Solo los valientes pueden lograr eso.
- No necesariamente, Yuki – le reprochaba – No me considero un valiente, sino un atrevido jajaja.
- Jajaja – se reía como burlándose – ¿Y cuál es la diferencia entre un valiente y un atrevido? – aún me preguntaba entre risas.
- Ah… los errores, por supuesto – le decía mientras un hilo de humo salía de mi boca y se elevaba por encima de nuestros pensamientos.
- Sí, pero ¿qué pasó con ella? ¿Cuándo es que esta historia realmente se desarrolla? – ya empezaba a sentir que le volvía la misma curiosidad de aquella vez.

Hace algún tiempo atrás, estaba con un par de amigos esperando por un sitio donde almorzar cerca de la cafetería cuando, de repente, tuve esa sensación nuevamente, como si ella estuviera cerca y mi corazón me avisara. Estaba seguro, ella estaba cerca o tal vez lo confundía con esa sensación temible, como si te estuvieran observando. Estaba cerca, podía sentirlo. Me di media vuelta y era ella sola en una mesa almorzando. Me miraba y sonreía a medias. Mi sonrisa habló por mi y un “qué tal” silenciado por el ruido del entorno dieron señales de que yo estaba con vida. Sus labios me iban a decir algo pero me llamaron de lejos. No sé porqué me fui pero luego imaginé tontamente que ella ya sabía mi nombre. Aún así, después de esos segundos, aún tenía la sensación de que ella no era la misma chica con la que hablé. Esa fue la penúltima vez que la vi en toda mi vida.
- Realmente – Yuki estaba desesperado – no quiero saber más detalles y cuéntame acerca de la última vez que la viste.
- Jajaja – sabía que te estresaría mi modo de narrar la historia así que la terminaré de una vez.
- Por favor.
- Ahí va.
Pasó exactamente un año de ese día. No me preguntes si había anotado esa fecha en algún lugar o cómo la recordé, pero lo hice. Sucedió el día que me iba a graduar, por eso volví por última vez a la universidad. Caminaba despacio y pasé por la Biblioteca. Una persona estaba entrevistando a algunas personas en el caminito. La estaban entrevistando. Ella vestía elegante y era la chica de tiempo atrás, a la que hablé algún día y me preguntó por mi mirada. No me vio, pero yo si a ella. Caminé lentamente o mis ojos vieron todo en cámara lenta. “La admiraré por última vez” pensó mi mente y así lo hizo. Ella estaba acompañada pero el cabello largo de la entrevistadora estaba tapando mi ángulo de visión. Di un paso más y me quedé helado. Su hermana gemela, la chica que me sonrió en la cafetería, la alegre, la llena de vida, estaba a su lado y ambas sonreían en la entrevista al aire libre. Totalmente increíble pero, una pregunta inocente surgió en mi cabeza…
- La cual es… - Yuki aún no terminaba de entender lo única que fue esa experiencia. Lo haría en unos tres minutos más, le faltaban datos.
- “Yo me equivoqué”… me dije a mi mismo – le seguía contando - ¿De quién me habré enamorado realmente?










entiendo porque había algo raro en ella... hermosa historia aunque Yuki algo desesperado por no decir muyyy desesperado ja ja...sigo de fan siempre leyendo las historias y que tengas lindo día...
byexh!!!