El ingeniero Barnardo Badani leyó nuestro artículo que sobre la hacienda Higuereta publicamos en junio. Con mucha amabilidad, nos escribió y nos contó algunos de sus recuerdos porque vivió en aquella hacienda limeña entre finales de los 50 y comienzos de los 60. A continuación, reproducimos su texto:

Yo viví en la hacienda Higuereta entre, más o menos, 1954 y 1966. Mi viejo, el ingeniero agrónomo Augusto Badani Chávez, era el Superintendente de la Corporación Vitivinícola Pedro Venturo que incluía esa hacienda, una en Villa (parte se convirtió en el Country Club Villa) y unas bodegas en la sierra de cuyo nombre no me acuerdo para añejar los mejores vinos.

La casa hacienda era parte de un complejo de edificios rodeando a un jardín interior de la zona de empleados de confianza. En realidad, eran dos casas juntas pared con pared que, mirándola(s) de frente, mostraban a mano derecha (al lado de la entrada a los establos) la casa del dueño (el dueño en esos años era Rodolfo Venturo, alcalde de Surco e hijo de Pedro Venturo, y uno de sus propios hijos – nieto de Pedro – vivía allí) y a su lado izquierdo, y de igual diseño, la casa del Superintendente de la Corporación (donde vivíamos nosotros). Ambas casas tenían un amplio balcón cubierto y eran de dos pisos pero con solo el piso de arriba dedicado a usarse como habitación pues toda la parte de abajo era realmente parte del complejo de las bodegas aparte de una oficinita en el “primer piso” de mi casa. A la izquierda de la casa del Superintendente había un patio de carga y descarga de los camiones que venían a las bodegas que, como mencioné estaban totalmente integradas pared con pared con el resto de la casona doble del dueño y el administrador. En los flancos, de un solo piso, y también pared con pared, estaban las casas de los otros empleados de confianza (enólogo, contador y uno o dos más), una capilla y las oficinas y central telefónica.


No puedo confirmar si la construcción databa a la fundación de la hacienda o no, pero se consideraba muy antigua. Y me inclino a pensar que la capilla era tanto o más vieja, de muros muy gruesos si no me falla la memoria. Un detalle simpático: absolutamente todos los muros eran blancos y todas las puertas, ventanas, portones, etc., de color “azul venturo” (al menos así le decíamos en casa pues no había ninguna variación. Algo me parece recordar de que el dueño en algún momento compró un enorme volumen de pintura de ese color a precio de descuento y de allí se siguió usando solo ese azul contra los muros blancos – pero puede haber sido chiste de familia)


El complejo agroindustrial incluía viñedos, producción de pan llevar, bodegas, establos (llegó hasta cerca de las 300 vacas holstein), corrales para terneras, padrillos (el toro se llamaba “Churchill”), corrales de los caballos de paso, otros corrales separados para los animales del centro de engorde que iban luego al camal (también se sacrificaban cerdos en ese camal – se oían sus chillidos desde la casa), una granja avícola (pollos, pavos y huevos), estanque, estadio, rancherías, depósito de leña, herrería, taller de mecánica y carpintería, baños público, un cine teatro (con hasta mezanine para los empleados de confianza) y hasta una escuela primaria, si la memoria no me falla. Y, por supuesto, las grandes bodegas de vino y – separada – la de vinagre. Producían blancos (incluyendo un buen “Sauterne”), tintos, champagne hecho a la francesa (carbolización natural y girado a mano) y vermouth (concesión de la “Cinzano”).

Justo afuera del primer portón, pero aún en terrenos de la hacienda, había una tienda cooperativa ("la cooperativa") regentada por chinos (con su mini chifa) y un bar. Un caballo de los Venturo ganó el premio de caballos de paso en 1964; se llamaba Maranon. En el jardín del complejo de los empleados - frente a la casona - y en los bulevares había enormes árboles de Tipas. No sé si se conserven (vi una foto aérea de lo que creo es ese lugar por la dirección que usted dio y veo muchos árboles). Además, se habían preocupado de alegrar un poco la hacienda plantado muchas flores, (principalmente Canas), en el largo bulevar arbolado y empedrado que iba del primer portón - pasando por un par de rotondas - hasta llegar al complejo de los empleados y las bodegas (El primer portón, rotonda y tramo de ese bulevar desapareció al comenzarse la urbanización Chama por los mismo dueños que exigió extender la avenida que pasa frente al Von Humbold hasta Chama. Me acuerdo que había grandes letreros pintados en los muros blancos que advertían: “Las flores las admiramos pero no las tocamos".

Ing. Agrónomo Bernardo Badani, MSc.
Director de la Oficina de Seguimiento de Cumbres de las Américas
Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura
San José, Costa Rica

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El 23 de septiembre de 1956 un avión Camberra se estrelló en los terrenos de la hacienda Higuereta