Eugenio Coseriu
La diacronía se genera en la sincronía y
en el sistema sincrónico funcionan
muchos elementos que implican en sí la
conciencia de lo diacrónico.

(Amado Alonso)1


1.0. La relación propuesta en el título fue tradicionalmente vista como la confrontación de dos maneras opuestas e irreconocibles de referirse a los hechos del lenguaje. Por lo tanto, ¿podría haber algún aporte de la diacronía a los estudios sincrónicos y viceversa? Sostendremos que sí, y aunque podamos hacer la abstracción de cada una de ellas por separado, es ineludible reconocer los matices sincrónicos en la diacronía y viceversa. Sin embargo, antes es necesario aclarar las nociones metodológicas que entran en juego para estar informados de los aspectos en los que ambas dimensiones estrechan vínculos. Luego de este primer deslinde conceptual entre diacronía y sincronía no quedará más que demostrar que ambas dimensiones constituyen un marco de estudio e investigación complementarios y, por lo tanto, de mutuo aporte.
1.1. Una de las primeras consideraciones previas acerca de la diacronía sería reconocer el carácter histórico-evolutivo que envuelve. Si habláramos de una lingüística diacrónica diríamos que ésta estudia la evolución entendida como cambio lingüístico a través del tiempo. Es un concepto, una abstracción temporal y como tal, un recurso metodológico que busca simplificar, con miras hacia la inteligibilidad, el correlato “real” que le subyace: la variación. Cabe notar en este punto el aroma positivista pro-histórico que relega la descripción de los hechos particulares (o estados de lengua) y prioriza el supuesto carácter explicativo de la evolución sobre sus propias fases (es decir, los mismos estados de lengua). La diacronía es (o debería ser) la explicación de lo sucedido hasta el momento, pero no es el momento en sí.

1.2. Si nos fijamos en la cara opuesta de esta moneda, veremos que el estudio sincrónico versa sobre un estado de lengua y por lo general éste es entendido como un punto en la línea diacrónica-temporal ya sea en algún momento y lugar del pasado o, quizás, del presente2. La sincronía es la descripción de ese estado de lengua (un momento de la evolución de los hechos lingüísticos) actualizado por los hablantes quienes podrían vivir tranquilos sin saber cuáles fueron los estados anteriores que, a través del tiempo, han heredado; esto quiere decir, sin tener conciencia diacrónica de su sistema lingüístico. Por tanto, se podría pensar que una aproximación sincrónica se mantendrá al margen de cualquier consideración histórica acerca de la evolución de una lengua; es decir, que el principio del evolucionismo no es pertinente ni suficiente para explicar el estado actual de dicha lengua, sólo es una perspectiva.

2. En conclusión, se podría decir que nuestra historicidad lingüística se enmarca en la dimensión diacrónica y que el uso en un momento concreto de nuestra lengua se representa sincrónicamente. Sin embargo, esta distinción se basa en presupuestos metodológicos que no van al ritmo de la situación lingüística real ya sea actual o histórica. Hay que ser conscientes de que un estado sincrónico de lengua no es absolutamente estático. Asumir que las lenguas son estáticas sería una falacia (Wigdorsky, 2001: 228)3; tal vez allí estaría el error de “la senda sincronista abierta por Saussure” (López, 2006: 1038)4, a pesar de las buenas intenciones de nuestro lingüista. Un “estado de lengua” siempre estará en parte determinado por la carga histórica que le precede en el tiempo. Miremos a nuestro alrededor y preguntémonos cuán diferente hablan nuestros abuelos, nuestros padres y uno mismo. No necesitamos retroceder en el tiempo para apreciar que hay cambios lingüísticos y procesos diacrónicos que están de ida y otros de vuelta. Así, en un mismo estado (sincrónico) podemos ver reflejada la dimensión diacrónica.

Por otro lado, la diacronía en términos de evolución implica el desplazamiento de un estado hacia otro, es decir, existe un continuo de “sincronías”. Ésta sería una respuesta al porqué las lenguas no cambian totalmente (Coseriu, 1978: 69 y ss.)5. El estudio diacrónico no podrá desentenderse de la información sincrónica que la reproduce en distintas épocas y sitios. Pongamos de ejemplo el caso de las fricativas en el español y su posterior aspiración a través de los últimos siglos. Sin ninguna pretensión de abordar el tema en su totalidad, digamos que en una primera descripción sincrónica del español antiguo teníamos sonidos fricativos que en el transcurrir del tiempo se fueron aspirando hasta llegar al estado actual (sincrónico) en el que no han dejado aparente huella (por ejemplo, foja > hoja, formosa > hermosa). Podemos deducir que para que se haya dado tal cambio los momentos sincrónicos han tenido que ser dinámicos y no estáticos. Entonces, lo que distingue diacronía y sincronía depende de cómo los lingüistas (responsables de tal relación dialéctica) tomen el asunto: si es que hacen una descripción sincrónica de un momento en concreto estarán prestando menos atención al cambio y a la diversidad; de lo contrario, harán énfasis en tales puntos y dirán que el español de 1900 ya no es el mismo que el del 2008. Ambas dimensiones no son tan útiles como al ser tratadas como complementarias, ya que se integran en la explicación de un mismo hecho perfectamente.

1. Extraído a partir de “diacronía” en: REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Banco de datos (CORDE) [en línea]. Corpus diacrónico del español. [sábado, 27 de setiembre de 2008]

2. Muchas veces los lingüistas en este punto recurren al símil del “juego de ajedrez” de F. de Saussure u otros como el del “rollo de película” para ejemplificar el despliegue histórico de una lengua a través del tiempo y los estados sucesivos que han de componerla; sin embargo, en esta ocasión dejaremos de lado estos recursos, sin dejar de reconocer el apoyo didáctico que ofrecen, ya que tal vez no sean ejemplos muy bien logrados. En primer lugar, ambos símiles implican el fin de sus desarrollos: el jaque mate o el fin de la película, de la que además podemos saber cuánto tiempo durará. Por otro lado, nosotros podemos ser testigos de todo el desarrollo de la partida o de la película y, además, ser conscientes de los cambios ocurridos desde el inicio hasta el fin. Ambas situaciones de ninguna manera podrían darse con las lenguas.

3. Wigdorsky, Leopoldo (2001): “Norma y conciencia crítica”, en: Lexis XXV, 223-241.

4. López Serena, Araceli (2006): “Teoría lingüística y lingüística histórica en sincronía y diacronía. Aportaciones mutuas”, en: Luque Durán (ed.): Actas del V Congreso andaluz de lingüística general, II, Granada: Universidad, 1037-1051.

5. Coseriu, Eugenio (1978): “La racionalidad del cambio. Innovación y adopción. Las leyes fonéticas”, en: Sincronía, diacronía e historia, Madrid: Gredos, 68-110.