Desde la segunda Revolución Industrial, el mundo ha experimentado un numero importante de crisis económicas, algunas más devastadoras que otras. Entre ellas podemos mencionar a la crisis del petróleo en 1972-1973, que originó al nacimiento del fenómeno después conocido como “estanflación”; la crisis de la deuda externa en América Latina, en 1982, que hundió la actividad económica en la región; y la catastrófica Gran Depresión de 1929, que provocó en el mundo entero una recesion jamás vista. La crisis global que vivimos en la actualidad, difiere, en varios aspectos de forma, de todos los fenómenos mencionados; sin embargo, las consecuencias dejarán profundas huellas en el mundo económico tal como lo conocemos.

La crisis “subprime”, que empezó a sentirse a mediados del 2006 pero se gestó mucho antes, dejó de ser un problema menor que afectaba solo a algunos bancos estadounidenses, y se ha transformado en toda una complicación enorme para las economías mundiales, a tal punto que se ha llegado a cuestionar al modelo neoliberal (aplicado por casi todos los países del mundo) como el adecuado para evitar fluctuaciones económicas tan abruptas como la que estamos viviendo.

Entre las dificultades principales que ha traído la turbulencia financiera han sido dos: la escasez de liquidez en los mercados internacionales y una crisis de confianza generalizada en los agentes económicos. La primera dificultad ha generado que un numero importante de bancos quiebren, o en todo caso, opten por fusionarse o acogerse a los planes de salvataje que vienen poniendo en marcha los gobiernos; mientras que el segundo problema ha impulsado a que el manto de la incertidumbre invada las plazas bursátiles de todo el mundo, engendrando una mayor desconfianza dentro de la economía mundial, y generando que la misma funcione con menor racionalidad.

Entre los entidades financieras que han sufrido de manera más dolorosa los efectos de la actual crisis se encuentran los cinco bancos de inversión en los Estados Unidos: Bearn Stearns, Lehman Brothers, Merril Lynch, Goldman Sachs y Morgan Stanley. Los tres primeros declararon su bancarrota y fueron adquiridos por otros bancos; en tanto, los dos últimos están en una etapa de transición para convertirse en el futuro en bancos comerciales. Asimismo, el gigante asegurador AIG igualmente sucumbió ante el crack hipotecario, por lo que tuvo que aceptar la intervención estatal para poder seguir a flote y no afectar a sus clientes.

Precisamente la estatización viene siendo el arma principal de la administración Bush, y también de varios otros países industrializados, para combatir la turbulencia financiera. La masiva nacionalización parcial de la banca privada estadounidense forma parte de un plan que busca no solo apoderarse de activos devaluados sino además lograr hacer fluir el crédito en los mercados financieros. Entre los bancos más importantes que recibirán estas inyecciones de capital se encuentran los más grandes de EE.UU., Citigroup y Bank of America. En tanto, varias naciones que integran la Unión Europea también han tomado medidas similares. Reino Unido adquirió participaciones significativas en el Royal Bank of Scotland, HBOS y Lloyds. Islandia tomo posesión de los tres bancos más grandes de dicho país, mientras que Italia, Alemania, entre otros, evalúan poner en marcha disposiciones parecidas.

De otro lado, las perdidas en las bolsas internacionales han sido enormes, incluso registrándose caídas históricas en los principales indicadores bursátiles del mundo. A la fecha , el índice Dow Jones descendió 35.33%, el FTSE de Londres bajó 36.82%, mientras que Shanghai (-62.17%), Madrid (-36.07%), París (-39.78%), Sao Paolo (-42.35%), Buenos Aires (-44.89%) y Lima (-52.31%), entre otros, vienen siendo las plazas más afectadas por la crisis financiera.

El Perú no esta inmune a desequilibrios de este tipo, y bajo este entorno, es probable que la economía sufra algunos efectos. El primero de ellos, como mencionamos, se viene dando en la Bolsa de Valores de Lima, que retrocedió visiblemente en las últimos semanas, contagiada por las continuas pérdidas que viene acumulando Wall Street, lo que es acentuado por la inestabilidad en los precios de los commoditties. De otro lado, la segura recesion de EE.UU. repercutiría en un deterioro de nuestra balanza comercial, debido a que nuestras exportaciones ha dicho país se desacelerarían ante una menor demanda, lo que -sumado a la caída de las cotizaciones internacionales de las materias primas-, perjudicaría nuestros términos de intercambio. Asimismo, ante el temor de que la situación pueda empeorar, inversionistas extranjeros vienen liquidando sus activos locales, y refugiándose en sus países de origen, generando un aumento importante en la demanda de dólares, y presionando el precio de dicha divisa al alza, aunque es cierto que la misma ha sido atenuada por la oportuna intervención del BCR, quien viene utilizando varias herramientas de política monetaria (venta de dólares, operaciones repos, swaps), y proveyendo de liquidez ante cualquier eventualidad. De otro lado, cabe mencionar que la banca privada local no tiene ningún tipo de exposición a activos que contengan hipotecas “subprime” en su estructura, y que la adecuada y prudente regulación de la SBS asegura que las cuentas de las entidades bancarias se mantengan en niveles adecuados.

Ante los eventos ocurridos hasta el momento, podemos destacar algunas lecciones importantes que se debería tomar en cuenta para el futuro. En primer lugar, ha quedado demostrado que la desregulación total de los mercados financieros impide fomentar un ambiente de transparencia y crecimiento saludable, ya que fue la “avaricia exagerada” de Wall Street la que inició la burbuja inmobiliaria creando instrumentos e híbridos financieros “chatarra” sin ningún tipo de objeciones por parte de las clasificadoras de riesgo privadas. De la misma manera, se ha generado un consenso importante entre los economistas sobre la actuación del Estado ante crisis de este tipo en el sentido de que los gobiernos no deberían comprometer los recursos de los contribuyentes para “salvar” entidades que actuaron de manera irresponsable, es decir no se debería “socializar las perdidas”. Finalmente, ha quedado claro el papel significativo que juegan las expectativas y la confianza de los inversionistas en los centros financieras del mundo, ya que ante la presencia de escollos, nubarrones o complicaciones, los temores suelen aumentar fácilmente en dichos agentes hasta niveles dramáticos, contagiándose unos a otros, y quitándole racionalidad a las bolsas de valores.

Para terminar, dados los graves acontecimientos económicos ocurridos durante este año, no es ilógico pensar que es probable que se dé un cambio de paradigma dentro de la economía del país más poderoso del planeta, en el cual la regulación y el control (especialmente en la participación más activa de instituciones reguladoras) tomen un rol más importante, de tal manera que se pueda evitar otras crisis de este tipo en el futuro.