04/11/08: Mujeres exitosas: Victoria Morillo
Victoria Morillo: 'Yo quería salir adelante en mi país'
| Remalló polos, vendió joyas, beepers, publicidad. No tenía tiempo -ni dinero- para estudiar. Su familia dependía de ella. Partió a Miami, regresó. Abrió su empresa, pasó las de Caín, pero persistió
Por Antonio Orjeda
El Comercio
Victoria creció en el Rímac, a unos pasos del río hablador. Su padre vendía libros de Contabilidad. Mayor de cuatro hermanos, a los 15 comenzó a trabajar. Hoy tiene una empresa. El último año facturó medio millón de dólares.
Seis años atrás, Carlos Carty, convencido de los dotes de Victoria para las ventas, la animó. Crearon Latino Media, una empresa que parecía imposible. Semanas atrás, esta página recibió un correo: Victoria es lo máximo, decía. Tras corroborarlo, fuimos en su busca.
¿Es cierto que cuando empezaron, usted y su socio pasaron por momentos realmente bravos?
Nos comíamos las uñas. Siempre, cuando estamos con los amigos que han visto cómo hemos evolucionado, contamos eso, porque -de verdad- ¡nos comíamos las uñas! Nos cortaban la luz, no teníamos para el teléfono, teníamos que salir a llamar con nuestra tarjeta 147.
No tenían para comer.
¡No! Lo poquito que vendíamos alcanzaba justo para pagar a la asistente. No teníamos sueldo.
¿Es cierto que se alimentaban de latas de atún o es una exageración?
Sí, y terminamos odiando el atún (ríe). Comíamos una lata entre los dos. ¡No teníamos! Yo vivía en el Rímac y él, en San Miguel, en nuestras casas había qué comer, pero el traslado de nuestra oficina (en Miraflores), y el retorno, era ¡más gasto! Yo andaba con un sol para mi ida, y con otro para mi vuelta. Yo le tenía que pedir ¡a mi papá! Por eso, yo le decía a Carlos: "¿Cómo puede ser que tenga una empresa y que le tenga que pedir a mi papá para venir a trabajar?".
Hoy tiene clientes de lujo: Renault, Nike, Kimberly Clark.
Trabajo con las mejores marcas.
¿Cómo se siente?
Orgullosa. Feliz. Si me tocara volver a vivir lo que he pasado, ¡lo volvería a vivir!
¿Cómo se siente?
Orgullosa. Feliz… Si me tocara volver a vivir lo que he pasado, ¡lo volvería a vivir!
Usted la ha tenido difícil siempre: comenzó a trabajar a los 15, como remalladora.
Sí.
Iba al colegio.
Iba, y trabajaba por las tardes.
¿A qué se dedicaban sus padres?
Mi mamá, ama de casa. Mi papá vendía libros.
¿Alguna vez renegó porque no había plata en casa?
Sabía que no tenían. Aunque sí, en alguna oportunidad le dije a mi papá: “¡Por qué no trabajaste más!”, “¡por qué no fuiste gerente de algo para que me pagues una universidad!”. Eso lo haces cuando estás chico, cuando eres adolescente y no piensas; porque él me dio todo lo que estuvo dentro de sus posibilidades.
Su siguiente trabajo fue en ventas. En una góndola, en una galería del jirón de la Unión.
Yo vivía en el Rímac, y buscando trabajo encontré ahí. Vendía joyas.
Como era buena, la dueña de una cadena de tiendas la fichó.
Me dijo: “Vente a trabajar conmigo”. Primero me llevó a una tienda y después a Miraflores. Así conocí Miraflores, porque yo no conocía. ¡Yo no pasaba del Rímac!
Por su talento y honestidad, la terminó poniendo a cargo de toda la cadena de tiendas. Pese a ello, su sueldo…
¡Era una miseria! Ganaba nada y trabajaba ¡todo el día! De 9 de la mañana a 10 de la noche.
¿Cómo entenderlo? Hay mucho empresario que hace eso: te da un título lindo, pero un sueldo miserable.
No valoran el trabajo. Son egoístas, solo piensan en tener más utilidades para ellos.
Hoy, usted es empresaria. ¿Cómo es como empleadora?
Yo valoro mucho a mi personal. Siempre estoy reconociendo su labor, tanto económicamente -hasta donde se pueda- como personalmente, ¡porque yo fui empleada! Yo hablo con ellos, les cuento de cuando era vendedora; porque yo tengo esta empresa porque me la gané, ¡me la gané trabajando!
Vendió polos, artesanías…
Beepers, radios… Hasta que tuve mi primer trabajo estable: en una AFP.
De ahí pasó a un banco, a Páginas Amarillas, hasta que hubo una reducción de personal y se acogió a ella.
Sí, fue un buen trabajo. ¡Aprendí muchísimo! Tuve muy buenos jefes, ¡conocí a tigres en ventas! Vendía avisos por teléfono… ¿Tú te imaginas lo difícil que es eso? Me tiraban el teléfono, pero ¡yo ahí!
Seguía viviendo en el Rímac.
Yo he vivido en el Rímac hasta casi los 30 años.
¿Sus papás qué decían? La chiquilla que empezó como remalladora era ya una ejecutiva de ventas.
Siempre han estado orgullosos de mí, y ahora lo están más. Siempre fui la hija que trabajó un montón, que los ayudó…
Y por buscar siempre lo mejor, terminó yéndose a Miami.
Me fui porque salí de una empresa grande, en la que ganaba muy bien, y justo fue cuando la situación acá no estaba muy bien: el 2000. Conseguí trabajo, pero no me sentía a gusto, sentía que había retrocedido. Buscaba algo mejor y no había, y unas amigas que tengo en EE.UU. me comenzaron a decir: “¡Tienes que venir!”.
¿Qué descubrió allá?
Que tenía que haberme quedado en mi país y seguir, y luchar… Algo que me marcó mucho cuando viví allá, es que siempre iba a las fiestas de peruanos, ¡porque añoraba el Perú! Conversaba con gente que tenía 15, 20 años allá, y todos decían: “Yo tengo que volver a Perú”. Yo les decía: “¿Y por qué no vuelves? ¡Si ya lo tienes todo!”. “No, todavía me falta algo más”. “No sé, si tanto añoras a tu país, a tu familia, a tus hijos… ve, ¡has algo en Perú!”. Nada. Me puse a pensar y dije: “No quiero cumplir 10 años y seguir añorando el Perú. Yo tengo que volver ¡ya!”.
Fue entonces que su hoy socio la llamó y le planteó que regrese para poner aquí un negocio.
Lo hizo cuando regresé por vacaciones. Esa era mi alternativa para volver.
Regresó a Miami pero igual invirtió. Su socio abrió aquí. No había pasado un año y les robaron todo.
Mis esperanzas se fueron al tacho. “Me tendré que quedar”, pensé. ¡Yo me resistía a quedarme en EE.UU.! Pero no tenía alternativa: regresar iba a ser empezar de nuevo, buscar trabajo ¡y mi familia dependía de mí!
No pasó mucho tiempo y él la volvió a llamar, le plateó poner una empresa de publicidad en baños. Aceptó. ¿Por qué se mandó de nuevo?
Porque era mi esperanza de salir adelante en mi país. Yo quería salir adelante aquí, no en EE.UU.
Regresó, pusieron la empresa y pasaron mil dificultades: les cortaban la luz, le tenía que pedir a su papá para sus pasajes, almorzaban latas de atún… ¿No había sido un error regresar?
En algún momento lo pensé, pero lo bueno que tenemos Carlos y yo como equipo, es que si uno se caía, ¡el otro lo animaba! Un día que no tenía ni para volver a mi casa, le dije: “¡No puedo más! Mi familia necesita que los ayude, ¿qué te parece si mejor me voy (a Miami) y mientras tú ordenas las cosas acá yo allá voy ganando un poco de dinero?”. “No -me dijo-, yo te necesito acá: somos un equipo, ¡tenemos que seguir adelante!”.
Hace seis años, además, esto de la publicidad en baños era algo más bien delirante.
¡A Carlos una vez un cliente lo botó de su empresa! Llamabas y te tiraban el teléfono. “¿Mi marca, en un baño? ¡Ni hablar!”.
Hoy son los líderes del mercado, han ampliado mucho más su oferta.
¡Hoy tenemos mil cosas! Hemos conceptualizado y ejecutado un montón de eventos, pero siempre estábamos detrás del telón; ya no: ahora hemos creado nuestra agencia de publicidad BTL.
Y recién tiene 40 años. O sea que valió la pena el esfuerzo.
Sí, ¡estoy muy contenta!
Dígame, ¿usted cree que solo valen la pena las historias de las personas que han salido de abajo?
No. Valen la pena las historias de todos los que han puesto mucho esfuerzo en lograr algo. No solo quienes hemos salido de abajo tenemos mérito.
FICHA
Nombre: Miryam Victoria Morillo Millones.
Colegio: María Parado de Bellido, en el Rímac.
Estudios: Administradora de IPAE. “Estudiaba tres meses, dejaba medio año y volvía a estudiar… ¡No sé en cuánto tiempo me tomó, pero terminé!”.
Edad: 40 años.
Cargo: Propietaria y gerenta comercial del Grupo Latino Media.
LATINO MEDIA
Agencia de publicidad en baños que con 2.000 soles Victoria y su socio abrieron el 2002. Hoy lideran el mercado. El 2007 facturaron medio millón de dólares.
GRUPO LATINO MEDIA
Conglomerado integrado por Latino Media Indoor, Pixman, Triside & Trade Media, Móvil Media, Pantallas Publicitarias y Cautiva BTL.
| Remalló polos, vendió joyas, beepers, publicidad. No tenía tiempo -ni dinero- para estudiar. Su familia dependía de ella. Partió a Miami, regresó. Abrió su empresa, pasó las de Caín, pero persistió
Por Antonio Orjeda
El Comercio
Victoria creció en el Rímac, a unos pasos del río hablador. Su padre vendía libros de Contabilidad. Mayor de cuatro hermanos, a los 15 comenzó a trabajar. Hoy tiene una empresa. El último año facturó medio millón de dólares.
Seis años atrás, Carlos Carty, convencido de los dotes de Victoria para las ventas, la animó. Crearon Latino Media, una empresa que parecía imposible. Semanas atrás, esta página recibió un correo: Victoria es lo máximo, decía. Tras corroborarlo, fuimos en su busca.
¿Es cierto que cuando empezaron, usted y su socio pasaron por momentos realmente bravos?
Nos comíamos las uñas. Siempre, cuando estamos con los amigos que han visto cómo hemos evolucionado, contamos eso, porque -de verdad- ¡nos comíamos las uñas! Nos cortaban la luz, no teníamos para el teléfono, teníamos que salir a llamar con nuestra tarjeta 147.
No tenían para comer.
¡No! Lo poquito que vendíamos alcanzaba justo para pagar a la asistente. No teníamos sueldo.
¿Es cierto que se alimentaban de latas de atún o es una exageración?
Sí, y terminamos odiando el atún (ríe). Comíamos una lata entre los dos. ¡No teníamos! Yo vivía en el Rímac y él, en San Miguel, en nuestras casas había qué comer, pero el traslado de nuestra oficina (en Miraflores), y el retorno, era ¡más gasto! Yo andaba con un sol para mi ida, y con otro para mi vuelta. Yo le tenía que pedir ¡a mi papá! Por eso, yo le decía a Carlos: "¿Cómo puede ser que tenga una empresa y que le tenga que pedir a mi papá para venir a trabajar?".
Hoy tiene clientes de lujo: Renault, Nike, Kimberly Clark.
Trabajo con las mejores marcas.
¿Cómo se siente?
Orgullosa. Feliz. Si me tocara volver a vivir lo que he pasado, ¡lo volvería a vivir!
¿Cómo se siente?
Orgullosa. Feliz… Si me tocara volver a vivir lo que he pasado, ¡lo volvería a vivir!
Usted la ha tenido difícil siempre: comenzó a trabajar a los 15, como remalladora.
Sí.
Iba al colegio.
Iba, y trabajaba por las tardes.
¿A qué se dedicaban sus padres?
Mi mamá, ama de casa. Mi papá vendía libros.
¿Alguna vez renegó porque no había plata en casa?
Sabía que no tenían. Aunque sí, en alguna oportunidad le dije a mi papá: “¡Por qué no trabajaste más!”, “¡por qué no fuiste gerente de algo para que me pagues una universidad!”. Eso lo haces cuando estás chico, cuando eres adolescente y no piensas; porque él me dio todo lo que estuvo dentro de sus posibilidades.
Su siguiente trabajo fue en ventas. En una góndola, en una galería del jirón de la Unión.
Yo vivía en el Rímac, y buscando trabajo encontré ahí. Vendía joyas.
Como era buena, la dueña de una cadena de tiendas la fichó.
Me dijo: “Vente a trabajar conmigo”. Primero me llevó a una tienda y después a Miraflores. Así conocí Miraflores, porque yo no conocía. ¡Yo no pasaba del Rímac!
Por su talento y honestidad, la terminó poniendo a cargo de toda la cadena de tiendas. Pese a ello, su sueldo…
¡Era una miseria! Ganaba nada y trabajaba ¡todo el día! De 9 de la mañana a 10 de la noche.
¿Cómo entenderlo? Hay mucho empresario que hace eso: te da un título lindo, pero un sueldo miserable.
No valoran el trabajo. Son egoístas, solo piensan en tener más utilidades para ellos.
Hoy, usted es empresaria. ¿Cómo es como empleadora?
Yo valoro mucho a mi personal. Siempre estoy reconociendo su labor, tanto económicamente -hasta donde se pueda- como personalmente, ¡porque yo fui empleada! Yo hablo con ellos, les cuento de cuando era vendedora; porque yo tengo esta empresa porque me la gané, ¡me la gané trabajando!
Vendió polos, artesanías…
Beepers, radios… Hasta que tuve mi primer trabajo estable: en una AFP.
De ahí pasó a un banco, a Páginas Amarillas, hasta que hubo una reducción de personal y se acogió a ella.
Sí, fue un buen trabajo. ¡Aprendí muchísimo! Tuve muy buenos jefes, ¡conocí a tigres en ventas! Vendía avisos por teléfono… ¿Tú te imaginas lo difícil que es eso? Me tiraban el teléfono, pero ¡yo ahí!
Seguía viviendo en el Rímac.
Yo he vivido en el Rímac hasta casi los 30 años.
¿Sus papás qué decían? La chiquilla que empezó como remalladora era ya una ejecutiva de ventas.
Siempre han estado orgullosos de mí, y ahora lo están más. Siempre fui la hija que trabajó un montón, que los ayudó…
Y por buscar siempre lo mejor, terminó yéndose a Miami.
Me fui porque salí de una empresa grande, en la que ganaba muy bien, y justo fue cuando la situación acá no estaba muy bien: el 2000. Conseguí trabajo, pero no me sentía a gusto, sentía que había retrocedido. Buscaba algo mejor y no había, y unas amigas que tengo en EE.UU. me comenzaron a decir: “¡Tienes que venir!”.
¿Qué descubrió allá?
Que tenía que haberme quedado en mi país y seguir, y luchar… Algo que me marcó mucho cuando viví allá, es que siempre iba a las fiestas de peruanos, ¡porque añoraba el Perú! Conversaba con gente que tenía 15, 20 años allá, y todos decían: “Yo tengo que volver a Perú”. Yo les decía: “¿Y por qué no vuelves? ¡Si ya lo tienes todo!”. “No, todavía me falta algo más”. “No sé, si tanto añoras a tu país, a tu familia, a tus hijos… ve, ¡has algo en Perú!”. Nada. Me puse a pensar y dije: “No quiero cumplir 10 años y seguir añorando el Perú. Yo tengo que volver ¡ya!”.
Fue entonces que su hoy socio la llamó y le planteó que regrese para poner aquí un negocio.
Lo hizo cuando regresé por vacaciones. Esa era mi alternativa para volver.
Regresó a Miami pero igual invirtió. Su socio abrió aquí. No había pasado un año y les robaron todo.
Mis esperanzas se fueron al tacho. “Me tendré que quedar”, pensé. ¡Yo me resistía a quedarme en EE.UU.! Pero no tenía alternativa: regresar iba a ser empezar de nuevo, buscar trabajo ¡y mi familia dependía de mí!
No pasó mucho tiempo y él la volvió a llamar, le plateó poner una empresa de publicidad en baños. Aceptó. ¿Por qué se mandó de nuevo?
Porque era mi esperanza de salir adelante en mi país. Yo quería salir adelante aquí, no en EE.UU.
Regresó, pusieron la empresa y pasaron mil dificultades: les cortaban la luz, le tenía que pedir a su papá para sus pasajes, almorzaban latas de atún… ¿No había sido un error regresar?
En algún momento lo pensé, pero lo bueno que tenemos Carlos y yo como equipo, es que si uno se caía, ¡el otro lo animaba! Un día que no tenía ni para volver a mi casa, le dije: “¡No puedo más! Mi familia necesita que los ayude, ¿qué te parece si mejor me voy (a Miami) y mientras tú ordenas las cosas acá yo allá voy ganando un poco de dinero?”. “No -me dijo-, yo te necesito acá: somos un equipo, ¡tenemos que seguir adelante!”.
Hace seis años, además, esto de la publicidad en baños era algo más bien delirante.
¡A Carlos una vez un cliente lo botó de su empresa! Llamabas y te tiraban el teléfono. “¿Mi marca, en un baño? ¡Ni hablar!”.
Hoy son los líderes del mercado, han ampliado mucho más su oferta.
¡Hoy tenemos mil cosas! Hemos conceptualizado y ejecutado un montón de eventos, pero siempre estábamos detrás del telón; ya no: ahora hemos creado nuestra agencia de publicidad BTL.
Y recién tiene 40 años. O sea que valió la pena el esfuerzo.
Sí, ¡estoy muy contenta!
Dígame, ¿usted cree que solo valen la pena las historias de las personas que han salido de abajo?
No. Valen la pena las historias de todos los que han puesto mucho esfuerzo en lograr algo. No solo quienes hemos salido de abajo tenemos mérito.
FICHA
Nombre: Miryam Victoria Morillo Millones.
Colegio: María Parado de Bellido, en el Rímac.
Estudios: Administradora de IPAE. “Estudiaba tres meses, dejaba medio año y volvía a estudiar… ¡No sé en cuánto tiempo me tomó, pero terminé!”.
Edad: 40 años.
Cargo: Propietaria y gerenta comercial del Grupo Latino Media.
LATINO MEDIA
Agencia de publicidad en baños que con 2.000 soles Victoria y su socio abrieron el 2002. Hoy lideran el mercado. El 2007 facturaron medio millón de dólares.
GRUPO LATINO MEDIA
Conglomerado integrado por Latino Media Indoor, Pixman, Triside & Trade Media, Móvil Media, Pantallas Publicitarias y Cautiva BTL.
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