28/09/08:
Aun no logro comprender como es posible que luego de bajar en un paradero, cinco o seis personas, una combi permanezca llena. Es que la necesidad de llegar a tiempo al trabajo, al instituto o a la universidad, de alguna manera nos obliga a entrar de la forma que sea dentro de una combi sin importar el riesgo que se pueda correr por permanecer parado en un estrecho pasadizo, con el espacio insuficiente para movernos adecuadamente.
No sé si es poco sutil llamarla combi milagrosa porque al igual que en la pesca milagrosa de la narración bíblica, los pasajeros suben y suben; bajan y bajan; pero esta jamás se queda vacía. Y es que, ante la desesperación de llegar a tiempo, olvidamos el significado de seguridad y cuidado de nuestra integridad. Si bien en las horas punta, aquellas donde la demanda de transporte es alta, no siempre tenemos a mano el medio de trasporte porque resultan deficientes, es preciso no olvidar quienes somos. Somos personas humanas que debemos ante todo cuidar de nosotros y evitar si podemos, accidentes que puedan desencadenar en tragedias irreversibles.
Así mismo, no podemos asumir por completo la responsabilidad, porque en todo caso la comparten las personas que brindan el servicio de transporte, ellos quienes por su lado no se oponen de ninguna manera a llevar dentro de sus vehículos el mayor número de personas y, es que ante la elevada demanda, aprovechan para obtener las máximas ganancias para solventar a su familia.
Así, algunos consideran que esa actitud es poco leal, ilegal e imprudente. Llevar tantos pasajeros como sea posible no soluciona el problema económico de los dueños de las combis, ni tampoco cubre las necesidades de los usuarios: llegan a tiempo, pero arriesgan sus vidas, y ese riesgo solo con un golpe de suerte se aminora; y sino suscitan accidentes que se publican a diario en los medios de comunicación, provocan dolor, lágrimas y pérdidas.
Si bien, corregir esta realidad no es posible hacerla de un día para otro, sí esta en la voluntad de cada uno, asumir la responsabilidad que le corresponde, modificando estilos de vida, como salir unos minutos antes y no con el tiempo apretado, evitar subir a una combi o bus que este demasiado lleno y, manifestar el desacuerdo cuando se este excediendo la capacidad del vehículo a voluntad del ayudante o conductor.
Evitemos que los accidentes aumenten en función de la imprudencia, sea nuestra o de quienes nos brindan el servicio de transporte público, aprendamos día a día a querer y cuidar de nuestra persona, a través del respeto personal y mutuo.
(Daniela)
No sé si es poco sutil llamarla combi milagrosa porque al igual que en la pesca milagrosa de la narración bíblica, los pasajeros suben y suben; bajan y bajan; pero esta jamás se queda vacía. Y es que, ante la desesperación de llegar a tiempo, olvidamos el significado de seguridad y cuidado de nuestra integridad. Si bien en las horas punta, aquellas donde la demanda de transporte es alta, no siempre tenemos a mano el medio de trasporte porque resultan deficientes, es preciso no olvidar quienes somos. Somos personas humanas que debemos ante todo cuidar de nosotros y evitar si podemos, accidentes que puedan desencadenar en tragedias irreversibles.
Así mismo, no podemos asumir por completo la responsabilidad, porque en todo caso la comparten las personas que brindan el servicio de transporte, ellos quienes por su lado no se oponen de ninguna manera a llevar dentro de sus vehículos el mayor número de personas y, es que ante la elevada demanda, aprovechan para obtener las máximas ganancias para solventar a su familia.
Así, algunos consideran que esa actitud es poco leal, ilegal e imprudente. Llevar tantos pasajeros como sea posible no soluciona el problema económico de los dueños de las combis, ni tampoco cubre las necesidades de los usuarios: llegan a tiempo, pero arriesgan sus vidas, y ese riesgo solo con un golpe de suerte se aminora; y sino suscitan accidentes que se publican a diario en los medios de comunicación, provocan dolor, lágrimas y pérdidas.
Si bien, corregir esta realidad no es posible hacerla de un día para otro, sí esta en la voluntad de cada uno, asumir la responsabilidad que le corresponde, modificando estilos de vida, como salir unos minutos antes y no con el tiempo apretado, evitar subir a una combi o bus que este demasiado lleno y, manifestar el desacuerdo cuando se este excediendo la capacidad del vehículo a voluntad del ayudante o conductor.
Evitemos que los accidentes aumenten en función de la imprudencia, sea nuestra o de quienes nos brindan el servicio de transporte público, aprendamos día a día a querer y cuidar de nuestra persona, a través del respeto personal y mutuo.
(Daniela)
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