Pregunta un locutor de radio (en broma, supuestamente) a su compañera de trabajo cuando comenta las estadísticas que muestran lo preocupante que es el problema de la violencia contra la mujer. Por supuesto, es 25 de noviembre, y todos hablan sobre el tema. Debió ser el tema central del día y quizá debió merecer alguna portada en algún diario por la gravedad del problema, pero todos prefirieron un tema más mediático: el fútbol, antes que hablar de la violencia contra la mujer. El primer tema vende, el segundo es un problema casi invisibilizado la mayor parte del año, quedando sólo en el interés de algunas ONGs que trabajan en el tema.

El problema de la violencia contra la mujer es mucho más preocupante de lo que piensa la mayoría y hace mucho tiempo que dejó de ser un problema privado, para convertirse en uno público, porque afecta a miles de mujeres a lo largo de todo el país. De otro modo no puede ser entendido que un promedio de nueve mujeres al mes sean asesinadas por sus parejas, según información del colectivo 25 de noviembre. Nueve mujeres al mes son acuchilladas, golpeadas hasta la muerte, violadas o reciben un disparo de algún desadaptado que tenían por pareja. De alguien que, seguramente, en algún momento le juró amor eterno.

Las estadísticas no muestran la totalidad de los casos, y no se trata del margen de error (tema que tanto les gusta a los que trabajan con números, olvidando que detrás de cada número hay una persona, una vida). El problema con las estadísticas para este caso, es que no tenemos cifras oficiales y lo que se muestran como números alarmantes son los esfuerzos de entidades y colectivos no estatales para visibilizar el tema ante la aparente indiferencia del Estado.

El problema se agrava en el medio rural donde la situación es preocupante porque se llega a afirmar que el tema de la violencia es un tema cultural, y que, por lo tanto, así deben ser las cosas.

Ante esto, lo menos que podría pedirse es el compromiso del Estado para implementar políticas de prevención de la violencia y, una vez sucedido algún hecho violento, disponer que los canales para hacer la denuncia sean claros y protejan a la víctima, no como sucede actualmente, donde muchas veces no se denuncia porque hacerlo es ser víctima nuevamente de maltrato, o en el mejor de los casos, de indiferencia.

Parte de estas políticas deberían revitalizar el plan nacional contra la violencia hacia la mujer, promover la creación de juzgados especializados, contar con personal policial y de salud especializado para la atención a las víctimas y sobre todo, asegurar que los causantes de la violencia sean sancionados, y se acompañe a las víctimas no sólo en lo legal, sino también en los psicológico.

Hay un debate, donde pocos se ponen de acuerdo, entre si hoy se denuncia más o hay un incremento en la violencia. Yo creo que es una suma de ambos. Es cierto que cada vez hay menos mujeres que toleran el maltrato, y que factores como la independencia económica, o mayor conocimiento de sus derechos, les ayuda a decir a mí no me tocas. Pero también tenemos la otra cara de la moneda, donde el maltrato es lo normal y la violencia la forma de relacionarse.

Otro punto especial es que para combatir la violencia, cualquier tipo de violencia, no debemos ceder ni un milímetro en rechazarla y denunciarla, y no aceptar bromas tontas, que en el fondo validan prácticas que debemos desterrar para considerarnos, cada vez más, como una comunidad civilizada.