En esta entrada haré algunas reflexiones sobre esta generación de programas de la televisión peruana, cuya “gracia” consiste en exhibir y ridiculizar a terceros, pero bajo la premisa de “que no se refieren directamente a sus afectados. ¿Es posible esto? ¿Bajo qué condiciones se da esta fiebre de espectáculos de dudosa ética? ¿Por qué en Perú son tan aceptados?

Está de moda este dilema, ¿atentan o no contra terceros? Logrando un efecto de polarización en la población. Hay quien asegura que es “una obligación natural tener correa” y permitir que se dé esto; otros más recatados –y quizá menos- aseguran que es un atentando contra la persona misma en cuestión.

Desconozco cundo empezó esta tendencia, pero seguro que no es nueva. De hecho “la periodista” Magaly –ahora en prisión- pudiera ser la iniciadora de una serie de prácticas televisivas inmorales totalmente, pero con tanta aceptación de parte de los consumidores de “distracción” mediática que terminó generando magníficos dividendos.

Porque es imposible llamar cultura o entretenimiento a ese tipo de programas, me limito al término de distracción analogándolo a un mero paliativo existencial, el cual más adelante explicaré.

Pero el caso de “la periodista” no es siquiera el único, y aquí debo de quitarme las cargas emocionales que puedan afectar mis juicios. Hay más programas dirigidos por cuestionables individuos que de ninguna manera deben llamarse periodistas. Es decir, ¿su trabajo es realmente de beneficio para la sociedad y la mejor calidad de vida en este país? ¿Cuál es el caso de exhibir a un “grupo muestra” de la población? Basta ver que los escogidos personajes generalmente no representan a nadie de importancia con repercusiones en la vida política, cultural o económica del país.

El grupo muestra se limita a personajes faranduleros de una vida desordenada. Seguramente seres frustrados e incapaces de hallar un sentido positivo a su vida que no sea su mera exhibición –por descuido o por narcisismo- de conductas patológicas y escandalosas.

Y no puede ser periodismo, porque en lo poco que he visto esta tendencia televisiva de entrometerse con ellos carece totalmente de una metodología formal además, e insisto mucho en ello, no tiene ninguna relevante función para la mejora de la vida en el país.

¿Por qué “la periodista” llegó a la cárcel? Y evitaré mi frase guardada de “¡Ya le tocaba!” limitándome a decir, ¿tan difícil era demostrar que la foto del Paolo era a esa hora? Si yo me dedicara al “oficio del periodismo de ese tipo” (gracias a dios que no me arrastro en la grada) no habría tenido ningún problema en demostrarlo, y no por medio de testigos “amenazados para callar” sino aunado de un layout fotográfico demostrando todas las condiciones de ese día y esa hora y ya (¡pero no!). Pero es demasiado complejo para gente que, sin tener una preparación formal trabaja en programas mediocres que cuyo único objetivo es generar ganancias estratosféricas…

Justo ahora veo en las noticias el caso de Carlos Álvarez y las amenazas que recibe. Él se justifica diciendo que sus personajes “no representan realmente” a los verdaderos y cuestionables protagonistas. Pero el parecido (las máscaras) y el contexto son casi idénticos –y qué decir de la ingeniosa chapa-… y el programa de Álvarez y Benavides me encanta, y no por eso puedo decir que efectivamente, no atenta contra nadie.

Al menos El Especial del Humor tiene ciertas cualidades que pudieran ayudarle si yo quisiera justificar su existencia. Su mismo nombre lo aclara, todo por el humor; y vaya que lo hacen muy bien. Sin embargo, estoy absolutamente seguro que sus personajes inspiradores no se divierten ni tantito viendo dichos productos (Maritín, Paolín, Desaire, Jeta Jeta y tantos más). ¿Acaso no se atenta moralmente contra ellos cada vez que alguna broma hace estallar la risa de la población?

Otro enorme mérito de este dúo (que no es dúo, porque tienen más personas de alta capacidad para el show de risas que ofrecen), es que su rango de personajes en análisis (o debo decir, ¿víctimas?) es mucho mayor, y no temen en tocar las altas esferas de la vida pública y del Estado. Pero al final de cuenta, ¿no es lo mismo que lo que hace la mediocre, corriente, inmoral y nada de “periodista” Magaly? Decir que no sería recurrir a la discriminación.

Ahora bien, ¿por qué la población parece apoyar este tipo de ridiculizaciones mediáticas que generan showbusiness’ money?

Un elemento que destaca es que, al menos, ninguno padece (o aparenta) problemas económicos. Es decir, son ricos (o se las dan; no creo que esa tipeja de lástima como lo es la Jibaja tenga alguna fortuna). Entonces aparece el síndrome de Robin Hood; “atacar a los ricos es un mérito”, atacar a un pobre sería ensañarse. Un país cuyos indicadores económicos verdaderos y duros (visibles, constatables) indican que la mayoría de la población es pobre No puede ponerse en contra de la agresión a la rica minoría.

Otro, ya mencionado, son las conductas cuestionables de los juergueros futbolistas, de los coroneles o generales de un ejército asesino, de las vedettes operadas y consumidoras de drogas, de personajes de la t.v. generalmente gays (y lo digo por ti Bayly) … o sea, ¿qué hay de virtud agredir a gente que no ha sido capaz de ordenar y dirigir su vida? Yo pienso que esa gente ya padece un grado de miseria enorme, por eso actúan como actúan… es por eso que en lo personal le tengo una fobia a una “periodista” que no ha sido capaz de verse a sí misma.

Pero quizá el elemento más interesante de esta tendencia televisiva tiene que ver con el hecho de un sentimiento complejo de injusticia, de impunidad y de corrupción que se vive en Perú. Cuando un país no ofrece un sistema jurídico legal que garantice una verdadera democracia, que haga tener a la población con un sentimiento de satisfacción y pertenencia a esa nación, es tan fácil para las mentes explotadoras de una población ignorante generar camadas de robinhoods que parezca impartan una justicia que el sistema se niega a ofrecer.

Epílogo

¿Qué pasaría si un club de fútbol despide a un juerguero? ¿Si el ejército demeritara a un general o coronel asesino o corrupto? ¿Qué una productora de t.v. o cine no contrate a una vedette o actriz metida en drogas o escándalos? O peor aún, ¿qué la población se negara a mirar programas dedicados al mero exhibicionismo amarillista sin propuesta ni fundamentos que inunda la televisión peruana? Es decir, que esto ocurriera así nomás, por una campaña moral dirigida por Dios… ¿Cómo la enorme población frustrada y marginada del Perú encontraría un lapso de sosiego? ¿A dónde se canalizaría esta necesidad de ver sufrir a otros más que a uno mismo? Y que a nadie le extrañe que habrá Magaly, Magnolia o Mascaly para rato.

Recontraepílogo:

Y en verdad ni siquiera me da gusto de saber que un cura homosexual se meta con su chofer, que el hijo del Chino se comporte como un idiota en las entrevistas, que un futbolista de chacra haga escándalos sexuales en un hotel, que una vedette se mee a la vista de todos o que fuma marihuana como un show, o que un político desee aceitar las negociaciones y enriquecerse como pocos... pero al final de cuentas es su triste vida, y son otras las instancias que deben juzgarlos como ciudadanos.