
Franz Kundmüller
Este fin de semana, en el Museo Nacional de la Construcción de Washington D.C., se llevará a cabo la Cumbre Financiera Global, que reúne a los 20 países mas poderosos del mundo. Para algunos autores, se trataría de un nuevo Bretton Woods para el reordenamiento de la economía global, luego de la reciente mega crisis financiera.
Para otros autores, simplemente se trata de un escenario de confrontación en el cual los europeos discutirán con los norteamericanos sin llegar a un acuerdo. A continuación, un artículo de ABC de España sobre la Cumbre:
G-20 Cumbre Financiera Internacional (¿G-20 como nuevo formato de gobierno internacional?)
El tema de discusión es claro: cuál es la respuesta adecuada a las actuales turbulencias y qué reformas hay que realizar en el sistema financiero internacional a medio y largo plazo para evitar que se repita una crisis como la actual. En busca se soluciones se van a poner desde esta noche los jefes de Estado y de Gobierno de los países del G-20. La cita se abre con una cena en la Casa Blanca. El protocolo ha establecido que Zapatero esté sentado entre la canciller alemana, Angela Merkel, y el primer ministro holandés, Jan Peter Balkenende.
Esta es la primera de una serie de encuentros. Los miembros del Grupo de los 20 (G20) preparan una próxima cumbre de Jefes de Estado que se celebrará a finales de febrero o en marzo en el Reino Unido, según el canciller de Brasil, Celso Amorim, cuyo país que preside el grupo. "Sería natural" que fuera en el Reino Unido, porque será el próximo país que presida el G20, argumenta el canciller brasileño en Washington horas antes de que comience la primera cumbre de líderes de este grupo para analizar la crisis financiera internacional.
Las reuniones empiezan la mañana del sábado en el 'National Building Museum' de Washington. Está previsto que se celebren dos sesiones de trabajo plenarias con la participación de todos los líderes tras la protocolaria foto de familia. A continuación, el presidente estadounidense, George W. Bush, ofrecerá un almuerzo al que asistirán también los ministros de Finanzas.
La Unión Europea acude a la cita, la primera de una serie de conferencias sobre el mismo tema, con la pretensión de imponer una mayor regulación en el sector financiero en un plazo de cien días. Estados Unidos ve estas reformas con mayor cautela, mientras que para los países emergentes la prioridad es aumentar su representación en los órganos de gobierno internacional como el Banco Mundial o el G-8.
Durante la cumbre se discutirá también, a iniciativa de Reino Unido, la posibilidad de lanzar una iniciativa conjunta de estímulo fiscal para combatir la recesión. Este plan es el que podría encontrar un mayor grado de consenso dado que varias de las mayores economías del mundo están tomando medidas en este sentido los últimos días. La Administración norteamericana ya aprobó en verano un plan de estímulo fiscal y está estudiando lanzar otro nuevo. También Japón, China, Reino Unido y Alemania han anunciado programas de recuperación.
Limitadas expectativas
La iniciativa de convocar esta reunión partió del presidente francés, Nicolas Sarkozy, y del primer ministro británico, Gordon Brown. Ambos sostienen que la cumbre debe ser una reedición de la conferencia de Bretton Woods, que en 1944 diseñó el orden financiero de la posguerra y creó el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM).
Sin embargo, se espera que los resultados de la reunión sean mucho menos ambiciosos y concretos. En primer lugar, porque Bush, el anfitrión a la fuerza del encuentro, tiene los días contados en la Casa Blanca y su sucesor, Barack Obama, no asiste a la reunión. Para evitar la imagen de bicefalia en la primera potencia del mundp, se ha limitado a enviar a dos emisarios: la antigua secretaria de Estado con Bill Clinto, Madeleine Albright, y el ex congresista republicano Jim Leach.
El propio director del FMI, Dominique Strauss-Khan, ha insistido en que no hay que tener demasiadas expectativas sobre la reunión. "Las cosas no van a cambiar de la noche a la mañana. Costó dos años preparar Bretton Woods. Mucha gente está hablando ahora de Bretton Woods II. Suena bien, pero no vamos a crear un nuevo tratado internacional", expone Strauss-Khan en una entrevista con el periódico británico 'Financial Times'.
De hecho, los preparativos de la cumbre de Washington se iniciaron hace sólo unas semanas y los Gobiernos de los países participantes negociaban este viernes todavía un primer borrador "muy técnico" de las conclusiones. Además, no hay pasar por alto que las posiciones de los países del G-20 sobre la reforma de la arquitectura financiera internacional están muy alejadas, lo que dificulta que puedan aprobarse medidas concretas. Bush ha insistido en que la crisis no debe hacer olvidar que el libre mercado es el mejor sistema para lograr crecimiento económico, y ha advertido del riesgo de una "sobrerregulación" de los mercados, apuntando que otros países con una supervisión de los mercados hipotecarios más amplia que la de Estados Unidos habían experimentado problemas "casi idénticos".
En el extremo contrario se sitúa Francia, cuya propuesta estrella para la cumbre de Washington, que ha sido asumida por el conjunto de la UE, es que ningún segmento de mercado, ningún territorio ni ninguna institución financiera escape a la regulación, incluyendo agencias de 'rating', 'hedge funds' y paraísos fiscales.
"No queremos pasar de la ausencia de regulación a un exceso de regulación, pero queremos cambiar las reglas del juego financiero", señalaba Sarkozy la semana pasada tras la cumbre en la que los Veintisiete pactaron la postura común que llevan al G-20. El presidente francés recordó entonces que la actual crisis partió de Estados Unidos y que por ello la UE no aceptará ahora que las autoridades norteamericanas bloqueen las reformas. Sarkozy defenderá además en Washington que el dólar "no puede pretender ser la única moneda del mundo".
Pocos puntos en común
El único punto de encuentro que parece perfilarse entre la UE y Estados Unidos, que podría ser apoyado también por los países emergentes, es la necesidad de relanzar la ronda de liberalización comercial de Doha, que se lanzó en 2001 y se bloqueó por enésima vez en julio.
También tiene sus propias prioridades el primer ministro británico y están recogidas en la posición común de la UE. Por un lado, la creación de un "sistema de alerta temprana" que permita la identificación de los riesgos futuros que amenacen la estabilidad económica y financiera global y la toma de decisiones rápidas para mitigarlos. Esta propuesta ha recibido el respaldo del presidente ruso, Dmitri Medvedev. Por otro, Brown reclama que antes de que acabe el año, las 30 entidades financieras más importantes del mundo sean vigiladas por "colegios de supervisores" en los que participen las autoridades de todos los países en los que estos bancos tengan actividades.
El presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero -que finalmente logró hacerse un hueco en una cita a la que inicialmente estaban invitados sólo los jefes de Estado y de Gobierno de los países que forman el G-20-, defenderá el modelo español de supervisión bancaria, que ha permitido que el sistema financiero esté afrontando mejor que otros las turbulencias de los mercados. Zapatero apostará en Washington por una regulación "muy exigente" del sistema financiero, por considerar que sólo así se podrá dar confianza a los inversores.
El papel de los países emergentes
La UE reclamará también en la reunión que se refuerce el papel del FMI para convertirlo en el guardián de la estabilidad financiera mundial. Sin embargo, como reconoció el propio Sarkozy, ni siquiera entre los Estados miembros hay todavía consenso sobre el sentido de esta reforma: algunos países quieren convertir esta institución en una especie de banco central de bancos centrales, otros quieren mejorar sus instrumentos para estabilizar a los países en dificultades y otros pretenden que censure a los países que lleven a cabo políticas económicas erróneas.
Tampoco está claro cómo dar un mayor papel a las economías emergentes en el G-8 o en el FMI y el BM. Los europeos han propuesto hacer "más abierto y transparente" el proceso de selección tanto del director del FMI como del presidente del Banco Mundial. Esto acabaría con la tradición, duramente criticada por los emergentes, de que la UE elija siempre al máximo responsable del Fondo y de que Estados Unidos escoja por su parte al presidente del Banco Mundial. Pero no se sabe si habrá consenso sobre esta propuesta.
Uno de los posibles resultados de la cumbre podría ser el de consolidar al G-20 como nuevo formato de gobierno internacional para hacer frente a los problemas mundiales, ya que el G-8 excluye a las potencias emergentes. En este sentido, una de las prioridades para España es mantener en el futuro su puesto en el G-20 y poder participar en este tipo de debates. Probablemente se decidirá convocar una nueva cumbre del G-20 a finales de febrero o principios de marzo, en la que ya participará Obama, para evaluar los progresos realizados.
BBC
G-20: cumbre histórica... o inútil
Marcelo Justo
BBC Mundo
¿Cimiento de un nuevo orden financiero internacional o irrelevante pie de página? Este es el dilema que enfrenta la cumbre del G-20 que tiene lugar este sábado en Washington. Nadie espera que esta amalgama de naciones dispares -los ricos del G7, las nuevas potencias del BRIC (Brasil, Rusia, India, China), y países varios como Argentina, Corea del Sur, Turquía y Arabia Saudita entre otros-, pueda acordar con dos sesiones de trabajo de 90 minutos una nueva arquitectura financiera mundial.
"Tendremos declaraciones generales y se necesitará mucho trabajo adicional para que eso se refleje en propuestas concretas. El significado más impactante de la reunión es que las nuevas naciones emergentes serán parte de la negociación", señaló a BBC mundo Kevin Young, especialista en Política Internacional del London School of Economics.
Pero el tiempo urge.
En una declaración el viernes 7 de noviembre, la Unión Europea indicó que el G-20 debería aportar soluciones en los próximos 100 días.
El plazo se cumple a fines de febrero: aproximadamente un mes después de la asunción de Barack Obama.
Lo viejo y lo nuevo
¿Se puede comparar esta cumbre del G-20 con la reunión de 44 naciones en Bretton Woods en 1944 que definió el orden internacional que regiría al mundo capitalista de la posguerra?
Los acuerdos de Bretton Woods crearon instituciones internacionales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco de Reconstrucción y Desarrollo (IBRD, luego absorbido por el Banco Mundial) para evitar turbulencias económicas globales como la de los años 30.
Según críticos del FMI, como el "Bretton Woods Project" -una organización independiente que vigila la conducta de las organizaciones creadas en 1944-, las crisis financieras de estos últimos 20 años demuestran el fracaso de estas instituciones.
"Pero el problema no se limita al FMI. En ese sentido, una reforma de la arquitectura financiera internacional tiene que tratar muchos temas a la vez: el sistema bancario, los paraísos fiscales, la regulación internacional", indicó a BBC Mundo Jesse Griffiths, del "Bretton Woods Project".
Es que la elemental estructura acordada en Bretton Woods naufragó a principios de los años 70 cuando Estados Unidos impuso la libre flotación de la moneda pero, además, se vio erosionada por la creciente importancia del capital financiero.
Para muchos, la desregulación de las bolsas de los años 80, la liberalización del mercado de capitales de los 90 y el impacto de la revolución tecnológica dibujaron un planeta muy diferente al de la posguerra y desnudaron la impotencia de las instituciones internacionales vigentes.
"La regulación a nivel nacional resulta totalmente insuficiente para un sistema financiero internacional que cuenta con una presencia creciente de nuevos agentes como fondos de inversion, compañías de seguro y otros actores que hoy tienen una presencia fundamental y simultánea en distintos países", señaló a BBC Mundo Jordi Galí, economista del Barcelona Graduate School of Economics, un centro internacional de posgrado en economía.
Economía y política
En vísperas de la cumbre de Washington unas 260 ONGs y organizaciones humanitarias, dieron a conocer una declaración en la que reclaman el fin de la agenda desreguladora y privatizadora global, una mayor transparencia institucional mundial y claros límites al FMI, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio.
Hasta hace poco un programa de esta naturaleza parecía una agenda radical con escasas posibilidades de aplicación.
La peor crisis financiera global desde los años 30 ha cambiado el clima intelectual del debate y, al menos en el significado superficial de algunas palabras, distintos líderes europeos coinciden en la necesidad de crear "un nuevo orden global financiero" (José Manuel Barroso, presidente de la Comisión Europea) o garantizar un "sistema transparente" (el primer ministro británico, Gordon Brown, ante la ONU).
Sin embargo, la disparidad política de los miembros del G-20 puede empantanar las conversaciones o tornarlas en un juego vacuo de declaraciones altisonantes.
¿Cuánto terreno común pueden encontrar los países del BRIC y del G7 o miembros individuales como Rusia y Estados Unidos?
En este contexto, los 100 días de la Unión Europea parecen más una expresión de deseos que una posible realidad.
Más teniendo en cuenta que la cumbre del G-20 en Washington tiene de anfitrión a un protagonista debilitado: George W. Bush.
El factor Obama
El presidente saliente es lo que en inglés llaman un "lame duck", un pato rengo. Pero además, sus diferencias con Obama en temas de política económica abren un signo de interrogación sobre lo que se pueda acordar con Bush.
Mientras que Bush sólo aceptó a regañadientes la idea de una reforma financiera internacional, el presidente electo fue uno de los signatarios el año pasado de un proyecto de ley contra los paraísos fiscales.
En la campaña, Obama indicó que quería reforzar la exigencia de liquidez y transparencia de las instituciones financieras y regular los Fondos de Inversión, las agencias calificadoras de crédito como Standard and Poor´s y las transacciones de complejos instrumentos financieros como los derivativos.
Un programa de esta naturaleza se complementa bien con las reformas que impulsa la Unión Europea y contaría con el apoyo de algunas naciones en desarrollo.
"Es posible que el G-20 no sea el escenario final de estas discusiones, pero sí puede suministrar una iniciativa sobre qué instituciones es necesario crear o cuáles se pueden reformar para la coordinación de una nueva regulación y supervisión financiera internacional.", indicó a BBC mundo Jordi Galí.
Pero organizaciones como el Bretton Woods Project alertan contra soluciones superficiales.
"La reunión de los países del G-20 puede ser un primer paso, pero lo que se necesita es un debate realmente global. No se trata de acordar un incremento de fondos para el FMI o algunas medidas rápidas para salir del paso. No se soluciona con eso: un parche no sirve", puntualizó a BBC Mundo Jesse Griffiths, del Bretton Woods Project.







