Pablo Picasso - Las señoritas de Avignon
Usualmente se atribuye a Carol Gilligan el haber iniciado las críticas a la orientación moral del modelo de Kohlberg, acusándolo de favorecer una visión positivista y masculina de la moral, en detrimento de una perspectiva femenina que incluya la "voz maternal" dentro del campo de la moral y la ética.

Sin embargo, no fue Gilligan la primera en levantar estas críticas. Ya en 1976, Holstein presentó los resultados de su estudio longitudinal, resultados que sugirieron un sesgo de género en las reglas con las cuales Kohlberg calificaba sus entrevistas. Aunque se ha planteado que los datos de Holstein no soportan esta conclusión, éstos fueron tomados como prueba de que las mujeres tienden a calificar en el estadio 3 del sistema de Kohlberg, mientras que los hombres generalmente puntúan en el estadio 4. Como explicación, Holstein argumentó que el énfasis que el estadio 3 hace en temas relacionales tales como amor, compasión y simpatía se vincula directamente con el rol sexual femenino de la mayoría de sociedades occidentales, mientras que las características del estadio 4 (independencia, agencia e instrumentalismo) son más cercanas a la masculinidad.

Basándose en este estudio, Carol Gilligan en su libro de 1982 (In a Different Voice, traducido al español como La moral y la teoría) planteó la distinción entre las perspectivas de justicia y de cuidado, argumentando que hombres y mujeres tienen diferentes orientaciones morales y que la teoría de Kohlberg subvalora la orientación moral femenina. Este libro ofreció una mirada a las relaciones de las mujeres, su comprensión de los conflictos morales reales (como la toma de decisiones respecto al aborto, en una situación real de embarazo) y la manera en que ellas los resuelven. Si bien no es la primera aproximación a esta temática, el libro de Gilligan tuvo un enorme impacto en mostrar la perspectiva femenina de la moralidad.


Resumamos las diferencias centrales entre el modelo de Kohlberg y la perspectiva del cuidado. Teóricamente, Kohlberg basa su aproximación psicológica a la moral en una particular tradición de la filosofía moral occidental, apoyándose principalmente en filósofos tales como Platón, Kant y Rawls. Su teoría asume la primacía de la cognición y define el acto moral como un acto que sigue a un proceso de razonamiento y juicio moral; este proceso de juicio y razonamiento está basado en el principio de justicia, el cuál se considera la mejor manera de resolver conflictos. Kohlberg, en The return of stage 6: its principle and moral point of view (1985) afirma que:

“justice views the other and human interaction through the lens of intending to adjudicate interest, that is, of intending to resolve conflicts of differing and incompatible claims among individuals” (Kohlberg, 1985, p. 6).

Desde la perspectiva de Kohlberg, un verdadero razonamiento moral involucra necesariamente aspectos tales como imparcialidad, universalizabilidad, reversibilidad y prescriptividad. Habermas (1990) sugiere que las premisas filosóficas de Kohlberg pueden categorizarse bajo tres encabezados: cognitivismo, universalismo, y formalismo. Cognitivismo significa que los juicios morales tienen contenido cognitivo, y que representan más que la expresión de emociones contingentes, preferencias, o decisiones del que habla o actúa. En este sentido, Habermas argumenta, cualquier teoría del desarrollo de la capacidad para juzgar moralmente debe presuponer la posibilidad de distinguir entre juicios morales correctos e incorrectos, y para hacer esto es necesario contar con principios morales que son cognitivos por naturaleza. Universalismo implica el rechazo a cualquier tipo de relativismo, y el apoyo a la idea de la validez universal de los juicios morales. Formalismo propone que el dominio de la validez moral debe situarse en las formas universales, fuera de contenidos y valores culturales particulares.

A diferencia del modelo de Kohlberg, la perspectiva del cuidado no se adscribe a un marco racional Kantiano. Mantiene más bien que no existen los principios morales en el sentido en que Kohlberg los asume, y entiende la moralidad básicamente como una disposición. Desde esta visión, no hay principios morales ni procesos racionales necesarios en la moralidad. La moral, por el contrario, se coloca predominantemente en el reino de las emociones y no en el dominio de la razón; se asume que la moral se origina en las relaciones y que está fundada y enraizada en los sentimientos.

El acto moral se define motivacionalmente como un acto que surge de la disposición a hacer algo en beneficio de una persona o grupo, o del deseo de comportarse de acuerdo a un estándar moral de bienestar humano (Hoffman, 1993). El razonamiento moral y el juicio moral pueden estar involucrados, pero no es necesario que así sea.

Nel Noddings, importante filósofa de la ética del cuidado, cree que la mayoría de las mujeres discuten los problemas morales en términos de situaciones particulares y no desde la perspectiva impersonal y universal que propone Kohlberg. Se plantea que la moral masculina, “la voz del padre”, debe complementarse con la voz maternal, ya que las personas somos fundamentalmente seres sociales que buscamos y necesitamos las relaciones con los demás. En ese sentido, las mujeres intentan resolver los dilemas morales por los que atraviesan tomando en cuenta sus particularidades, y enfocando el problema en términos de las relaciones humanas, el cuidado por los otros y el mantenimiento del vínculo entre las personas; lo más importante para ellas en la resolución de un dilema moral es preservar las relaciones entre las personas y evitar que alguien salga lastimado de la situación.

Nodding sugiere que la moral requiere de dos sentimientos, el sentimiento de cuidado natural, y un genuino sentimiento moral de cuidado, al que llama amor o memoria del amor. Noddings afirma que este segundo sentimiento surge de una evaluación de la relación de cuidado como mejor y más adecuada que cualquier otro tipo de relación; bajo esta visión, la ética del cuidado es fundamentalmente una relación, y requiere un sentimiento de cuidado natural a priori. Noddings cree que el deseo de ser cuidado (de estar dentro de una relación en la que somos objeto del cuidado por parte de otros) es universal.

Referencias

Gilligan, C. (1977). In a different voice: Women’s conception of the self and of morality. Harvard Educational Review, 47, 481-517.

Gilligan, C. (1982). In a Different Voice: Psychological Theory and Women’s Development. Cambridge: Harvard University Press.

Habermas, J. (1990). Moral Consciousness and Communicative Action. Cambridge: The MIT Press.

Holstein, C. (1976). Development of Moral Judgment: A Longitudinal Study of Males and Females. Child Development 47, 51-61.

Kohlberg. L. , Levine, C. & Hewer, A. (1983). Moral Stages: A Current Formulation and a Response to critics. In: Meacham, J. A. (ed.) Contributions to Human Development, Vol. 10. Basel: Karger.

Kohlberg. L. Boyd, D. & Levine, C. (1985). The Return of Stage 6: Its Principle and Moral Point of View. Ringberg Volume.

Noddings, N. (1984). Caring: a feminine approach to morality and moral education. Berkeley; University of California Press