En esta larga espera para volver a escribir algo que valga la pena, siento que cada experiencia que he vivido y que sigo viviendo van enrriqueciendo mi existir, me hacen más consciente de mí mismo, de mis capacidades, de mis puntos débiles, de mis miserias, de mis virtudes; en resumen, de mi humanidad. No me refiero sólo a experiencias extraordinarias que cambien de pronto el rumbo de mi vida, sino que he comprobado que en lo cotidiano está la diferencia, entre el hoy y el ayer, entre hace un momento y ahora. No sé por qué siempre hago referencia a un spot publicitario -no hago propaganda para nada, por si acaso- pero concuerdo con la frase que acompaña a una conocida cerveza nacional: "La magia está en los detalles".
Uno de los momentos que más recuerdo a lo largo de este año son en los cuales estuve acompañado de las personas que más quiero y aprecio. Algunas de ellas las conosco desde que tengo memoria: a mis padres, a mis hermanos, a mis abuelos, incluso a mis primitos -que a veces son más responsables que yo-; a algunos otros los conosco desde este año pero los siento tan cerca a mí que no parece, ellos son: Aramis, Carolina y Eduardo (en español).
Dicen que cada año trae lo suyo y que ninguno es igual al anterior, pero definitivamente este año ha sido todo un proceso de cambios en mi vida, en distintos aspectos. Primero, cuando cursé un curso de teología en verano y lo aprobé con excelente calificación (18, por favor!) al mismo tiempo que trabajaba a tiempo completo, me sentí capaz de todo. Luego, cuando terminó el primer ciclo regular 2008-1 y, al igual que en verano, obtuve buenas calificaciones, me sentí agradecido. Fue en este ciclo que conocí a Aramis, por casualidad, cuando intentaba ganar unos puntos extras con una exposición para el curso de Biología. ¿Quién iba a pensar que se volvería uno de mis mejores amigos? Y ahora, en pleno 2008-2, me siento contento y a la vez preocupado: logré reconocer mis limitaciones -ya no podía seguir trabajando como full time y llevar bien mis cursos en la PUCP- al solicitar mi cambio de condición a part time en Atento, la empresa en que trabajo. Era una bomba de tiempo: no comía, no dormía, no vivía. Ahora al fin, luego de varios meses, he vuelto a vivir: ya puedo entrar a Messenger!!
Pero no estoy del todo safisfecho con mi gestión, puedo dar más de mí en mis cursos, puedo leer más, redactar mejor mi monografía, llegar temprano a clases, etc. ¿Qué está pasando conmigo ahora que tengo el tiempo suficiente? ¿Por qué no estoy dando lo mejor de mí? ¿Qué me falta ahora para seguir?
Es un caso importante, sin embargo no es crítico -no hay necesidad de tanta alarma-. Tengo que ponerme las pilas, y recordar lo que hace poco le escribí a un amigo en pleno momento de inspiración gmaileriana: "Recuerda que cada momento es un regalo de Dios, es una nueva oportunidad de reinventar nuestra historia, de renovarnos. Sé que eres agnóstico, no obstante pienso que, por tus virtudes -o mejor dicho, decisiones- estás más cerca de Dios (o como quieras llamarlo) que muchos 'cristianos'. Es mi opinión. Ahora, no creas todo lo que digo..." ¿Quién iba a pensar que eso lo dije yo? Pues, a pesar mío, es verdad; y por tanto debo asumir la coherencia de mis actos que esta frace implica. -_-'
He confirmado que el pasarme a medio tiempo en mi trabajo para priorizar mis cursos en la universidad ha sido la mejor desición que he tomado, y a tiempo; aunque mis ingresos económicos se han visto notablemente reducidos ahora. Definitivamente estoy mucho más tranquilo en este momento, pienso que me ha hecho bien. No debo desaprovechar esta nueva oportunidad, como de costumbre.
Me gustaría comentar algunos momentos que viví este año, de manera breve, y con un objetivo, llevar a la reflexión a quien lea esto, de cualquier manera.
Uno: Hace frío. Estoy en una cabina pública de internet escribiendo mi trabajo final para el ciclo de verano a las 4:00 a.m. viendo a mi mamá dormirse recostada en la cabina del costado, por acompañarme en esa madrugada anterior a la entrega del trabajo, cuando todo parecía perdido. Está tan cansado luego de trabajar de sol a sol, su salud no es la mejor, le duelen mucho los huesos en noches frías como esta, por su osteoporosis. No imagino lo descuidados que deben estar su cuerpo y alma por tanto sacrificio, o prefiero no imaginarlo. Sin embargo, siempre está alegre cuando me ve, siempre está allí cuando la necesito. ¿De dónde saca esa fuerza que no tengo yo? Gracias má por acompañarme en plena medianoche por las calles en busca de una cabina pública aquel día, sin ti, mi papá y tito no hubiera podido sacar ese 18. Esta calificación realmente es tuya, a pesar que tenga mi nombre.
Dos: No siento nada. Estoy en el auto de mi padre en camino hacia mi trabajo, estoy tarde. Generalmente voy solo luego de la universidad, pero hoy no quise despertar, me quedé en mi cama toda la mañana intentando que el día termine, sin fuerzas para levantarme e ir a clases. Mi padre me habla. Dice que debe comer más, que debo recuperarme de esta depresión, que no puedo seguir así, viviendo sin vivir. Al inicio no lo escucho, me molesta, pero luego menciona el incierto futuro que le espera, con la posible cirrosis que lleva consigo. Tiene razón, él nunca se queja; sólo avanza y avanza sin lamentarse. Me da fuerzas cuando yo ya tiré la toalla. ¿Cúal es el motivo por el que sigue luchando, a pesar de mi desesperanza? Gracias pá por tu incansable aliento, tu permanente lucha por lo que crees, por nosotros. Espero algún día corresponder a lo que tú nos das.
Tres: Es Sábado, estoy lavando mi ropa, como todos los fines de semana. De pronto escucho que alguien sube las escaleras, hacia donde yo estoy. Mi hermano está con mi mamá en el comedor conversando. Ya llegó, es Carolina, mi hermana. Ella estudia medicina, está en su último año: internado. Por eso desde hace medio año, desde diciembre último se fue a vivir a cañete, ya que allí es donde ejerce su carrera como interna en este último año de la misma. Allí está, abrazando a mi madre y a Tito. Hace tiempo no la veía, y cuando llamaba no quería hablarle: me prometí volverla a ver cuando fuera médico, cuando cumpla su sueño, por lo que tanto ha luchado y sufrido estos siete últimos años. Me abraza, la abrazo. No sé que hacer ahora, parece que ella tampoco, sólo quiere abrazarme. Luego la escucho llorar, ¿por qué? Sale una lágrima de mi ojo, no pude evitarlo. Siento que ha pasado tanto tiempo desde que se fue, que me olvidé de ella, pero ahora la recuerdo, la extraño, la lloro. Aquí está, junto a mí, y ahora se va de nuevo, a seguir su propia batalla -y yo la mía-. ¿Qué inspira esa valentía, Carolina? ¿Por qué o quién luchas? ¿Tienes un poco de tu coraje para mí? Gracias Carolina, por las largas noches de conversación en verano, recostados en tu cama, mirando al techo y soñando lo que ahora perseguimos. Guardo una sonrisa llorosa para tu regreso a casa, con nosotros de nuevo.
Hoy confirmo que siempre finalizo un post de la manera en que menos lo imaginé, y eso es lo hace al escribir interesante: es impredecible que es lo que tu alma puede reflejar frente a un teclado y una pantalla LCD. Quiero refutar una frase que oí no hace mucho: Si "somos lo que leemos", ¿escribimos sólo lo que imaginamos? No lo creo.
Publicado por: a20060911 Visto: 78 veces - Agregar a Favoritos PUCP

Total de Votos: 2 - Rating: 5.00









Comentarios
Añadir Comentario