Uno de los primeros días de calor

“¡Qué calor! Bueno, al menos así no me tengo que preocupar por cargar la chaqueta en el brazo, si es que la hubiese traído”. “Así puedes tomar el mío” pensé mirando como tomaba el cuello de su polo y lo agitaba hacia delante y hacia atrás con rapidez, así como hacen los humanos cuando tienen calor con la idea equivocada de sentir un ligero aire momentáneo y así refrescar el ligero sudor inevitable. Me miró mirarla y sonrojó. Tal vez porque mis miradas hacia ella tienen una paciencia infinita, como si estuviera a punto de irme de su lado para siempre. “¿A qué hora por fin serán las seis de la tarde? ¡Vayamos a la sombra!”. Pellizcó mi brazo y me llevó a un lado del camino. Y yo la seguí. Yo la seguí.

Paciencia infinita...

No soporta el calor, igual que yo. Aunque no sé por qué no puedo expresar mis gustos o disgustos cuando estoy con ella. Ofrecí helado de vainilla, té helado, un trago. Nada. Solo aceptó que le abanicara el rostro y el cuello, ahí detrás del cabello. Sufría tanto como yo con el ligero pasar de ese sol agobiante. Me daba calor seguirla abrazando así, tuve que alejarme. Rogué que sean las seis de la tarde. Pero no lo hice. Por gusto. Siempre llegan las seis de la tarde. Eventualmente, siempre se hace de noche, todos los días. Y sigue haciendo calor, pero ya puedo abrazarla fuerte, muy fuerte.

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Comentarios

carolina! escribió:

xD
aprovechasS!
^^
naah .. como siemprE instrante!
domingo 16 noviembre 14:15

dtakaezu escribió:

Sí, esos días ya quedaron atrás...
lunes 17 noviembre 22:54

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